Nuestra visión sobre el acuerdo entre MLB, MLBPA y la FCB (Parte I de II)

Ray OteroPor Ray Otero | Director de BaseballdeCuba

Una semana después del anuncio oficial del acuerdo entre la Asociación de Peloteros de Estados Unidos (LMBA por sus siglas en inglés), las Grandes Ligas de Béisbol (MLB por sus siglas en inglés) y la Federación Cubana de Béisbol (FCB), sobre la posibilidad de que los jugadores cubanos tengan una vía segura de salir de Cuba y desempeñarse en las Grandes Ligas, las aguas comienzan a tomar su nivel, la calma regresa entre los apasionados aficionados cubanos y es necesario un análisis más profundo sobre la repercusión de las nuevas reglas anunciadas para los jugadores de béisbol de la isla y en general para la Liga Cubana, la Serie Nacional.

No podemos negar que el convenio alcanzado llega en el mejor momento, sobre todo para una deteriorada Federación Cubana, que, en los últimos 10 años se ha visto con sus mayores problemas económicos de la historia, reflejado en las malas condiciones de la infraestructura beisbolera cubana, pero además, sin encontrar salida alguna al grave problema de la emigración, ya no solo de sus mejores peloteros, sino de todo aquel que pensara que una oportunidad de subsistencia en este deporte solo estaba fuera de la isla. 

MLB también pujó por un acuerdo y con este queda beneficiada. De 2014 a la fecha, habían sido muchos los reportes que habían “dañado” la imagen de la poderosa entidad norteamericana, mayormente aquellos que reflejaban el inescrupuloso negocio de tráfico de personas que envolvía a peloteros cubanos y que ya venía causando estragos en los medios de prensa. Desde la denuncia por parte de ESPN en su publicación del material: No One Walks Off The Island en abril de 2014, historia que hacía referencia a la salida de Cuba del jardinero cienfueguero Yasiel Puig, las propias declaraciones de jugadores como José D. Abreu, el propio Puig, Alexander Guerrero, Leonys Martín, entre muchos otros, sobre lo experimentado por estos camino a su futuro ingreso en el béisbol norteamericano de mayor nivel, hasta el poderoso  libro de mi colega y amigo Peter Bjarkman: “Cuba's Baseball Defectors: The Inside Story”, eran demasiado las historias de verdadero horror vividas por jugadores y familia en general, a manos de inescrupulosas personas y agentes, que hacían de estas prácticas un negocio seguro para su enriquecimiento.

El accionar de las selecciones nacionales de Cuba era también un tópico diario en las conversaciones de cubanos, sobre todo cuando los múltiples eventos internacionales de cada año se celebraban, y los peloteros de la isla tomaban parte en estos con resultados fuera de lo histórico. Vale recordar la vergonzosa actuación de la selección mayor de Cuba en la 4ta edición del Clásico Mundial de Béisbol 2017, sufriendo una devastadora derrota ante Israel y quedando eliminada por la vía del KO beisbolero ante Holanda, dos naciones ni siquiera cercanas a la tradición beisbolera de los de la mayor isla del Caribe.

Definitivamente algo se tenía que hacer.

LA SOLUCIÓN

Sería mi propio amigo Peter Bjarkman quien me mencionó, y así hizo público de manera constante durante  intervenciones en varios medios que incluyeron, entre otros, dos bien conocidos como las cadenas ESPN y ante Brian Kenny en MLB Network, en sentido a la necesidad y prácticamente única salida para Cuba bajo la crisis de su deporte nacional, de acudir a un “posting system” similar al usado por la Liga Profesional de Béisbol de Japón (NPB por sus siglas en Inglés), para frenar el éxodo de jugadores, y a su vez, evitar el desgaste total de un torneo nacional cubano que se encontraba en una incertidumbre total, con la baja de calidad experimentada, la agravación de la infraestructura del mismo, la falta de estrellas y, por consiguiente, el total desencanto de la afición.

Peter, un defensor total del béisbol jugado en la isla, fue la primera persona que me vino a la mente, cuando el anuncio sobre el acuerdo entre ambas partes se hizo oficial. Pero no solo a mí, una de las voces de MLB, el columnista y reportero, Jon Paul Morosi, me expresó vía telefónica el pasado jueves el sabor agridulce que le representó el conocer de esto, sabiendo todo lo hecho por el béisbol cubano por nuestro Pete y su increíble visión sobre un hecho que lo golpeaba, principalmente por su eterno amor al béisbol de la isla.

Y sin duda, el nuevo convenio tendrá repercusiones que definitivamente marcarán un antes y después para el béisbol de Cuba. Si, hay que decirlo, el 19 de diciembre de 2018 quedará como una fecha histórica en la rica historia beisbolera de la Mayor de las Antillas.

EL IMPACTO

Pero ¿cuánto realmente impactará al béisbol antillano y a sus jugadores el anuncio del pasado miércoles? 

La pregunta pudiera tener muchas respuestas, pero esta, sin duda, merece un análisis más profundo y no la simple reacción eufórica de la afición, esperando una avalancha de jugadores cubanos camino a la tierra prometida. 

Comencemos por decir que, pese a que ambas partes salen beneficiadas con este pacto, no podemos negar que la facción cubana es la que se lleva la mayor sonrisa. Realmente, sin muchos lugares donde mirar, la Federación Cubana de Béisbol prácticamente había agotado toda fuente donde colocar a los jugadores de la isla. 

Los experimentos de México, Japón y otros países del continente americano como Canadá y Colombia, no han reportado en realidad nada de lo esperado. A estas alturas, solo cuatro jugadores, el jardinero Alfredo Despaigne, el jugador de cuadro Yurisbel Gracial y los lanzadores Liván Moinelo y Raidel Martínez, son los establecidos en una liga profesional de verdadero nivel como la de Japón, pero que jamás se acercaría en calidad general a la norteamericana. Otros, como los jardineros Frederich Cepeda, José A. García y Roel Santos, pasaron por el más alto nivel de esta, y un grupo que incluye al jardinero Leonardo Urgellés, al receptor Ariel Martínez y al lanzador/jardinero Oscar Luis Colás, han estado en los niveles bajos de dicho béisbol.

Pero en términos reales, en prácticamente seis años, desde que la exportación real de jugadores de la isla se inició a estos mercados – no incluimos el experimento Omar Linares en 2002 -, solo seis jugadores – si también tenemos en cuenta al ahora infielder del elenco de las Grandes Ligas, Houston Astros, Yulieski Gurriel - han logrado generar dividendos reales a la federación, ¡solo seis jugadores en este período! La realidad es que tal cifra resulta una que deja mucho que desear del béisbol de la isla, para un país históricamente productor de peloteros.

Todo esto lo que indica es, simplemente, que la calidad actual de los jugadores de Cuba no ha despertado el interés extra fronteras que muchos esperaban. ¿Por qué entonces pudiera ser diferente con el béisbol norteamericano? Entiendo que la curiosidad de un nuevo mercado, prácticamente vetado, pudiera generar firmas apresuradas de peloteros de Cuba – ya la experiencia y desencanto existió cuando el boom de jugadores cubanos y con casos como los de Alex Guerrero, Erisbel Arruebarrena, Yunieski Maya, Dayán Viciedo, entre otros - también entendería que, bajo las nuevas estipulaciones y con los incentivos que la FCB recibirá por el contrato de sus jugadores, esta se inclinaría por dar mayor salida a los jugadores, sobre todo a aquellos que cumplan con los dos requisitos esenciales, ser mayores de 25 años y poseer al menos 6 años de experiencia en la Serie Nacional. Sin embargo, al final, un béisbol como el norteño, donde el estudio minucioso de jugadores es excesivo, bien pudiera dejar “plantado” a más de un “prospecto”, apenas los resultados no sean los esperados.

Quien les escribe para nada quiere “aguar la fiesta que la noticia ha producido”, todo lo contrario, el pacto me satisface pues, de una forma u otra debía llegar, para beneficio de peloteros, entrenadores, afición, pero principalmente, beneficio del que es el deporte nacional de la isla, por encima del cual nadie está. Pero no puedo ser eufórico y debo analizar de manera cruda la realidad actual del béisbol cubano.

Ah, si me preguntan cuáles son las perspectivas reales de este pacto, me atrevo a afirmar que es un tratado para el futuro, para las nuevas generaciones de peloteros, esas que ahora juegan las categorías U-12, U-15, U-18 y hasta U-23, ellas son las que recogerán los verdaderos frutos de este histórico anuncio. La presente Serie Nacional de Cuba, pese a los locos y constantes cambios de estructura con el pretexto de buscar elevar la calidad y atraer público, ha caído a un nivel de baja calidad que, pese a mantener la competitividad, resulta envejecida y si ahora mismo analizamos, no está lista para ofrecer una gran gama de jugadores, incluso de aquellos que cumplan los dos requisitos primordiales mencionados anteriormente. 

Ahora, esto para nada quita que la FCB, repito, haya resultado la más beneficiada en diferentes puntos. Primero, el control sobre los jugadores de la isla ahora ha aumentado. Todos aparecen registrados bajo su entidad y MLB, incluso, sancionaría de uno a dos años sin poder firmar con elencos de su entidad, a los osados que atrevan dejar Cuba – o su elenco nacional - sin el permiso de la propia federación cubana. Segundo, la Serie Nacional de una forma u otra, se revitalizará, considero el 90% o más de los grandes talentos que surjan de las categorías menores quedarán en la isla, en espera de cumplir el nuevo “sueño americano” de ingresar en el mejor béisbol del mundo y llenar su cuenta de banco con al menos cifras de siete dígitos. Esto, sin duda, aumentará el nivel del torneo cubano, pero, además, muchos de los jugadores que salieron de Cuba con la esperanza de lograr firmar un contrato de Ligas Mayores y no lo han logrado – mayormente por no tener el talento suficiente – regresarán nuevamente al país y se re integrarán al torneo doméstico para – ¿por qué no? – soñar nuevamente con, esta vez desde su patria, lograr aquella codiciada firma que por diferentes razones no se les concretó.

Con esto dicho, la verdadera pregunta sería: ¿cuántos jugadores pudieran entonces ingresar en las Grandes Ligas ahora mismo y bajo los nuevos acuerdos?

Para esto pues no podía dejar de consultar nada más y nada menos a alguien a quien considero tiene la bandera no solo de la Sabermetría del béisbol cubano, sino del conocimiento pleno de cada jugador en la actual Liga Cubana, mi colega Yirsandy Rodríguez.

Para ello, Yirsandy ha preparado la segunda parte de nuestro trabajo con lo mejor del béisbol de la isla en la actualidad y de los cuales, uno de ellos, bien pudiera hacer historia y convertirse en el primer jugador de Cuba asociado a la Federación Cubana de Béisbol en firmar un contrato de Grandes Ligas.

 

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