La Liga Cubana (Después de 1962)

El popular deporte del béisbol mantuvo e incluso fortaleció su acogida en la nación insular de Cuba luego de la revolución socialista de 1959. De hecho, el deporte nacional realmente se expandió en popularidad y se elevó en cuanto al nivel de talento durante varias décadas inmediatamente luego de la llegada al poder de Fidel Castro a mediados del siglo. Una vez que la liga profesional invernal de cuatro equipos, afiliada relajadamente con las ligas mayores del béisbol norteamericano fue cancelada luego de la temporada de 1961, la puerta se abrió para establecer un circuito béisbol que realmente abarcaría toda la isla y que mostraría talento local en lugar de importados profesionales extranjeros. Y esta nueva versión de la Liga Cubana de béisbol iniciaría también un dominio de cinco décadas sobre las competencias internacionales que ahora se erige como la pieza central del casi siglo y medio de historia del béisbol de la isla. Con su novedosa modalidad de béisbol “amateur” post-revolucionario, Cuba también desarrollaría durante la segunda mitad del siglo XX un genuino “universo alternativo” a los más promocionados circuitos profesionales representados por las ligas rentadas norteamericana y japonesa.

El aislamiento político entre Cuba y Estados Unidos después de 1962 no solo terminó el anterior moderado flujo de peloteros cubanos hacia los equipos de ligas mayores y ligas menores norteamericanas sino que también lanzaría un aura de misterio sobre las circunstancias del béisbol en la isla. Los fans norteamericanos han conocido muy poco durante las últimas cinco décadas sobre los hechos del béisbol cubano. Las estrella de la liga en la isla han por tanto jugado en la misma oscuridad virtual que lo hicieron los jugadores de las Ligas Negras Norteamericanas durante la primera mitad del siglo XX. Un obvio resultado de este aislamiento de los grandes medios deportivos norteamericanos es la desafortunada persistencia de vario mitos esparcidos respecto a la era del béisbol post-revolucionario en Cuba. Primeramente y más dañina es la noción de que el nivel del béisbol cubano disminuyó una vez que la liga invernal profesional fue sustituid por una nueva forma de competencia “amateur” en el diamante. Una noción relacionada e igualmente falsa es la que sugiere que por vez primera un nivel de juego amateur e inferior reemplazó competencias profesionales superiores como el centro de atención del deporte nacional cubano. 

Cualquiera que mantenga esta última visión pasa por alto un hecho histórico que las ligas amateurs esparcidas por toda la isla antes de 1950 atraían más interés y producían más talento nativo que lo que lo hizo el circuito profesional que se jugaba en La Habana antes de la era de Castro. La liga invernal cubana de esa época anterior atraía a la mayoría de sus jugadores estelares de las filas de importados de las Ligas Negras Norteamericanas, lograban tener muy poco seguimiento de los fans fuera de la ciudad capital, y produjeron solamente un pequeño puñado de ligamayoristas con características de verdaderos estelares —dígase Adolfo Luque (1920s), Orestes Miñoso (1950s), y Camilo Pascual (1960s). Es también indiscutible que media docena o más de los peloteros de la Liga Cubana que abandonaron la isla a finales de los ‘90 y principios del siglo XXI en busca de carreras en las grandes ligas norteamericanas han desbancado los logros del pequeño cuadro de ligamayoristas pre-revolución. Dentro de la nueva generación de peloteros de liga cubana superiores, originalmente entrenados en el circuito cubano post-1962, se encuentran los toleteros Kendrys Morales, José Abreu, Yasiel Puig, y Yoenis Céspedes; los llamativos jugadores de cuadro Alexei Ramírez, Yunel Escobar y Adeiny Hechavarría; los lanzadores de primera línea Orlando “El Duque” Hernández, José Contreras, Liván Hernández, y el fenómeno tirador de rectas Aroldis Chapman. Chapman (quien recibió un sorprendente contrato de 30 millones de dólares de los Cincinnati Reds en 2010) lanzaría un duro reclutamiento de estrellas cubanas nativas (algunos sacados de la isla en operaciones encubiertas de tráfico humano) que en la segunda década del nuevo milenio produjo contratos millonarios para los Céspedes, Puig, Abreu, el jardinero Yasmani Tómas, Rusney Castillo, y el valorado prospecto en las ligas menores de los Boston Red Sox Yoan Moncada. 

La Liga Cuba actual —conocida como la Serie Nacional Cubana— inició su histórica temporada 50 con el primer lanzamiento efectuado en noviembre de 2010. Esta competencia anual de Serie Nacional lentamente evolucionó a través de distintas manifestaciones por sus más de cinco décadas y ha sufrido últimamente drásticas alteraciones en los últimos seis inviernos. Aunque los equipos de la liga basados en su geografía siempre han representado a provincias o grupos de provincias, los clubes de esta liga muchas veces han cambiado de nombre de un año a otro, y solamente en temporadas recientes han sido etiquetados para la fanaticada de una provincia, agregando el apodo del equipo (ejemplos: Elefantes de Cienfuegos, Naranjas de Villa Clara y Tinajones de Camagüey). La estructura reciente de la liga involucró 14 equipos provinciales dos equipos agregados (los Leones Azules de Industriales y los Guerreros Metropolitanos) representando a la ciudad capital de La Habana.  Ha habido también varias manifestaciones de una segunda (muchas veces más corta) temporada de Liga Cubana. Una Serie Selectiva (usualmente con los 14 clubes provinciales combinados en ocho escuadras todos estrellas regionales) operaba a finales de primavera y en el verano entre 1975 y 1995. Y una aún más corta Súper Liga de cuatro o cinco equipos se escenificó en junio durante cuatro años a principios del nuevo milenio (2002-2005). Antes de la idea de la adicional Serie Selectiva, se celebró una “Serie de los Diez Millones” a principios del verano de 1970, con seis equipos involucrados en un maratón de 89 partidos. El nombre para el evento de tres meses provino de la meta proclamada por el Presidente Castro de llegar a 10 millones de toneladas ese año en la cosecha azucarera, y la serie por tanto promovía un entretenimiento especial para los que trabajaban en los campos de caña.

Las Series Selectivas se jugaron desde mediados de los ‘70 a mediados de los ‘90, y nunca fueron considerados un verdadero campeonato de liga por la mayoría de los fanáticos de la isla. Sin embargo, sí contribuyó en momentos culminantes para la historia de la Liga Cubana y en muchas ocasiones brindó la etapa más grande de la acción doméstica de la isla. Durante sus primeras nueve campañas las Serie Selectiva fue en realidad más larga que la Nacional: primero54 juegos comparado con 38 (1975-77) y luego 60 partidos contra 51 (197-83). Durante la última docena de ediciones la Serie Selectiva cayó a 43 juegos por equipo (1984-85), aumentó a 60 juegos (1985-92), luego se redujo nuevamente a 45 (1993-95). Fue durante esta competencia en 1980 que Cuba celebró a su primer bateador de .400 (Héctor Olivera, Las Villa, .459 —padre del futuro “desertor” y ligamayorista del mismo nombre); Omar Linares no llegó a esa cifra en la Serie Nacional hasta cinco años después. Fue también en la Serie Selectiva que Oreses Kindelán produjo la primera campaña de 30 jonrones o más (30 en apenas 63 juegos), mientras que Alexei Bell no llegó a esa misma marca en la Serie Nacional hasta 2008 (31 en 90 juegos). La Serie Selectiva también vio siete de los 51 inusuales juegos sin hits ni carreras en Cuba.

Habana 1979

La media docena de “segundas” temporadas más cortas, jugadas durante las pasadas décadas —luego de que fuese eliminada la tradición de la Serie Selectiva— resultó ser menos exitosa y por tanto menos sostenible. Dos campañas de Copa Revolución en los años ’90 (ambas ganadas por Santiago de Cuba bajo las órdenes d Higinio Vélez) fueron memorables por un puñado de marcas individuales y muy poco de otra cosa. Ambos eventos de 30 juegos produjeron bateadores de más de .450 (Yobal Dueñas en 1996 y Javier Méndez en 1997) y el santiaguero Ormari Romero logró 14 victorias sin derrotas en ese mismo lapso. El experimento de la Súper Liga de cuatro años fue un fracaso aún mayor, aunque sí vio un cero-hit-cero-carreras en play off lanzado por Máels Rodríguez, de Centrales. La idea de tener equipos provinciales combinados en una menor cantidad de escuadras regionales generó muy poca atracción entre los fans de la isla. Los juegos de Súper Liga también cayeron durante la parte más cálida (y húmeda) del año, y la mayoría de los juegos escenificados en el mes de junio se jugaron a estadios vacíos y decepcionantemente poca audiencia televisiva.

El fracaso de esas experimentales temporadas extras en lograr entusiasmo de los fans tiene su explicación en un rasgo único del béisbol de la liga, que es también la fortaleza básica de la estructura de la Liga Cubana. Como los equipos de la liga son propiedad del gobierno supervisados por un ministerio nacional de deportes (INDER: Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación) —y no negocios corporativos que funcionan para dar ganancias— no hay canjes ni transferencias de jugadores de la Liga Cubana, y los atletas juegan para equipos que representan a sus provincias natales.  Como todos los deportistas cubanos, los peloteros ascienden por las filas de las academias regionales de deportes, jugando para sus localidades en varios grupos de edad, y eventualmente llegando a la Liga de Desarrollo (las menores en Cuba)  y a los equipos de la Serie Nacional. Salvo raras excepciones, una estrella de la Liga Cubana pasa toda su carrera como jugador con un solo club de béisbol local. El lado positivo de este sistema único es la lealtad asentada entre fans y jugadores, junto con el rabioso fanatismo vinculado con clubes locales que representan en verdad una localidad geográfica fija. (Un equivalente de las grandes ligas sería un club de Boston Red Sox que empleara solamente jugadores criados y entrenados en la región de Nueva Inglaterra). La parte negativa, por supuesto, es que la Liga Cubana —como las mayores en la era antes de la agencia libre— no está bien balanceada excepcionalmente. Las provincias más grandes tienen mejores fuentes de talento y por tanto mejores equipos; los equipos de La Habana (Industriales) y Santiago (junto con incursiones de Pinar del Río y Villa Clara) han dominado los campeonatos a través de la historia de la liga.

Debido a que la lealtad de los fans locales y el apego a las estrellas locales, las temporadas cortas con menos equipos no han podido lograr apoyo, aunque solo porque los equipos que están jugando no son los usuales favoritos de los fans. Ver a los héroes locales vestidos con uniformes de colores extraños y compitiendo por equipos de nombres extraños tiene poco atractivo para los entusiastas ligados por derecho de nacimiento y lugar de residencia a Industriales, Pinar del Río o Sancti Spíritus. ¿Qué pensarían los fans de los Boston Red Sox de una temporada de dos o tres meses que muestre a jugadores de los Sox uniendo fuerzas con estrellas de los Yankees, Mets y Phillies en un equipo llamado Eastern Seaboard (Zona Costera Este) Lions? El fanatismo basado en largas tradiciones —y en Cuba también en el concepto de estrellas de la localidad— desaparece en una liga que consiste en varios meses de lo que se perciben generalmente como juegos de exhibición de estrellas.

Las Series Nacionales se inauguraron a mediados de enero de 1962, e incluyeron solamente un puñado de equipos en sus primeras campañas. Los jugadores eran llevados a todas las áreas de la isla, pero los clubes iniciales conocidos como Occidentales, Azucareros, Orientales y Habana jugaron el grueso del calendario de 27 juegos de su primera campaña en el espacioso Estadio del Cerro en La Habana (sede del circuito rentado invernal en los años ‘50 y rebautizado Estadio Latinoamericano en 1971, aún en uso hoy). El concepto inicialmente promulgado por el gobierno de Castro era reemplazar el béisbol comercial con el dedicado juego amateur, diseñado para promover la salud pública en lugar de las ganancias financieras (tanto para atletas como para los dueños de franquicias) y por tanto más a tono con un espíritu socialista de gobierno en el corazón de un remozado sistema de la sociedad. En las temporadas iniciales, los jugadores eran verdaderos amateurs, y el bajo nivel de principios de la liga reflejaba este hecho. Las nuevas temporadas eran cortas, y jugar béisbol no era aún la ocupación a tiempo completo de los atletas de la liga, quienes también mantenían otras ocupaciones profesionales en la entonces recientemente acuñada sociedad socialista.

La histórica temporada inicial, escenificada en la primavera de 1962, duró poco más de un mes y siguió por menos de nueve meses a la invasión clandestina apoyada por Estados Unidos a Bahía de Cochinos. Un futuro estadio de la liga en la ciudad de Matanzas (el Estadio Victoria de Girón) eventualmente llevaría el nombre de la invasión d e1961 que solidificó el gobierno revolucionario de Fidel Castro. Un par de juegos de apertura de la liga se celebraron en el Estadio del Cerro ante 25,000 aficionados el domingo 14 de enero de 1962. El presidente Castro dio un largo discurso y se paró en el plato en su usual atuendo militar para conectar un montado “primer hit” ceremonial contra el abridor de Azucareros Jorge Santín. Cuando los verdaderos peloteros salieron al terreno, Azucareros blanqueó a Orientales 6-0 con pitcheo de tres hits de Santín. En un juego nocturno de 11 entradas, Occidentales venció 3-1 a Habana con 17 ponches del as Manuel Herández.  Una foto ampliamente reimpresa del Presidente Castro disparando el primer hit ante un lanzamiento del lanzador de Azucareros Modesto Verdura (no Santín) tuvo lugar realmente en el mismo estadio en el Día de Apertura de la II Serie Nacional más tarde en ese mismo año calendario.

Cuatro clubes participaron en la temporada inicial de un mes, uno de ellos dirigido por el ex bigleaguer Fermín Guerra (Occidentales) y un segundo (Azucareros) dirigido por el ex director de los Cuban Sugar Kings de las ligas menores, Tony Castaño. Occidentales, bajo el mando de Guerra, se llevó el primer título de la corta temporada con el único registro ganador del circuito, y el bateador de Occidentales Erwin Walters fue el primer campeón de bateo. El popular equipo habanero de Industriales se organizó para la segunda temporada, que fue la primera en comenzar en el mes de diciembre y por tanto la primera en traspasar de un año calendario al otro. Industriales —el más antiguo y exitoso equipo de la liga— lanzaría inmediatamente su orgullosa tradición al llevarse cuatro títulos seguidos en sus primero cuatro años de juego en la liga.

Los primeros éxitos del equipo nacional cubano durante la primera década de la administración de Fidel Castro pronto re-direccionarían la estructura y filosofía de la liga hacia el desarrollo de fuertes escuadras nacionales que utilizarían el béisbol como una especie de herramienta de política exterior gubernamental. Una serie de ocho títulos en las Series Mundiales Amateurs en los años ‘70 demostró que las escuadras cubanas de béisbol lograrían grandes victorias propagandísticas al vencer a los norteamericanos (y también a los asiáticos y los rivales vecinos del Caribe) en su propio juego. El béisbol era, después de todo, también por mucho tiempo la pasión deportiva nacional de los cubanos y por tanto igualmente un pasatiempo nacional compartido con los rivales norteamericanos.  Como resultado del nuevo énfasis en victorias extranjeras en eventos al estilo olímpico, las academias deportivas del gobierno muy pronto florecieron por toda la isla, y los atletas cubanos graduados de esas instituciones se convirtieron en practicantes por tiempo completo de sus actividades deportivas asignadas. Así, los atletas tenían apoyo financiero —aunque a un nivel modesto según los estándares norteamericanos— y se convirtieron en “profesionales” al menos en dos sentidos diferentes de la palabra. A los peloteros cubanos se les paga ahora por su desempeño, y por consiguiente dedican todo su esfuerzo y atención a su profesión asignada de jugar béisbol. 

Durante el curso de su década de apertura, la Serie Nacional se expandió primero a seis equipos (1966) y eventualmente a una cifra de doce clubes (1968). El número de juegos para cada equipo también se elevó a 65 para mediados de la década (1966) y hasta 99 (1968). La liga llegó a su máximo progreso cuando todas las provincias se vieron representadas para mediados de los ‘70 y una vez que los play off de postemporada se introdujeron para la campaña de 1985-86 como un medio lleno de presión para determinar un eventual campeón de la liga. A medida que la cambiante liga evolucionó en tamaño, también cambió regularmente de forma, con una división en dos grupos o “zonas” después de 1988, y luego cuatro grupos después de 1993.a estructura de dos divisiones —con una Liga Occidental y una Liga Orintal— fue adoptada nuevamente en la reciente temporada de 2007-2008, y el calendario de 90 juegos ha sido el estándar de la liga desde la Serie Nacional #37 (1997-98). Pero con la decisión en 2012 de dividir la temporada en dos segmentos de 45 juegos la liga revirtió a una sola operación de 16 equipos con solamente ocho clasificando para la segunda ronda del campeonato. La estructura de las divisiones fue abandonada luego de la Serie Nacional #51 (2011-2012).

Los play off de postemporada de Cuba han ahora visto más de un cuarto siglo de historia propia y en muchos aspectos reflejan a sus homólogos en las grandes ligas. Hasta la reciente transformación de temporada dividida, durante más de una década, la postemporada presentaba cuartos de final (cinco juegos), semifinal (al mejor de siete) y serie final (también a siete juegos). Pero iniciando la primavera de 2013, el nuevo formato eliminó una ronda de postemporada, pues solamente cuatro de los de la segunda ronda clasificaban a los play off. La única gran diferencia con las grandes ligas en cuanto a la actuación de postemporada se deriva de la práctica en el circuito cubano de contar los récords estadísticos individuales de los jugadores como parte de sus carreras acumulativas. Los títulos individuales de bateo y pitcheo se determinan antes de que comience la postemporada, pero el récord de 487 jonrones de Orestes Kindelán y el promedio de bateo de .368 de Omar Linares sí incluyen los números de play off. Las recientes campañas han brindado emocionantes rondas finales de siete juegos que han atrapado las audiencias radiales y televisivas de la nación a principios de primavera. Al igual que el campeonato de grandes ligas enfrenta a los rivales de la Liga Americana y la Nacional, las finales en Cuba tradicionalmente incluyen a los principales clubes que quedan representando la zona oriental y la occidental de la isla. (Esto también desapareció una vez que la estructura de una sola liga surgió en 2012). Los favoritos entre los fans de la isla, los habaneros Industriales, se enfrentaron en la conclusión decisiva con uno de sus dos fuertes rivales del sector oriental —sea Santiago o Villa Clara— en cinco ocasiones distintas durante la primera década del nuevo milenio.

Artemisa

La nueva estructura de la Serie Nacional a principios de los ‘60 no solo diseminó las ligas organizadas de beisbol por toda la isla por vez primera, sino que también extendió y expandió una tradición de ligas populares “amateur” que habían sido el centro del béisbol de la nación desde sus orígenes a finales del siglo XIX y principios del XX. El béisbol amateur había sido siempre la tradición deportiva más popular de la isla y por tanto no se adueñó de repente —como se ha construido popular y erróneamente— solamente con el gobierno revolucionario de Castro a principios de los ‘60. Durante las primeras cinco décadas del siglo, no fue el circuito profesional racialmente integrado de La Habana, sino la más diversa geográficamente liga amateur para blancos la que generaba tanto el mayor seguimiento de los fans como el máximo talento atlético. Muchos peloteros habilidosos escogieron permanecer en las filas amateurs, pues éstas irónicamente ofrecían mejores recompensas financieras (empleos lucrativos con corporaciones patrocinadoras como la compañía nacional de electricidad o la compañía telefónica) y condiciones de juego más fáciles (los juegos efectuándose solamente los fines de semana). La empresa beisbolera del gobierno en la actualidad es reconocidamente más comercial en naturaleza; no obstante ahora saca su distintivo sabor “amateur” de la total ausencia de cualquier tipo propiedad de equipo de corporativo y lucrativo, o la “agencia libre” de los peloteros, del tipo que define los circuitos profesionales en Norteamérica, Europa o Asia.

Los estadios cubanos al estilo retro son hoy uno de los rasgos más encantadores de la liga, con sus superficies de hierba natural, la ausencia de stands de concesiones, pizarras minimalistas y sin video, gradas de concreto, y gruesos pilares de concreto para las luces eléctricas. La mayoría de los estadios se construyeron en los años ‘70 y tienen una apariencia casi idéntica: las brigadas de construcción eran escogidas de entre la población insular de estudiantes y obreros para erigir estas estructuras como parte de los difundidos proyectos de obras públicas del gobierno durante esa era. Muchos estadios tomaron su nombre de héroes militares de finales de los ‘50 o sitios importantes de batallas revolucionarias, pero dos se construyeron para honrar a lanzadores estelares de la liga que fallecieron trágicamente en accidentes automovilísticos de la era de los ’70. Entre los primeros están el Capitán San Luis (Pinar del Río) y el Nelson Fernández (San José de las Lajas); y entre los segundos el José Antonio Huelga (Sancti Spíritus) y el recientemente abandonado Santiago “Changa” Mederos (La Habana). Los actuales 16 equipos de la liga tiene como sede estadios ubicados en la ciudad capital de cada provincia, pero la mayoría de ellos también juega una pequeña porción de sus encuentros de ligas en estadios más pequeños ubicados en los poblados provinciales periféricos.

Una histórica sede antigua es el Estadio Latinoamericano, ubicado en el municipio habanero de Cerro. El parque se construyó en 1946 y es por tanto un remanente del circuito profesional pre-revolucionario que operó en la ciudad capital hasta 1961. La última década de ese circuito encontró que casi todos los juegos de la liga se jugaban en la construcción conocida como Estadio del Cerro o Gran Stadium. La estructura recibió una mayor expansión y un cambio de nombre en 1971, cuando el país acogió uno de los numerosos eventos de Serie Mundial Amateur jugados en la ciudad capital. Los Havana Cubans (Clase-B, Liga Internacional de la Florida, 1946-1953) y los Cuban Sugar Kings (Triple-A, Liga Internacional, 1954-1961), dos clubes de ligas menores afiliados con el Béisbol Organizado en los años ‘40 y ‘50, también tuvieron como sede a esta histórica estructura. Totalmente circundado durante la renovación de 1971, hoy el Estadio Latinoamericano presume de más de 55,000 asientos en su lentamente en deterioro estructura de un solo piso de gradas cubiertas y de sol.

El Estadio Latinoamericano contemporáneo (familiarmente conocido como “Latino”) muestra gran parte de la apariencia y aura que ofrecía medio siglo atrás, aunque el techo de las gradas cubiertas y los palcos del área del home plate han caído en una ligera falta de reparación.  El desparramado estadio ha servido durante varias décadas como sede a los dos equipos capitalinos, Industriales y el ahora difunto Metropolitanos (conocido popularmente como Metros). Para 2009, sin embargo, el segundón y menos popular equipo de Metros jugaba exclusivamente en el Estadio Changa Mederos, de menos capacidad, ubicado en los terrenos de la Ciudad Deportiva de La Habana. Se hicieron nuevamente renovaciones al Latino en vista al juego de exhibición de los Baltimore Orioles contra el equipo nacional de Cuba a finales de marzo de 1999; los colchones con calidad de MLB para las cercas de los jardines fueron proporcionados por la Major League Baseball como parte del histórico intercambio. Una nueva pizarra que utiliza la energía solar y diseñada para recortar el uso de la preciosa energía eléctrica fue importada de Vietnam e instalada para la apertura de la Serie Nacional en su Aniversario de Oro en noviembre de 2010. Varias temporadas de mediados de la primera década del siglo en La Habana han incluido solamente juegos diurnos debido a las dañadas torres de luces eléctricas (tanto en el Latino como en el Changa Mederos) y a un esfuerzo de todo el país para ahorrar electricidad en medio de la creciente crisis económica de la isla.

Los pintorescos apodos de los equipos son también un rasgo especial de la escena de la Liga Cubana, aunque fueron raramente usados por la prensa cubana hasta la última década del siglo XX cuando se tornaron en un aspecto de la cobertura mediática en la isla. Los equipos actuales tienen en realidad los nombres de acuerdo con las provincias que los acogen y no con sus ciudades capitales, las cuales en la mayoría de los casos tienen el mismo nombre. Esta ha sido la norma desde mediados de los ‘80, pero los nombres de los clubes en muchas ocasiones diferían de los calificativos provinciales, a veces indicaban ocupaciones que en ocasiones coincidían parcialmente con los apodos actuales de los clubes, y a veces cambiaban rápidamente de un año a otro. Los años ‘60 contaban con equipos con nombres como Occidentales, Orientales, Granjeros, y Azucareros; ’70 vieron clubes con nombres como Mineros, Oriente, Henequeneros, Constructores, y Serranos; en los ‘80 aparecieron Camagüeyanos, Citricultores, y Vegueros.

NOMBRE DE LOS EQUIPOS DE LA LIGA CUBANA EN LA ERA ACTUAL Y SUS ESTADIOS PRINCIPALES
Zona Occidental
Equipo (Nombre en Inglés) Estadio Principal
Industriales Leones (Blue Lions) Latinoamericano
Pinar del Río Vegueros (Tobacco Farmers) Capitán San Luis
*Habana Province Vaqueros (Cowboys) Nelson Fernández
Sancti Spíritus Gallos (Roosters) José Antonio Huelga
Cienfuegos Elefantes (Elephants) Cinco de Septiembre
Matanzas Cocodrilos (Crocodiles) Victoria de Girón
Isla de la Juventud Piratas (Pirates) ** Cristóbal Labra
Metropolitanos Guerreros (Warriors) * Changa Mederos
Artemisa Cazadores (Hunters) * 26 de Julio
Mayabeque Huracanes (Hurricanes) * Nelson Fernández
 
Zona Oriental
Equipo (Nombre en Inglés) Estadio Principal
Santiago de Cuba Avispas (Wasps) Guillermón Moncada
Villa Clara Naranjas (Orangemen) Augusto César Sandino
Ciego de Avila Tigres (Tigers) José Ramón Cepero
Las Tunas Leñadores (Woodcutters) ** Julio Antonio Mella
Camagüey Tinajones (Potters) Cándido González
Guantánamo Indios (Indians) Nguyen van Troi
Granma Alazanes (Stallions) Mártires de Barbados
Holguín Cachorros (Cubs) Calixto García

*El reordenamiento provincial eliminó la Provincia Habana e introdujo a Mayabeque y Artemisa para la temporada de la liga 2011-12. El equipo habanero de Metropolitanos desapareció a finales de la misma campaña.

** El equipo de Isla de la Juventud fue conocido como Pineros hasta campañas recientes, y Holguín recientemente cambió su nombre de Perros a Cachorros. Las Tunas era conocido inicialmente como los Magos.  

Los Leones Azules o Industriales de La Habana siguen siendo conocidos como el club más popular de la isla, y no es de sorprender pues este equipo representa a la región de la ciudad capital, que tiene un tercio de la población de la nación. Este equipo y su rabiosa fanaticada fue el objeto del documental cubano premiado (Fuera de Liga, 2006) por Ian Padrón, que se llevó el premio principal en la competencia del festival de cine de Cooperstown en 2009. El club de Industriales también tiene el mayor éxito en cuanto a campeonatos: los Leones se han llevado una docena de banderines, cuatro más que el club de Santiago de Cuba, representando a la segunda región más poblada de la isla. El ex lanzador estelar de los New York Yankees Orlando “El Duque” Hernández y el toletero del siglo XIX con los California Angels, Seattle Mariner y Kansas City Royals, Kendrys Morales, comenzaron sus estelares carreras en el roster de Industriales. Es una creencia popular en La Habana que el héroe de la guerra revolucionaria Ernesto “Ché” Guevara fue decisivo en la fundación del club en víspera de la II Serie Nacional (1962-1963), pero ese mito no tiene fundamento objetivo demostrado.

Industriales

El béisbol cubano de la era post-revolucionaria moderna se caracteriza por dos rasgos únicos —la estructura geográfica y no corporativa de la liga, y el hecho de que los atletas tradicionalmente han actuado para equipos regionales durante toda la duración de sus carreras. Los clubes beisbolero representando a las provincias y no a los negocios corporativos se traducen en intensa lealtad de los fans, pues el equipo local de cada uno consiste estrictamente en atletas locales. Este rasgo de lealtad de los fans se intensifica por el hecho de que los peloteros cubanos nunca son vendidos o canjeado de un club al otro, por tanto actúan todas sus respectivas carreras en el equipo de su tierra natal.  Una consecuencia de esta estructura regional es la ya mencionada competencia desbalanceada, pues regiones más pobladas tienen mayor acceso al talento beisboleros. Pero la ausencia de paridad entre los equipos parece estar más cancelada por el compromiso de competencias regionales apasionantes.

Dos de las otras características especiales de la Liga Cubana también exigen énfasis. Una es el hecho de que solo los atletas nacidos en Cuba actúan en la liga, haciéndola el ejemplo más puro de una producción deportiva hecha en casa. La práctica está a tono con la meta del INDER de organizar las temporadas de la liga con el expreso propósito de entrenar y seleccionar jugadores para los equipos nacionales. Ningún otro circuito principal puede alardear de este tipo de sabor rígidamente nacionalista. Otra rareza de la liga (el menos teniendo en cuenta las tradiciones en el Béisbol Organizado) es la práctica de considerar las estadísticas de las carreras individuales de los jugadores componiendo no solo los juegos de la Serie Nacional, sino también los encuentros de la Serie Selectiva, la Copa Revolución y la Súper Liga. Y como se ha apuntado anteriormente, las estadísticas de bateo y pitcheo acumuladas durante la postemporadas (en efecto durante las últimas tres décadas) también se cuentan entre los números al final de la carrera de un jugador. 

El elemento más definitorio de la Liga Cubana de béisbol, sin embargo, sigue siendo el mero hecho de que las temporadas de campeonatos existen con el propósito primario de entrenar y seleccionar rosters del equipo nacional para competencias internacionales de alto nivel. Desde la década del ‘60, el enfoque del béisbol cubano siempre ha estado centrado en la captura de campeonatos internacionales, y por tanto en fomentar la célebre imagen del deporte socialista del país. El equipo nacional de Cuba como resultado ha dominado el béisbol internacional por más de medio siglo (desde principios de los años ‘60) y en el proceso han establecido un registro ganador que es fácilmente el más notable de cualquier deporte a cualquier nivel. La hazaña más notable fue la cadena de cinco décadas del equipo cubano en la que ganó o al menos llegó al partido de la final en más de 50 torneos internacionales de mayores consecutivos (53 eventos en total). Esta racha sin precedentes llegó a su fin con la eliminación de Cuba en la segunda ronda del Clásico Mundial de Béisbol de 2009. Entre los Juegos Panamericanos de 1987 en Indianápolis, y la Copa Intercontinental de 1997 en Barcelona, la escuadra cubana también logró 159 triunfos consecutivos en partidos de torneos de la IBAF (Federación Internacional de Béisbol). Durante cinco décadas completas, los equipo cubanos mantuvieron su domino al llevarse tres medallas de oro y dos de plata en los cinco torneos “oficiales” de béisbol olímpico, al tiempo que se llevaron 18 de los 23 títulos de las Copas Mundiales de Béisbol de la IBAF. A pesar de una reciente caída en el desempeño luego del último evento de Copa Mundial de la IBAF en 2011, el porciento de juegos ganado del equipo Cuba en general desde 1962 supera fácilmente el 90%.

El béisbol cubano sí experimentó su propio escándalo de arreglos de juegos a principios de los ‘70, aunque el problema fue menor cuando se compara con el infame asunto de las Medias Negras en las grandes ligas o la amplia corrupción que casi hundió a la liga profesional de Taiwán a finales de los ‘90. El encubierto evento cubano no recibió cobertura mediática de ningún tipo en la isla en aquel tiempo, e involucró a un contingente de peloteros de Industriales que fueron suspendidos a finales de la década del ‘70 sin ninguna admisión pública de culpabilidad. Entre los suspendidos se encontraban el prometedor y estelar jugador de cuadro Rey Vicente Anglada, cuya carrera de 10 años se vio trunca por el asunto. Otro fue el toletero Bárbaro Garbey, una vez campeón de bateo de la liga (Serie Selectiva, 1976) y líder empujador (Serie Nacional, 1978). Garbey abandonó cuba en los célebres viajes en bote del Mariel en 1980 y eventualmente apareció en el béisbol profesional norteamericano (que pareció encontrar aceptables sus fallas pues fueron fácilmente ignoradas como un golpe contra el enemigo gobierno cubano).  Garbey demostró fácilmente ser un inadaptado a las grandes ligas mientras que Anglada cumplió en silencio dos décadas de rehabilitación en casa y reapareció a principio del Siglo XXI como una notable historia de éxito como manager de la Liga Cubana. Anglada eventualmente dirigiría a su antiguo club de industriales a tres banderines y también se llevaría medalla de plata (Copa Mundial de la IBAF) y oro (Juegos Panamericanos) como el manager del equipo nacional de Cuba en 2007.

La Liga Cubana ha sido específicamente notable por varias hazañas individuales sin igual, algunas raramente si acaso duplicadas en otros circuitos profesionales de primer nivel en el mundo. Una de las más llamativas ha sido la gesta de jonrones del jardinero santiaguero Alexei Bell, quien estableció un récord de siete jonrones con bases llenas en el calendario corto de 90 juegos durante la Serie Nacional #49 (2010). La hazaña de Bell iniciando la campaña de 2009-2010 con dos jonrones con bases llenas en el inning de apertura de juego inicial del campeonato puede ser el momento más memorable en los anales de la liga. Otra muestra de bateo en el nuevo milenio ha el bateo de largo metraje de la estrella de Granma Alfredo Despaigne, quien estableció una marca de jonrones para una temporada (32) en 2009 (uno más que Bell un año antes) y luego repitió la hazaña en 2012 elevando la marca a 36. Tal vez más notable aún fueron los cinco títulos de bateo consecutivos del jardinero tunero Osmani Urrutia. Entre 2001 y 2005, Urrutia compiló para un insólito promedio por encima de .400 (.422) para ese período, una hazaña a la que solamente se ha acercado en las grandes ligas el miembro del Salón de la Fama Rogers Hornsby (.402, 1921-1925).

Si bien muchos récords de la liga cubana parecen sospechosos ante los fans norteamericanos debido al menor talento, las temporadas más cortas y a varias décadas de bates de aluminio, hay algunas actuaciones individuales que no tienen equivalentes en las mayores. Además de sus grand slams en un inning, Bell tiene tras dos distinciones, una consiste en dos jonrones en un inning de un juego de play off (18 de abril de 2007) y el otro tres innings en un inning de postemorada (5 de abril de 2008). Un jugador con dos jonrones en un inning ha tenido lugar varias veces en las grandes ligas (y 25 en la Liga cubana); tres hits en un inning solamente se han logrado dos veces en las mayores (Gene Stephens y Johnny Damon). Pero ninguna de las dos rarezas ha ocurrido durante partidos de play off de la MLB. Otro récord de Liga Cubaa sin precedentes es el de 14 hits consecutivos de Ibrahim Fuentes, de Granma (1989), que supera por dos la marca de grandes ligas establecida por Walt Dropo en 1952. Una tercera marca sin rival en Cuba tendría que ser el juego de 22 ponches de Faustino Corrales, dos por encima del récord de grandes ligas que se ha logrado en cinco ocasiones (dos por Roger Clemens y una cada uno por Kerry Wood, Randy Johnson y Max Scherzer). También luchando por reconocimiento especial se encuentran las 63 blanqueadas de por vida logradas por Braudilio Vinent, que iguala el récord de la era de la bola viva en las mayores establecido por Warren Spahn. Sin embargo, Vinent alcanzó la cifra en apenas un tercio de la cantidad de aperturas que requirió Spahn. Spahn tuvo 665 aperturas en sus 21 campañas con Boston y Milwaukee (o sea, una lechada cada 10.5 salidas); Vinent llegó al mismo total en sus 20 años de temporadas combinadas de Series Nacionales y Selectivas en apenas 400 aperturas (o sea, una blanqueada cada 6.3 salidas). Ambos registraron marcas personales de siete en una campaña (Vinent en la Serie Nacional de 1973 Spahn tanto en 1947 como en 1951), pero nuevamente el santiaguero Vinent parece llevar ventaja acá, pues las temporadas cubanas son más cortas y por tanto las oportunidades de que un lanzador inicie juegos son muchas menos.

Los juegos sin hits son una rareza tan valorada en Cuba como en las mayores, y, en al menos una medida, son un fenómeno mucho menos frecuente. La liga vio solamente 51 juegos sin hits ni carreras (uno por año) hasta diciembre de 2010, el último lanzado por el pinareño Vladimir Baños apenas unas semanas luego de iniciada la temporada de la 50 Serie Nacional. Teniendo en cuenta que las temporadas de la Liga Cubana son apenas un poco más largas que la mitad de las campañas de grandes ligas, y más del doble de la cantidad de equipos en los dos circuitos de la MLB también se traducen en aproximadamente el doble de desafíos diarios. No obstante, las ligas mayores modernas produjeron (para el final de la campaña de 2010) un total de 269 joyas “oficiales” de nueve innings, para un promedio de 2.5 por campaña. Y esta cifra incluye solamente los cero-hit “sancionados” en los que el juego debe durar los nueve innings y el lanzador que esté llevando la joya debe ser el ganador del juego. Si añadimos los no-hit que se lanzan en partidos en los que se pierde (ha habido tres), joyas acortadas por el clima de menos de nueve innings (ha habido 23 desde 1903), además de los juegos en los que el cero-hit se rompió en extra innings luego de que las primeras nueve entradas se fueran sin hit (13 de ellos), entonces el total de las mayores previo a 2011 asciende a 208, y el radio a 2.878 por cada temporada. De las 50 Series Nacionales hasta 2011, apenas en tres (las que terminaron en 1968. 1969 y 2000) se propinaron al menos tres doble-ceros. Ha habido un solo juego perfecto (sin permitir que entre corredor alguno en circulación) en la Liga Cubana (lanzado por Maels Rodríguez el 22 de diciembre de 1999), lo que hace este evento menos frecuente en la isla cubana que en las mayores.

Un evento relacionado con los no-hit en Cuba resalta para tener una mención especial. Los dos primeros juegos de este tipo fueron lanzados en 1966, durante aperturas sucesivas hechas por derecho Aquino Abreu, desconocido a no ser por esto. Abreu, lanzador que tuvo promedio por debajo de .500 (63-65) en 14 temporadas (1962-1975), se convirtió entonces en el primer lanzador en cualquier liga profesional nacional en igualar a Johnny Vander Meer de Cincinnati (1938) con obras de arte consecutivas sin hits. La primera blanqueada de Aquino tuvo lugar el 16 de enero de 1966, en el Estadio Augusto César Sandino (Villa Clara) durante el desafío de apertura de un doble juego de cuatro equipos. Abreu (lanzando por Centrales) permitió que entraran cinco en circulación (incluyendo un pelotazo en el noveno) pero banqueo a Occidentales 10-0 sin permitir un solo indiscutible. Nueve días después, repitió la hazaña con otra blanqueada de 7-0 (mancillada por cinco pasaportes gratis) ante Industriales en el Estadio Latinoamericano de La Habana. Una ironía histórica añadida a las dos joyas consecutivas de Abreu es que fueron además los primeros juegos de este tipo en la acción de la Liga Cubana.

Aquino Abreu

Cuando se discute de hazañas de bateo y pitcheo en la isla, la liga cubana de medio siglo puede ser vista en tres épocas distintivas. Primero está la versión cubana de la Era de la Bola Muerta, que se extendió por casi dos décadas hasta finales de los ‘70. Las hazañas ofensivas fueron por impresionantes y las marcas de pitcheo eran asombrosas, especialmente los totales de promedios de limpias. Ocho líderes de liga tuvieron efectividad por debajo de 1.00 en las primeras 15 Series Nacionales, mientras que un solo bateador (Armando Capiró, 1973) pudo superar la cifra de los 20 jonrones. Luego vino el alza ofensiva que trajo la introducción en 1977 de los bates de aluminio. Esta era duré dos décadas hasta 1999 y la reintroducción del bate de madera. Este último evento tuvo lugar en el momento de la visita de exhibición de los Baltimore Orioles en marzo de 1999 y fue apuntalada por cambios en las reglas de implementos para torneos internacionales. Durante la segunda era, el bateo explotó, encabezado por el paso en jonrones de Kindelán, y la prominencia ofensiva en todos los sentidos de Omar Linares, quien bateó por encima de .425 en tres ocasiones. La tercera y última era, luego de 2000, ha visto una embestida en cuanto a los asaltos a los libros de récords ofensivos. Pero este último ímpetu ha sido probablemente debido al aumento en el talento atlético de la isla al igual que en los cambios en implementos y condiciones de juego. Hacia 2010 (una década después del cambio) solamente tres toleteros —Joan Carlos Pedroso en febrero de 2009 y Yulieski Gourriel y Frederich Cepeda en enero de 2010—han llegado a 200 o más jonrones jugando solamente con bates con la calidad de las ligas mayores, y otros cuatro llegarían a la cifra en los siguientes seis años (Alfredo Despaigne, Eriel Sánchez, Alexander Malleta, y Yosvany Peraza) hasta 2016.

Los fans norteamericanos para nada al tanto del béisbol cubano están aparentemente más intrigados con el asunto de las “deserciones” a las filas profesionales norteamericanas, aunque antes de 2010 este era un asunto rimbombante en la prensa extranjera al tiempo que nunca se discutía en la prensa cubana. El porciento de jóvenes prospectos que abandonan la isla comenzó a aumentar luego de la primera década del siglo XXI a medida que las condiciones económicas empeoraban en casa. Pero el hecho es que hasta 2010 pocas estrellas reconocidas abandonaban el sistema de béisbol socialista, y por tanto el impacto en el nivel de la isla era mínimo.  Cuba por mucho tiempo evadió el destino de otros semilleros caribeños (Venezuela, la República Dominicana y especialmente Puerto Rico) los cuales han sido esencialmente despojados de sus operaciones locales debido a la constante transferencia de talento local a niveles más altos en las mayores y las menores norteamericanas. Todo cambió luego de 2010 cuando el lento chorro se convirtió en una fuga estable (Aroldis Chapman 2009, Leonys Martin 2010, Yoenis Céspedes 2011, Yasiel Puig 2012, y José Abreu 2013 entre los destacados) y finalmente en una crecida (con casi 150 fugados de la Liga Cubana a finales de 2014 y hasta 2015). Muchas de las espeluznantes fugas incluían desagradables relatos de violaciones de tráfico humano y escenarios de amenazas de muerte para los atletas y sus familias, como se examina a profundidad en mi librod e 2016 Cuba’s Baseball Defectors: The Inside Story.

Los tres más célebres y talentosos peloteros de la Liga Cubana del pasado medio siglo han sido (por amplio consenso) Omar Linares, Orestes Kindelán y Pedro Luis Lazo. Linares fue repetidamente calificado durante dos décadas como el mejor y más completo tercera base que jugaba fuera de las ligas mayores. El principal logro en la carrera de “El Niño” Linares puede ser su slugging de por vida (.644) superado solamente por Babe Ruth en los libros de récords de las grandes ligas. Los jonrones de Kindelán fueron legendarios tanto en la isla como en el reino de los torneos internacionales. Su momento principal tuvo lugar con 30 jonrones en solamente 63 juegos durante una Serie Selectiva corta. En los Juegos Olímpicos de Atlanta, el gran designado disparó el batazo más largo (un jonrón a la tercera sección en le left-center) que jamás se vio en el Fulton County Stadium (la antigua sede de los Atlanta Braves). Nunca ha habido un ganador de Triple Corona en la Serie Nacional, pero Kindelán estuvo tentadoramente cerca en varias ocasiones.  Lazo se retiró en diciembre de 2010 como el más exitoso lanzador de todos los tiempos en Cuba, con un récord de 257 victorias y 2.426 ponches (solamente a 73 de Rogelio García en la lista de todos los tiempos). En la escena internacional, el “Rascacielos de Cuba” fue un dominante cerrador que atrajo la atención de las audiencias norteamericanas durante el primer Clásico Mundial de Béisbol.

Omar Linares

Las hazañas ofensivas de Linares y Kindelán parecen haber enmudecido en cierto modo por el uso durante gran parte de su carrera de los bates de aluminio que se emplearon en Cuba desde 1977 hasta 1999. Y jonroneros más jóvenes como Alfredo Despaigne y José Dariel Abreu ya estaban para 2010 amenazando varios de sus venerados récords, con Abreu perdiéndose la Triple Corona en el último día de 2011 y Despaigne estableciendo marcas de jonrones para una campaña y por momentos superando los notables números de slugging en la carrera de Linares. Es más probable que Lazon mantenga su fama por largo tiempo en Cuba debido tanto a su imagen pintoresca y carácter carismático como a su simple legado estadístico. En los últimos años de su histórica carrera, Lazo se convirtió en un elemento fijo en los juegos televisados, regularmente tomado por las cámaras sentado cómodamente en el dugout o la verja del bullpen fumando un enorme puro durante el partido.

Otra figura contemporánea de la Liga Cubana que merece ser tenida en cuenta es el veterano lanzador de la Isla de la Juventud Carlos Yanes, uno de los más notable “hombres de hierro” en los grandes anales del deporte. Completando una notable cifra de 28 temporadas, Yanes logró hazañas sin precedentes en la era moderna. El derecho de Isla de la Juventud tiene pocos paralelos tanto como ganador y perdedor de más de 200 juegos, y al principio de la temporada de 2010-2011 mantenía esperanzas de superar la marca de victorias de por vida de Lazo; para lograr esa meta (se quedó eventualmente a 18), el especialista en lanzamientos de rompimiento habría tenido que permanecer en activo más de 30 campañas (también más allá de la ya madura edad de 50 años). A pesar de las cortas temporadas de Cuba, el mañoso lanzador de bolas lentas (235-242 al final de su carrera) sin embargo se quedó bien cerca del singular registro de ganados y perdidos del ligamayorista Jack Powell (245-254), el único ganador de 200 juegos en la MLB por debajo de .500 con el mayor número de victorias y derrotas. Si Yanes hubiese lanzado por un club más exitoso (Villa Clara o Santiago), probablemente sería dueño de las marcas de por vida en Cuba. Tal como está, el longevo atleta de 46 años se despidió en la cima de una docena de categorías, la mayoría de ellas relacionadas con notables hazañas de simpe durabilidad.

Como cualquier liga profesional de nivel, la cubana ha producido su propia colección de managers memorables y talentosos. La Serie Nacional funciona como un campo de prueba para la selección de mentores y entrenadores para el equipo nacional, al igual que peloteros para el equipo nacional, y por tanto unos cuantos de los mejores directores se han distinguido eventualmente en torneos internacionales. Los más notables en este grupo son quizás Servio Borges, Higinio Vélez y Jorge Fuentes. Borges fue el más exitoso entre los entrenadores de la escuela de los años ‘70, formados íntegramente en un remozado sistema de béisbol revolucionario introducido por las arrolladoras reformas gubernamentales y sociales de Fidel Castro; también presidió durante la transición de mediados de los ‘70 de bates de madera a los de aluminio. Además de guiar a ocho escuadras campeonas de Series Mundiales Amateurs en más de una docena de veranos (1969-1980), Borges también se llevó dos coronas de Serie Nacional con Azucareros (1969, 1972). Vélez fue solamente visible para los fans norteamericanos como el director de Cuba durante las dos primeras ediciones del Clásico Mundial de Béisbol, patrocinado por la MLB. En acciones de la liga doméstica, el más exitoso en ganar campeonatos durante largo período ha sido Jorge Fuentes en Pinar del Río, manager de cinco títulos. Do mentores (Vélez y Pedro Jova) han logrado tres títulos consecutivos en la liga, y otros dos (Antonio Pacheco y Rey Vicente Anglada) han obtenido tres títulos en cuatro campañas. Pero solamente un manager —Ramón Carneado— ha conquistado cuatro banderines en línea. El legendario Carneado hizo su magia con el club habanero de Industriales, en el despertar de la nueva liga (1963-1966) cuando la mayoría de los jugadores eran verdaderamente amateurs a tiempo parcial. Más recientemente, Víctor Mesa, un estelar jardinero de los años ‘80, resultó ser el más pintoresco y también más controversial manager cuando dirigía a Villa Clara desde finales de los ‘90 hasta finales de la primera década del nuevo milenio, y luego nuevamente en Matanzas luego de 2012. Mesa (antes de haber sido despedido de Villa Clara en 2009) fue conocido por peripecias como retirar a su cuerpo de pitcheo de relevo del bullpen y mandarlos al ómnibus del equipo durante un rally de la oposición, humillar a su banca entre innings ante las cámaras de televisión, sustituir a un bateador emergente por otro en medio de la cuenta de un turno al bate, y sustituir a un corredor sustituto por otro luego de que el primero se robara una base. Muchos en la isla se quejaban de que Mesa dañaba a sus escuadras al querer siempre tener más atención para él que para los jugadores (mientras otros veían este rasgo como un gran plus). Mesa también logró considerable atención fuera de la isla como manager del poderoso elenco cubano en la más reciente edición del Clásico Mundial de Béisbol (2013).

Industriales

Incluso antes de la llegada a la escena norteamericana de recientes peloteros de primera plana como Chapman, Puig, Abreu y Céspedes, la Liga Cubana de décadas recientes, a pesar de su aislamiento, engendró un pequeño pero notable número de ligamayoristas —especialmente lanzadores. Estos jugadores “desertaron” de su tierra natal por varias razones personales (y no siempre estrictamente financieras). René Arocha fue la primera estrella del equipo nacional de la era moderna en escapar del imperio beisbolero de Castro, haciéndolo luego de una serie de exhibición en julio de 1991, en Millington, Tennessee. Dos medios hermanos—Liván (con los campeones mundiales de 1997, los Florida Marlins) y Orlando Hernández (con los campeones mundiales de 1998, los New York Yankees) dejaron sus marcas en la postemporada de las grandes ligas a finales de los ‘90. José Ariel Contreras era una gran estrella en el equipo nacional de Cuba —con una marca perfecta de 13-0 internacionalmente— antes de unirse a los Yankees en 2003. Lanzadores refugiados más recientes han sido Chapman (Cincinnati Reds) y Yunieski Maya (Washington Nationals), ambos debutando como profesionales en 2010. El zurdo Chapman recibió mucha atención de la prensa con su recta de más de 100 millas (sobrepasada en el departamento de la velocidad en Cuba solamente por Maels Rodríguez), per Maya, abridor número dos del equipo nacional y campeón en efectividad en la liga en 2005 fue tal vez una mayor pérdida —tanto para la liga doméstica como para las fortunas del Team Cuba en el juego internacional. Un jugador de posición que disfrutó éxito a principios del Siglo XXI en las grandes ligas fue el primera base de los California/Anaheim Angels Kendrys Morales (cuya carrera se estiró con Seattle y Kansas City). Morales explotó en la escena cubana en 2002 como Novato del Año de la Serie Nacional, pero abandonó la isla apena tres años después. El ambidextro finalmente tuvo una campaña consagratoria con los Angels de la Liga Americana en 2009 (34 HR, 108 CI), pero solo después de un largo período en las ligas menores norteamericanas.

Muchas estrellas principales cubanas de décadas recientes han sido ubicadas entre los mejores jugadores del mundo, a pesar de nunca haber mostrado sus talentos en las ligas mayores profesionales norteamericanas. El principal pinareño Omar Linares —el líder de por vida con .368 de promedio compilado en 20 temporadas de Series Nacionales y Selectivas— fue por dos décadas considerado el mejor jugador “amateur” del mundo y el “más grande tercera base que nunca jugó en las grandes ligas”. Y las tres ediciones inaugurales del Clásico Mundial de Béisbol (2006, 2009, 2013) demostraron que las estrellas de la Liga Cubana pueden fácilmente igualar a los ligamayoristas en torneos de alto nivel. Cuba sorprendió al mundo del béisbol profesional al llegar a la finales del evento inicial, mientras el jardinero ambidextro Frederich (Freddie) Cepeda fue el líder de bateo y la única selección unánime al Todos Estrellas de la edición de 2009. Y el toletero granmense Alfredo Despaigne estableció una marca de jonrones para todos los tiempos (11 en 15 juegos) llevando a la escuadra nacional de Cuba a la final de la Copa Mundial de Béisbol de la IBAF de 2009 en Europa.

Un drástico cambio en la estructura de la Liga Cuban tuvo lugar en el otoño de 2012 en víspera de la Seri Nacional #52, con la decisión de desechar la estructura de las divisiones a favor de una liga de 16 equipos y al mismo tiempo dividir la campaña en do segmentos distintos de 45 juegos cada uno —una ronda inicial de clasificación con los 16 equipos tradicionales seguida por una ronda de campeonato con solamente los ocho primeros. Ocho jugadores de cada uno de los clubes eliminado serían otorgados en una selección de refuerzos a mediados de año para fortalecer los equipos a la segunda ronda. El mayor impacto acá es la pérdida de la longeva tradición de que los atletas jugaran solamente con su provincia de origen; otro resultado más impactante aún fue el hecho de que la mitad de las provincias de repente se quedaron sin béisbol por más de la mitad del calendario de la liga. Hubo un motivo doble para el cambio, la primera el fuerzo de apuntalar las recientemente aciagas fortunas del equipo nacional brindando una liga más competitiva (por al menos parte del año) con los lanzadores principales de la isla agrupados en menos rosters. Pero estaba igualmente en juego la realidad de que a la Federación Cubana se le estaba haciendo más y más difícil costear los gasto de transportar 16 equipos por toda la isla durante seis meses y alumbrar estadios para juegos nocturnos en cada una de las provincias.

Alfredo Despaigne

Hasta 2016, dos equipos han dominado las últimas seis temporadas, con el abusado por mucho tiempo Ciego de Ávila conquistando tres títulos bajo el mentor Roger Machado, la potencia más tradicional Pinar del Río, llevándose la victoria do veces, y Vila Clara, conquistando el primer título ganado bajo el novedoso formato de temporada dividida. Un segundo hecho novedoso en la Liga Cubana ha sido el regreso del campeón de la liga a la Serie del Caribe de febrero luego de medio siglo e enajenamiento. Pero la muy publicada re-entrada al torneo de exhibición enfrentando  los mejores equipos de los circuitos invernales caribeños (México, Puerto Rico, Venezuela y la República Dominicana) han traído solamente resultados mezclados: Villa Clara fue eliminada por ceremoniosamente con una sola victoria en cuatro juegos en 2014 (en Venezuela) y Ciego de Ávila sufrió un destino casi idéntico dos años más tarde en Santo Domingo. Pinar sí se llevó el banderín de la Serie del Caribe en San Juan en el año intermedio, pero solo después de conquistar solo un triunfo en la ronda de apertura antes de reaccionar guiados por el bateo de Frederich Cepeda y Yulieski Gourriel en los dos partidos de play off. Las visitas a la Serie del Caribe fueron también escenarios desafortunados para varias deserciones de jugadores cruciales, incluyendo la del prometedor prospecto del pitcheo Vladimir Gutiérrez en San Juan y el estelar toletero Yulieski Gourriel en Santo Domingo.

Las recientes temporadas de la Liga Cubana se han visto marcadas por memorables desempeños individuales además de la casi Triple Corona de Abreu (perdió solamente las carreras impulsadas ante Céspedes) en el Aniversario Dorado durante la campaña de 2011 y el récord de 36 jonrones de Despaigne un año después. A pesar de haber tenido solamente una aparición en el equipo nacional de Cuba, el longevo infielder Enrique Díaz se retiró con la desaparición de los Metros en 2012 luego de una carrera de 26 años que lo dejó como el líder de todos los tiempos en hits, anotadas, triples y bases robadas. Terminando su carrera en Cuba con mucho ruido, el toletero Yulieski Gourriel logró un promedio de bateo de .500 sin precedentes (49 juegos y 174 turnos al bate) antes de abandonar el equipo nacional en República Dominicana luego de dos tercios de la temporada. Luego de algo de controversia entre los funcionarios de la liga se decidió al menos tentativamente insertar el brillante número en los libros de récords como la primera corona oficial de Gourriel en la liga.

La Liga Cubana de béisbol ha brindado durante más de medio siglo un aislado aunque entretenido universo beisbolero sin paralelos en ningún otro lugar. Tanto el éxito de grandes ligas de un creciente contingente de desertores y las sorprendentes victorias de Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol han demostrado una verdad innegable: que esta liga se ubica junto con las ligas profesionales japonesas y tal vez apenas por debajo de las mayores de Estados Unidos entre el trío de circuitos de más alto nivel. La marca con estilo propio cubano de “béisbol revolucionario” hoy sobresale de su experimento en competencias verdaderamente regionales y atletas locales. Pero el mayor legado de esta liga al final tiene que ser su producción de poderosas escuadras nacionales capaces de dominar torneos de competencias internacionales por décadas sin fin. Sin embargo, la liga cubana post-2010 parece hoy estar viviendo en tiempo prestado y pasando trabajos para mantener algo de su brillo inicial. Las constantes deserciones de jugadores han matado la calidad de la liga y destripado a un otrora orgulloso sistema de equipo nacional. Aperturas hechas por la administración de Obama luego de diciembre de 2014 para terminar las hostilidades de la Guerra Fría con Cuba han traído muy poco en principio en cuanto al detente entre la Federación Cubana de Béisbol y el grupo de expertos de la MLB aún enfocados en Cuba como poco más que una conveniente plantación para cosechar futuro talento. Y los esfuerzos cubanos para mitigar las presiones para desertar que caen sobre las estrellas que les quedan, permitiendo a algunos jugar en el circuito japonés y en la inferior liga semipro Can-Am han hecho muy poco (si es que han hecho algo) para contener la obvia desintegración de la liga doméstica.

CAMPEONES NACIONALES EN LAS SERIES NACIONALES CUBANAS
AÑO Serie CAMPEON (MANAGER) G-P
1962 #1 Occidentales (Fermín Guerra) 18-9, .667
1962-63 #2 Industriales (Ramón Carneado) 16-14, .533
1963-64 #3 Industriales (Ramón Carneado) 22-13, .629
1964-65 #4 Industriales (Ramón Carneado) 25-14, .641
1965-66 #5 Industriales (Ramón Carneado) 40-25, .615
1966-67 #6 Orientales (Roberto Ledo) 36-29, .554
1967-68 #7 Habana (Juan Gómez) 74-25, .748
1968-69 #8 Azucareros (Servio T. Borges) 69-30, .697
1969-70 #9 Henequeneros (Miguel A. Domínguez) 50-16, .758
1970-71 #10 Azucareros (Pedro P. Delgado) 49-16, .754
1971-72 #11 Azucareros (Servio Borges) 52-14, .788
1972-73 #12 Industriales (Pedro Chávez) 53-25, .679
1973-74 #13 Habana (Jorge Trigoura) 52-26, .667
1974-75 #14 Agricultores (Orlando Leroux) 24-15, .615
1975-76 #15 Ganaderos (Carlos Gómez) 29-9, .763
1976-77 #16 Citricultores (Juan Bregio) 26-12, .684
1977-78 #17 Vegueros (José M. Pineda) 36-14, .720
1978-79 #18 Sancti Spíritus (Cándido Andrade) 39-12, .765
1979-80 #19 Santiago de Cuba (Manuel Miyar) 35-16, .686
1980-81 #20 Vegueros (José M. Pineda) 36-15, .706
1981-82 #21 Vegueros (Jorge Fuentes) 36-15, .706
1982-83 #22 Villa Clara (Eduardo Martín) 41-8, .837
1983-84 #23 Citricultores (Tomás Soto) 52-23, .693
1984-85 #24 Vegueros (Jorge Fuentes) 57-18, .760
1985-86 #25 Industriales (Pedro Chávez) 37-11, .771
1986-87 #26 Vegueros (Jorge Fuentes) 34-13, .723
1987-88 #27 Vegueros (Jorge Fuentes) 35-13, .729
1988-89 #28 Santiago de Cuba (Higinio Vélez) 29-19, .604
1989-90 #29 Henequeneros (Gerardo S. Junco) 37-11, .771
1990-91 #30 Henequeneros (Gerardo S. Junco) 33-15, .688
1991-92 #31 Industriales (Jorge Trigoura) 36-12, .750
1992-93 #32 Villa Clara (Pedro Jova) 42-23, .646
1993-94 #33 Villa Clara (Pedro Jova) 43-22, .662
1994-95 #34 Villa Clara (Pedro Jova) 44-18, .710
1995-96 #35 Industriales (Pedro Medina) 41-22, .651
1996-97 #36 Pinar del Río (Jorge Fuentes) 50-15, .769
1997-98 #37 Pinar del Río (Alfonso Urquiola) 56-34, .622
1998-99 #38 Santiago de Cuba (Higinio Vélez) 46-44, .511
1999-00 #39 Santiago de Cuba (Higinio Vélez) 62-28, .689
2000-01 #40 Santiago de Cuba (Higinio Vélez) 55-35, .611
2001-02 #41 Holguín (Héctor Hernández) 55-35, .611
2002-03 #42 Industriales (Rey V. Anglada) 66-23, .742
2003-04 #43 Industriales (Rey Anglada) 52-38, .578
2004-05 #44 Santiago de Cuba (Antonio Pacheco) 55-35, .611
2005-06 #45 Industriales (Rey V. Anglada) 56-34, .622
2006-07 #46 Santiago de Cuba (Antonio Pacheco) 57-32, .640
2007-08 #47 Santiago de Cuba (Antonio Pacheco) 61-29, .678
2008-09 #48 Habana Province (Esteban Lombillo) 57-33, .633
2009-10 #49 Industriales (Germán Mesa) 47-43, .522
2010-11 #50 Pinar del Río (Alfonso Urquiola) 50-39, .562
2011-12 #51 Ciego de Avila (Roger Machado) 54-42, .563
2012-13 #52 Villa Clara (Ramón Moré) 50-37, .575
2013-14 #53 Pinar del Río (Alfonso Urquiola) 52-35 .598
2014-15 #54 Ciego de Avila (Roger Machado) 50-37 .575
2015-16 #55 Ciego de Avila (Roger Machado) 54-32 .627

1962 hasta 1984-85, Era con el campeón siendo determinado por balance acumulativo

1985-86 hasta 2011-12, Era de los Play Off y la Postemporada

2012-13 hasta el presente, Era de temporadas divididas

LIDERES DE BATEO DE POR VIDA EN LA LIGA CUBANA (HASTA LA TEMP. 2015)
Promedio de Bateo: Omar Linares, .368
Jonrones: Orestes Kindelán, 487
Impulsadas: Orestes Kindelán, 1,511
Hits: Enrique Díaz, 2,378
Carreras Anotadas: Enrique Díaz, 1,638
Robos: Enrique Díaz, 726
Dobles: Ariel Borrero, 412
Triples: Enrique Díaz, 99
Slugging: Alfredo Despaigne*, .650
Total de Bases: Orestes Kindelán, 3,893
* Jugadores aún activo en el 2015
 
LIDERES DE PITCHEO DE POR VIDA EN LA LIGA CUBANA (HASTA LA TEMP. 2015)
Victorias: Pedro Luis Lazo, 257
Derrotas: Carlos Yánes, 242
PCL: José Antonio Huelga, 1.50 (871.1 IP)
Ponches: Rogelio García, 2,499
Boletos: Carlos Yánes, 1,310
Salvados: José Angel García*, 200
Lechadas: Braudilio Vinent, 63
Innings: Carlos Yánes, 3,836.1
Juegos Lanzados: Carlos Yánes, 714
Juegos Relevados: José Angel García*, 665
Jugadores aún activo en el 2015

Fuentes

Alfonso López, Felix Julio. Con las bases llenas: Béisbol, historia y revolución (Havana: Editorial Cientifico-Técnica, 2008).

Bjarkman, Peter C. Cuba’s Baseball Defectors: The Inside Story (Lanham, Maryland, and London: Rowman & Littlefield Publishers, 2016).

Bjarkman, Peter C. A History of Cuban Baseball, 1864-2006 (Jefferson, North Carolina, and London: McFarland & Company Publishers, 2007 and 2014). Ver capítulo 8: “Cuba’s Revolutionary Baseball (1962-2005),” y Capítulo 7: “Havana as Amateur Baseball Capital of the World.”

_____. Diamonds Around the Globe: The Encyclopedia of International Baseball (Westport, Connecticut: Greenwood Press, 2005).  Ver Capítulo 1: Cuba: “Béisbol Paradiso.”

Casas, Edel; Jorge Alfonso, y Alberto Pestana. Viva y en juego (Havana: Editorial Científico Técnica, 1986).

González Echevarría, Roberto. The Pride of Havana – A History of Cuban Baseball (New York: Oxford University Press, 1999).

Guía Oficial de Béisbol Cubano. Havana: Editorial Deportes, varios años (una guía de estadísticas anual sobre el béisbol cubano que se publicaron mayormente en los años ‘60 y ‘70, y fueron retomadas con regularidad desde 1998).

Rucker, Mark, and Peter C. Bjarkman. Smoke: The Romance and Lore of Cuban Baseball (New York: Total Sports Illustrated, 1999).

Toledo Menéndez, Dagoberto Miguel. Béisbol Revolucionario Cubano, La Más Grande Hazaña – Aquino Abreu (Havana: Editorial Deportes, 2006).

Notas

  La más extensa y apasionada afirmación de esta tesis aparece en la pionera historia del béisbol de la isla por Roberto González Echevarría. El autor brinda de manera incuestionable la más profunda y útil documentación de las raíces del deporte en Cuba en el siglo XIX y también de los hechos de la pelota invernal profesional en La Habana durante las cinco primeras décadas del siglo XX. Su relato sobre el rol del béisbol en la lucha durante los 1880s y los 1890 contra el mando español (y las primeras conexiones entre el juego y las nacientes ideas sobre la nación cubana) no tienen precedentes. Pero la insistencia de González Echevarría en ubicar la “Era Dorada” del béisbol cubano en los años ‘40 y principios de los ‘50 (cuando el interés de los fans estaba realmente decreciendo) y su lamentable breve desestimación de los niveles de talento en el juego post-revolucionario parecen revelar más prejuicio político que minuciosa investigación histórica.

  La saga de los escapados cubanos a las mayores aparece detallada en mi reciente libro, Cuba’s Baseball Defectors: The Inside Story, el cual no solo explora el impacto de estos estelares atletas en la escena de grandes ligas, sino que también revela las sórdidas operaciones de tráfico humano que han sido frecuentemente la desafortunada historia de fondo de su llegada a la escena norteamericana.

  Debido a la división de la Provincia Habana en dos entidades administrativas durante 2011, la estructura de la liga se modificó ligeramente para el inicio de la temporada en invierno en 2011 (Serie Nacional #51). Dos equipos familiares (los sotaneros Metros y el recientemente poderoso equipo de Provincia Habana) fueron eliminados y sustituidos por equipos que representaban las dos nuevas entidades políticas en Mayabeque (Huracanes) y Artemisa (Cazadores). La eliminación del equipo de Metropolitanos resolvió un viejo problema de la liga que consistía en la práctica no ortodoxa (discutida en la nota siguiente) de cambiar jugadores entre los equipos habaneros de Industriales y Metropolitanos.

  El sistema de carreras con un solo equipo para un jugador de la liga no es una política estricta, aunque hasta hace poco hubo pocas excepciones a la regla. Las principales han sido con los equipos de Medros e Industriales, ambos bajo el control de los comisionados del INDER de la ciudad. Persistió por mucho tiempo la práctica de emplear a Metros como un equipo de granja “no oficial” donde el joven talento podría obtener experiencia por una o dos temporadas antes de ser elevados al roster más célebre de Industriales. Muchas estrellas principales de Industriales de inicios del Siglo XXI (Alexander Malleta, Carlos Tabares, Rudy Reyes, Yadel Martí y Frank Camilo Morejón, entre ellos) comenzaron sus respectivas carreras con el equipo más débil de la capital. Debido a la poca población de Isla de la Juventud, los jugadores normalmente se mudan a ese equipo (como era el caso con el futuro ligamayorista nacido en La Habana, Liván Hernández a principios de la década del ‘90) para fortalecer un roster de otro modo no competitivo. Algunos jugadores se han movido también de acuerdo con intereses de la comisión, pues la misión de la liga es entrenar el talento para el equipo nacional. Un ejemplo a mediados de la pasada década es el del receptor Yenier Bello, quien jugó un par de temporadas en Camagüey en lugar de estar en la banca en Sancti Spíritus detrás del veterano sustituto del equipo nacional Eriel Sánchez. Pero todo esto cambiaría en el otoño de 2012 (la Serie Nacional #52) cuando la temporada de la liga se modificó en dos rondas separadas, el segundo segmento de 45 juegos con solamente ocho equipos clasificados, fortalecidos por refuerzos de los equipos restantes.

  La Liga de desarrollo se jugaba al unísono de la Serie Nacional, pero luego desapareció, y ahora se juega un campeonato nacional para jugadores de hasta 23 años, previo a la Serie Nacional. (Nota del Traductor). 

  La historia más detallada en existencia sobre el histórico “día de apertura” de la Liga Cubana el 14 de enero de 1962, aparece en la breve historia d Dagoberto Toledo sobre el lanzador de los dos doble-ceros consecutivos Aquino Abreu. Versiones más imprecisas aparecen en la Official Cuban League Guidebook de 1963 y en el volumen  de Alonso López Con las Bases Llenas.

  Las conexiones históricas entre el béisbol y la identidad nacional cubana no son para nada un acontecimiento de finales del Siglo XX (post-Fidel), tampoco el uso del deporte nacional como un instrumento de política exterior y de hacer crecer la imagen cubana. El orgullo nacional ya se estaba adhiriendo a las victorias cubanas en los primeros eventos de Serie Mundial Amateur de principios de los años ‘40. Este concepto del béisbol como herramienta de propaganda significativa surge con los orígenes del deporte en la isla y los significativos vínculos iniciales entre el béisbol y la rebelión contra el colonialismo español en los años 1880 y 1890. Discusiones sobre los orígenes del béisbol cubano y el íntimo vínculo entre el deporte nacional adoptado y la identidad nacional cubana aparecen en detalle en dos volúmenes: el de González Echevarría: The Pride of Havana (Capítulo 4: A Cuban Belle Epoque), y el mío de 2007/2014 McFarland (Capítulo 5: Myths and Legends of the Cuban Professional League).

  Las recientes remuneraciones para los peloteros cubanos se discuten en la biografía de Omar Linares de este volumen. El INDER no publica ninguna cifra formal de salarios, pero se puede estimar que hasta hace poco las estrellas del equipo nacional ganaban entre 200 y 400 dólares (en la moneda cubana equivalente) mensualmente, junto con incentivos adicionales como nuevos autos y casas. Otros jugadores de la liga ganan considerablemente menos, pero sí tienen salarios  tono con el de un trabajador cubano promedio. Los comentarios hechos en una cáustica conferencia de prensa después de un juego en el Clásico Mundial de Béisbol de 2006 (San Juan) por el mentor del equipo nacional (y luego comisionado de la liga) Higinio Vélez refleja la visión cubana sobre la noción del profesionalismo beisbolero. Cuando le preguntaron por sus jugadores amateurs compitiendo ante los profesionales, Vélez se apuró en responder que sus peloteros eran profesionales para cualquier estándar: “Nuestros muchachos pasan todo su tiempo entrenando y jugando y se dedican a su profesión que es jugar pelota,” Vélez respondió ante los intentos de calificar a sus jugadores de desafortunados amateurs. Luego desarmó al cuerpo de prensa preguntando: “¿En los Estados Unidos ustedes dicen que sus profesores de escuela no son profesionales solamente porque no ganan el mismo salario que las estrellas de rock o de las grandes ligas?” 

  Con motivo del juego de béisbol entre Cuba y los Tampa Bay Rays en marzo de 2016, con la presencia de los presidentes Raúl Castro (Cuba) y Barack Obama (Estados Unidos) hubo una gran reparación en el Estadio Latinoamericano, aunque gran parte del techo quedaba aún por ser remozada. (Nota del Traductor).

  Ete rasgo se modificó un poco con la reciente introducción del formato de temporada dividida que resultó en que algunos jugadores de nivel fuese escogidos por diferentes clubes (aquellos que sobrevivieron la ronda de clasificación) para la segunda mitad de la ronda de clasificación. También de manera creciente en temporadas recientes a algunos jugadores les han permitido cambiar de residencia provincial —el caso más notable siendo la transferencia de los tres hermanos Gourriel (incluyendo al estelar bateador Yulieski) de Sancti Spíritus a los Industriales antes de la campaña de 2013-14.

  El récord de Orestes Kindelán de 487 jonrones, por ejemplo, se divide como sigue: 296 en 21 Series Nacionales (un número no especificado en juegos de play off), 165 en 13 Series Selectivas, 26 en dos torneos de Copa Revolución. No hay enciclopedia disponible para el béisbol de la Liga Cubana que ofrezca estadísticas compuestas detalladas de la carrera para los jugadores temporada por temporada. Las guías anuales del béisbol cubano (publicadas con regularidad desde  1998) contienen solamente los totales de por vida, y no hay desglose temporada por temporada. La mejor información sobre el béisbol cubano aparece en el sitio web BaseballdeCuba.com iniciado por Ray Otero en 2005 y constantemente expandido en temporadas recientes. Sin embargo, este sitio web hasta principios de 2016 brindaba solamente datos estadísticos incompletos para los jugadores que jugaron antes de la temporada de 2000. Baseball-Reference.com sí brinda totales para los jugadores, pero solamente hasta mediados de los ‘90. 

  El fracaso de dos temporadas con los Detroit Tigers Bárbaro Garbey mostró breve promesa a mediados de los años ‘80 (1984-85) y fue visto tal vez como el esperado primer toletero cubano que llegase a Norteamérica con credenciales legítimas profesionales. Pero Garbey fracasó rápidamente en las mayores y en lo que se convirtió fue en la respuesta a una pregunta de trivia sobre quién fue el primer refugiado cubano luego de 1962 en ponerse un uniforme de grandes ligas. El robusto jardinero había encabezado el circuito cubano en 1978 cuando fue epulsado de la liga junto con una docena de compatriotas por un reportado vínculo en una operación de juegos arreglados de la que no se reporta. El ex titular con Industriales fue enviado a Estados Unidos junto con un grupo de indeseables políticos durante la “Flotilla de la Libertad” del Mariel de la primavera de 1980, firmando prontamente con los Detroit Tigers, quienes lo hicieron debutar con el Lakeland de Clase-A en la Liga Internacional de la Florida. Cuando las noticias de las bufonadas de Garbey en Cuba llegaron a la prensa norteamericana (en 1983 cuando aún estaba con la Triple-A de los Tigers en Evansville) sufrió una breve segunda suspensión de la acción de ligas menores que al final fue solamente un aparente palmadita en la mano por parte del Béisbol Organizado. Luego de salir rápidamente de las mayores (siguiendo varios intentos con Detroit y los Texas Rangers, marcados por una serie de infracciones disciplinarias), Garbey reapareció como un “jugador de remplazo” para dañar al sindicato por Cincinnati durante el entrenamiento de primavera del año de cierre 1995. 

  En mi biografía de Omar Linares, discuto a detalle las razones ofrecidas por una de las particulares súper estrellas de la isla para su propia elección personal de permanecer leal al sistema cubano y así rechazar las promesas de enormes recompensas financieras en las ligas profesionales norteamericanas. Todos los peloteros cubanos tienen sus propias razones individuales y netamente personales para quedarse o irse, pero un hecho sin discusión es que la gran mayoría ha permanecido leal por mucho tiempo a la forma única de estructura beisbolera de la isla a pesar de las agravadas condiciones económicas a finales del siglo XX y principios de XXI. La mayoría de los “desertores” antes de principios de los año 2000 era atletas de segunda línea con pocas oportunidades de lograr los beneficios asociados con el status de equipo nacional; una gran mayoría eran nativos de la ciudad capital, donde los deportista tal vez estén más conscientes de su desventaja económica debido al gran número de conciudadanos ganando salarios elevados (como trabajadores de hoteles y restaurantes) en la gran industria turística de La Habana. Discusiones sobre cómo y por qué la situación cambia en los años más recientes (hasta 2016), más el listado completo de los desertores cubanos (hasta finales de 2015) aparece en Cuba’s Baseball Defectors: The Inside Story. 

  Hay controversia en torno al asunto de la Triple Corona de bateo en Cuba. Durante cinco temporadas a finales de los ‘80 y principios de los ‘90 (Series Nacionales XXVII-XXXI) los títulos individuales eran otorgados de manera separada para las dos divisiones de la Serie Nacional. En 1988-89, Kindelán sí encabezó la Zona Oriental en bateo (.402), jonrones (24) e impulsadas (58). Dos décadas más tarde, la prensa beisbolera cubana siguió apuntando que nunca ha habido un “verdadero” campeón de Triple Corona en Cuba, pues Kindelán no lideró la liga completa en las tres categorías (aventajando a la Occidental solamente en jonrones). Pero bajo la tradición de llevar los números vigentes en la temporada en cuestión, puede decirse que Kindelán fue un legítimo ganador de la Triple Corona.