Béisbol: Para garantizar futuro

La revista cubana BOHEMIA, pretende un acercamiento a cuánto cuesta a la familia la práctica del deporte nacional, y qué hacer en las edades más tempranas para que el béisbol siga contando con jugadores al máximo nivel

Por encima de lo que significa el béisbol para más de 11 millones de cubanos, estamos asistiendo a una realidad que ya provoca nefastos resultados: su práctica en la base se sostiene, fundamentalmente, gracias al aporte de los padres y al esmero y valor humano de los entrenadores.

Pretendemos aportar claridad en el análisis del tema, responsabilidad con la que nos sentimos más comprometidos luego de reconocer, en sus protagonistas, ejemplos claros de desprendimiento y amor por los hijos, y de apoyo a sus sueños tan cambiantes en las primeras edades.

DOS MAS DOS

Las matemáticas no engañan, en una familia representa un gasto mayúsculo tener un niño practicando béisbol. Y para nadie es secreto que en la actualidad el factor económico lastra la masividad béisbolera, que en su momento descubrió verdaderos ases en barrios urbanos, bateyes azucareros y otros humildes poblados.

Aunque comparar épocas no siempre es bueno, vale recordar a los que hoy tienen más de 30 años, los terrenos de béisbol, pelotas, bates, guantes y uniformes de que dispusieron en su niñez. Hoy muchos de los terrenos ya no existen o no poseen condiciones mínimas para su uso, y de los implementos, los principales desaparecieron del mercado.

Hasta tres provincias del país se movió nuestro equipo de trabajo para identificar esta tendencia y caracterizarla de acuerdo con las opiniones de entrenadores y padres, quienes juntos a los peloteritos enfrentan los avatares del trabajo en la base, imprescindible en la elevación del techo del pasatiempo nacional.

En la Ciudad Deportiva capitalina comenzaron en el mes de septiembre de 2015 las actividades con los niños de la categoría 9-10 hasta 11-12 años, unos 40 alumnos, que se dividen en subgrupos para las sesiones de práctica: una parte en la jaula de bateo y otra en la defensa, más una docena de padres y madres que esperaban guarecidos del sol bajo cualquier sombra.

Osvaldo Montalvo, entrenador del complejo deportivo Alfredo Sosa, del municipio de Cerro, con 20 años de experiencia en las edades infantiles, dijo sentirse privilegiado por contar con mejores condiciones que en otros lugares de La Habana, al tiempo que reconoce cómo se fueron perdiendo las facilidades para su labor.

“Hace 20 años teníamos apoyo de las autoridades del sector. En cada área contábamos con más de 20 guantes, pelotas, todas las condiciones. Entonces, la familia cumplía el papel de entregarnos al muchacho y nada más. Ahora es el sostén, tiene que encargarse de todo, y aquí nosotros recibimos a todos los niños, pero el béisbol necesita de los implementos, y son muchos los que tienen talento y se desmotivan, o se cambian para otro deporte”, refirió el preparador habanero.

El pinareño Dariel Hernández señaló que aceptan a todos los niños mientras tengan las potencialidades. “No importa que tengan implementos o no. También hay mucha solidaridad entre los atletas y se van prestando los guantes. Solo así se puede practicar. Nunca un niño con talento va a dejar de jugar porque sus padres no puedan conseguir sus implementos”.

Sin embargo, otros entrenadores coinciden en que ningún pequeño se siente cómodo si no tiene las condiciones mínimas. “Hemos perdido muchachos con potencialidades, a veces se agotan las variantes para retenerlos y a nadie le gusta que su hijo se sienta inferior”, expuso Montalvo.

Lo más importante –agregó– es que se crea una gran relación de amistad entre todos los padres y niños, y si alguien tiene la posibilidad de comprarse un guante nuevo, el antiguo pasa a otras manos. Lo mismo sucede con medias, guantillas y otros implementos. “Se nos han dado casos de familias con determinada situación económica, que no puede costear el uniforme, y se hace una ponina entre los demás para ayudarlos. Eso nos enorgullece, pero igual sabemos que a nadie le gusta pasar por algo así”.

Montalvo explica que a veces se reciben en los combinados cinco o seis pelotas, una mascota, tres o cuatro guantes, pero de mala calidad y no acordes al tamaño y el peso de estas categorías inferiores. Eso, además de que con una matrícula de 40 a 50 alumnos poco se puede hacer con tal asignación.

Pero para el pinareño Hernández está claro: “El deseo de trabajar existe y aunque no se tenga la cantidad adecuada de implementos uno trata de seguir porque no queremos troncharles las aspiraciones a los niños que ven como guía a determinado pelotero”.

Su coterráneo Leonel Medina defiende la idea de que el tesoro de la casa es el niño. “No podemos excluir a uno, aun cuando no reúna todas las características para ser un gran pelotero, porque estamos trabajando con muchachos que a largo plazo llevarán hacia su casa y a su comunidad los valores positivos que uno pueda enseñarles. No importa que lleguen a ser o no grandes béisbolistas, desde la base los estamos forjando como hombres”.

El propio Medina agregó que es bien difícil para un entrenador tener que decirle al muchacho, o a los padres, que deben buscar un pantalón, un par de zapatos y un pulóver para que pueda practicar. “Aún es más difícil ver cómo el niño se retira porque no puede costear sus implementos. Nosotros tratamos, por nuestros medios, de resolver algo, pero a veces son cinco o seis con las mismas carencias”, reseñó.

Con él coincide Lázaro Oscar Humanes, del complejo capitalino Ciudad Deportiva, quien refiere que, a pesar de que se abren las puertas a todos sin distinción, a ningún pequeño le gusta sentirse inferior. “Es doloroso ver cómo llegan muy motivados al área y a los pocos días cambian de deporte, incluso niños que tienen tremendo potencial para jugar al béisbol”.

El panel de entrenadores pinareños coincidió con la idea de que los familiares no se encargan solo de resolver los implementos, sino también apoyan en el mantenimiento de la instalación, en el transporte para los topes y competencias, y en las meriendas.

Para Jorge Luis Abreu, preparador de niños de 9 y 10 años en la más occidental de las provincias, la falta de recursos obliga a utilizar algunos sin condiciones idóneas para estas edades, y entonces se pueden afectar el físico y la técnica. “Bates que no tienen el peso requerido, pelotas de poli, guantes demasiado grandes, terrenos sin las condiciones adecuadas para el fildeo, pero con eso tenemos que seguir trabajando”, apuntó.

CON LA CARGA ENCIMA

BOHEMIA también conversó con muchos padres de niños que practican el pasatiempo nacional. En la Ciudad Deportiva, a la sombra de los árboles, conocimos los esfuerzos de Mariel Torres, quien confió que hace todo lo que está a su alcance para que su hijo Lariel entrene con los implementos necesarios.

“Me aprieto el cinturón para darle condiciones”, apuntó el residente en el barrio habanero de Los Pinos, quien añadió que en una ocasión dejaron olvidada la mochila en un taxi rumbo al entrenamiento, después de una inversión de 80 pesos convertibles.

En la central localidad de Placetas, Ernesto Mirabal confió que para que su hijo Javier practicara pelota la familia tenía que sacrificarse. “Tengo cuatro muchachos y a veces la economía no acompaña. Más cuando es lanzador, porque en el wind up arrastra el pie y rompe rápido los spikes. Pero hay que inventar, porque un niño tiene más motivación cuando cuenta con implementos adecuados, de calidad. Yo vi muchos con tremendo potencial irse porque los padres no podían costearles todos los gastos”, señaló el placeteño.

Agregó que los precios en las tiendas de divisas –que es donde venden casi todo lo necesario en relación con el deporte– no se corresponden con el salario del trabajador estatal. “Yo trabajo en la planta de tratamiento de agua de la Textilera y llevo 30 años trabajando para el Estado. No tengo la posibilidad de comprar nada de eso. A lo mejor para una persona que tenga otros ingresos o ayuda familiar del exterior no hay problema, pero para la gente como yo es imposible”.

De izquierda a derecha, un niño enseña sus "spikes", el pinareño Dariel Hernández dice que nunca un niño con talento va a dejar de jugar porque sus padres no puedan conseguir sus implementos y los entrenadores Osvaldo Montalvo (derecha) y Lázaro Humanes, coinciden en que a pesar de las carencias Cuba sigue dando jugadores de mucho potencial. (Foto por Anaray Lorenzo Collazo)

En cambio, para Jorge Luis Silva, padre de un niño de la categoría 11-12 en la Ciudad Deportiva, la realidad es bien distinta. “Mi hijo entrena porque sus abuelos paternos se encargan de suministrarle todo lo que necesita desde el exterior. Si no fuera así te aseguro que no estuviera aquí".

“Hace algún tiempo vendían en moneda nacional uniformes en 60 pesos y con esos resolvíamos, solo les poníamos las letras y ahorrábamos bastante. De pronto, desapareció esa propuesta, muy cercana al bolsillo de la familia”, añadió Silva.

Yoel León, narrador y comentarista deportivo en Placetas, expresó que se vive una situación muy contradictoria. “No comprendo que el Inder no tenga implementos deportivos y en un mercado no oficial se encuentren uniformes de muchos tipos. No entiendo cómo no pueden ofrecer algunos guantes, bates y pelotas y en el cuentapropismo, con mucho menos recursos, existen personas que los hacen y con calidad”, dijo Yoel, padre de dos adolescentes que se inclinaron por el béisbol.

Sucede también, argumenta León, que niños que lo tienen todo, incluso trajes del equipo Cuba a su medida, pero no poseen las mayores habilidades, son los que más cuentan a la hora de cualquier preselección.

Para el padre habanero Arnold Caraballo la situación no difiere mucho. “No veo que llegue el apoyo desde ningún lugar. Tenemos que buscarlo todo, desde el combustible y el transporte, hasta la merienda y la chapea del terreno. Igual ocurre con los trajes y otros implementos, si alguien no puede, los reunimos entre todos. Lo mejor es eso, que nos apoyamos y cada cual aporta según sus posibilidades. También nos encargamos del salario de un activista que trabaja con los niños todos los días junto al entrenador, pero no pertenece a la plantilla del Inder. Pero esto último es iniciativa nuestra. Ellos nunca nos han pedido nada. Tenemos un delegado de padres que es el enlace para agruparnos y buscar lo que haga falta”.

En Pinar del Río no cambia esa realidad. Ricardo Vento y Carlos Hernández reconocen que es difícil formar atletas de primer nivel con las mínimas condiciones con que trabajan. “Fíjate si el cubano nació para el deporte de las bolas y los strikes que aun así seguimos dando pelea internacionalmente en todas las categorías. Pero la idea no es agrupar 20 buenos jugadores de todo el país. La pelea se gana cuando sean 20 atletas de calidad en cada uno de los territorios, y cuando las competencias municipales y provinciales estén a la altura”, defendió Vento.

“He visto niños que entrenan descalzos. Existe interés de los muchachos, los entrenadores, los padres, pero hemos llegado al momento en que hace falta mucho más que eso para que el béisbol recupere lo que nunca debió perder, la tan necesaria masividad. De ahí salen los triunfos en cualquier nivel”.

Carlos Hernández apuntó que también hay que tener presente el gasto en alimentación, pues “un niño que se enfrenta a las cargas de los entrenamientos tiene que tener algún tipo de dieta”.

Pero, mientras los niños aquí nacen con el gen del pelotero, inherente a su condición de cubanos, la práctica organizada del pasatiempo nacional no satisface las exigencias que, por orgullo, nos quedan entre bolas y strikes.

Urge rescatar la etapa más importante del sistema del béisbol, porque los sueños de un niño merecen cualquier sacrificio, no solo de los padres. Estamos obligados a responder a ese llamado que desde hace tiempo se escucha desde el corazón del deporte pasión de la mayoría de los nacidos en este archipiélago.

HACER MAS SE IMPONE

El papel de la Dirección Nacional de Béisbol (DNB) y de la Industria Deportiva es vital para recuperar algunos renglones productivos y posibilitar mayor acceso de la familia a los medios

En el camino de dilucidar obstáculos para el acercamiento de los niños cubanos al ejercicio del deporte nacional, buscamos la opinión de dos instituciones fundamentales.

“En algunos lugares las categorías inferiores se sustentan en la familia por los motivos económicos que todos conocemos para adquirir los implementos, pero no es la mayoría de los casos. Lo primero que tiene que existir es el talento y las ansias para jugar al béisbol”, refirió Heriberto Suárez, titular de la Dirección Nacional de Béisbol, quien además argumentó que en los municipios del interior del país la precariedad en cuanto a recursos es mayor y no dejan de surgir buenos atletas.

El Director Nacional de Béisbol reconoce que hay que recuperar condiciones para la formación del talento. (Foto por www.cubatesoro.com)

Para el directivo, el béisbol en la base no tiene el aseguramiento logístico necesario para cubrir toda la demanda, por lo popular que es esta modalidad en Cuba. “El Inder aporta lo que puede dentro de su presupuesto, pero esta especialidad es muy cara y aún el apoyo de la familia es imprescindible. Trabajamos en este momento para mejorar esta cuestión, pero requiere de recursos, por lo que no puede ser de un día para otro. Lo más importante es que tanto la familia como la Comisión tienen el objetivo común de mantener el béisbol como pasión nacional”, agregó.

En el diálogo quedó claro que la DNB no posee personalidad jurídica para contratar servicios o hacer compras. “Existe en el Inder una empresa destinada a estos trámites. Hay que mencionar que en la estrategia del organismo está impulsar los proyectos de colaboración con otras entidades del Estado y con particulares. Conocemos de algunos territorios donde se elaboran guantes y otros recursos, y son vendidos a la población a precios más asequibles. Nuestro propósito es que estos medios sean cada vez más masivos”, apuntó.

Para la DNB, los caminos hacia la calidad de la práctica del béisbol en las edades tempranas pasan por “exigir que se cumplan los horarios y los planes de entrenamiento; seguir con acciones destinadas a la preparación de los entrenadores y a que estos sean ejemplos; entender que la clave es enseñar y educar a través de nuestro deporte; y poner atención a un asunto primordial: el cuidado, la recuperación y la construcción de instalaciones”.

CAMBIAR EL RUMBO

A cumplir con la idea expresada en este subtítulo está llamada la Empresa Productora y Comercializadora de Artículos Deportivos, conocida como Industria Deportiva, cuyo objeto social incluye el suministro de insumos e implementos necesarios para la práctica, fundamentalmente en la base.

Luego de intentos reiterados, no pudimos entrevistar a directivos de esa institución. A pesar de este desencuentro, nos hicimos eco de declaraciones anteriores ofrecidas a la prensa por directivos de la entidad, así como también nuestra visión del papel que debe jugar en el tema en cuestión.

El período especial golpeó fuerte a este tipo de producciones y el arraigo que tenía la marca Batos en materia de artículos deportivos se afectó de tal manera que prácticamente quedó en cero, con alguna presencia solo en vestuario y otros accesorios. De ahí que la empresa en la actualidad no vive un buen momento.

La crisis redujo la producción de artículos de 527 a 86, la mayoría en el área de textiles, lo que se sumó al desuso de toda la maquinaria por falta de renovación y de carga.

Igualmente, no se avanza en el aprovechamiento de los Mercados Artesanales Industriales, y los precios de venta de los artículos no se corresponden con la calidad, disponibilidad y demanda de los productos.

Aunque en muchas ocasiones el Ministerio de Comercio Interior se encarga de la comercialización de implementos, la diferencia entre el costo y el precio de venta minorista, no se relacionan con el salario promedio del país.

La Industria Deportiva necesita reinventarse y adecuarse a los tiempos que corren. Según dijeron a la prensa funcionarios de la entidad, se trabaja en conseguir financiamiento y en ampliar las opciones de mercado, así como en lograr alianzas con el sector no estatal para recibir de este producciones de calidad, o viabilizarles el suministro de materia prima para que aumenten sus propuestas.

Creemos que, si bien la familia tiene que tener un peso importante en conseguir lo mínimo indispensable para la práctica temprana del béisbol, la Industria Deportiva tiene el deber de garantizar una cantidad de recursos, con precios asequibles para el cubano medio, que permita soñar a esos niños empeñados en practicar béisbol para dar el jonrón decisivo para Cuba en un campeonato internacional.

EN LA LISTA DE ESPERA

El placeteño Osvany García González fabrica desde hace ocho años artículos deportivos entre los que sobresalen calzado, guantes y mascotas para la práctica del béisbol en edades tempranas

No es nuevo en nuestras páginas. El 18 de mayo de 2012 BOHEMIA publicó la historia de Osvany García González y su relación con la fabricación de implementos deportivos por cuenta propia.

A la izquierda, Osvany trabaja en el ensamblaje de una mascota. A la derecha calzado de béisbol que fabrica el placeteño. (Foto por Emilio L. Herrera Villa)

En aquel entonces nos confió su disposición de trabajar en conjunto con las autoridades deportivas para facilitar medios al entrenamiento de los más pequeños.

Tres años después, el residente en la localidad de Placetas, Villa Clara, no ha recibido ninguna intención, lo que imposibilita diversificar su propuesta, que puede ser una alternativa importante a la falta de recursos para el trabajo en la base.

Osvany, cuya marca es ERUN, comenzó en el giro a partir de las mismas demandas del mercado cubano, fundamentalmente cuando su hijo Cristian empezó a practicar pelota. “Le hice sus primeros zapatos y así comencé a desarrollar un proyecto de artículos de deporte. Emprendí una línea que incluía guantes, calzado, pelotas engomadas para los entrenamientos".

“Mostré mis productos en una exposición provincial en Santa Clara, donde alcancé el primer premio. Vino toda la gente de la Industria Deportiva y se quedaron locos con todas las cosas que les enseñé. A partir de ahí empecé a hablar con los encargados a nivel nacional y me dijeron muchas veces que sí, pero hasta hoy nada”, recordó.

Agregó que después de esperar infructuosamente a los funcionarios, se dedicó a vender sus artículos donde puede, por gestión personal, principalmente en las provincias del centro. “En estos momentos estoy trabajando para el público de la calle. Tengo las condiciones para producir a escala nacional, pero si no me llaman será porque no les interesa”, conjeturó.

Además, el artesano se refiere a su condición de padre de un peloterito, que ahora se desempeña como jugador de cuadro en la sub 15. “Los implementos son difíciles de conseguir. Los pocos que hay están a precios exorbitantes, que la familia cubana no puede pagar”, resaltó García González, quien facilitó una lista de precios de los artículos deportivos que comercializa, la mejor muestra de cuánto se pueden utilizar sus económicas variantes a mayor escala.

Son muchos los campeones del futuro que esperan por esa posibilidad.