por Ray Otero
Julio 16, 2009
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El mentor Róger Machado, en el centro con los brazos abiertos, ha recibido críticas que nunca debieron haber tenido lugar. (Foto: Rob Jelsma) |
Recientes comentarios en el sitio web de Radiococo (www.radiococo.icrt.cu) sobre el finalizado XII Torneo Mundial de Puertos de Rotterdam en donde un elenco representativo de Cuba se alzó con el primer lugar del evento y en donde el encargado de llevar las riendas del equipo en el torneo, el joven ex-receptor nacional Róger Machado de Ciego de Avila, llamó la atención durante el último partido de la etapa clasificatoria ante el equipo de Japón, juego donde con la discusión del título un día después, Machado colocó en un partido sin importancia para la causa cubana, al joven jardinero izquierdo Jorge Padrón a lanzar en la novena entrada del juego. A partir de ese momento un grupo de opiniones al respecto, en su mayoría alarmantes, se han puesto en boca de medios de prensa y por ende público en general sobre la jugada que sentó pautas para el accionar de nuestros elencos en torneos internacionales pero que a su vez tenía un objetivo bien señalado, y era el de no desgastar a un cuerpo de pitcheo cubano que no poseía ninguna motivación para un partido de mínima importancia en las aspiraciones cubanas en el torneo.
Lo cierto es que no se ha detenido la ola de críticas que incluso echa casi a un lado la magistral labor de Machado y desata una desenfrenada avalancha de criterios que, aún sin querer, terminan demeritando la actuación de un hombre que logra, sobre todas las cosas el objetivo propuesto, el título para Cuba en el torneo, pero que incluso va mucho más allá y es capaz de hacer algo que jamás se había visto en nuestros elencos nacionales – el uso de un jugador de posición como lanzador -, demostrando así que Cuba puede ganar en eventos internacionales y no dejar de ser creativo e inteligente para su propio beneficio.
Pero empecemos por partes porque muchas otras opiniones también fueron emitidas en el artículo. He leído por ejemplo, acoto textualmente, “Pero (siempre hay peros con el Cuba) cinco lanzadores distintos realizando aperturas en diez juegos, demasiados.” Parece algo irreal que alguien que siguiera de cerca este torneo de Rotterdam – lo cual espero haya sido así - no se de cuenta o analice en profundidad los hechos antes de emitir criterios que serán leídos por una afición cubana que muere por este deporte y que no les permita ver las situaciones presentadas por el equipo cubano en su camino hacia el triunfo en este evento, el primero en dos años para la isla.
Lo primero a lo que se tuvo que afrontar la selección antillana fue al hecho de que el colectivo de Estados Unidos se ausentó del torneo creando un cambio en el calendario de competencia que nadie esperaba. De este modo el debut de los nacionales no se produciría contra la selección de Taiwán (Aroldis Chapman lanzaría el juego inicial) sino contra el elenco de casa el día 2 de julio. Segundo, sin aún el equipo cubano haber salido al terreno, quien era considerado una de sus cartas de triunfo principales abandona el mismo, el zurdo Aroldis Chapman, y deja a la selección sin uno de sus abridores de puntería y el que supuestamente trabajaría en la fecha inicial del torneo. El día 25 de junio el director Róger Machado había señalado aún en tierras cubanas al periodista Ortelio González Martínez que su rotación abridora para el torneo estaría a base de cuatro hombres, Aroldis Chapman, Maikel Folch, Miguel Alfredo González y Freddy Asiel Álvarez, no neceseariamente por ese orden. Ante la situación que se le presentaba ya en tierras holandesas, el mentor tuvo que hacer varias cosas, primero: encontrar el abridor que sustituyera a Chapman, en este caso resultó el derecho santiaguero Yaumier Sánchez, segundo: sin conocer el orden de los rivales que enfrentaría pues decidir quien sería el idóneo para laborar en cada juego, ¿un zurdo o un derecho contra los asiáticos si el debut era contra ellos?, ¿quien ahora enfrentaría al equipo de casa?, ¿cómo proceder si el torneo se complica y más de una derrota es enfrentada?, en fin desde el inicio se había creado ya algo inusitado para alguien que por demás debutaba internacionalente al mando de un elenco nacional cubano.
Con este precedente Machado comenzó el torneo y mejores noticias no pudo obtener cuando incluso hombres debutantes como él mismo pero en funciones de lanzadores, mostraron mucho más de lo que de ellos se esperaba. El habanero Miguel Alfredo González blanqueaba de manera inusitada a un casi igual elenco de Holanda que en el mes de marzo de este mismo año se había encargado de despachar dos veces al “valorado” equipo de República Dominicana en el II Clásico Mundial de Béisbol. En Rotterdam aparecían de nuevo los Legito, De Jong, Markwell, Duursma y compañía que se volvieron toda una pesadilla para nuestros vecinos cacribeños en aquel torneo mundialista y sin embargo el derecho de 22 años se los echó en un bolsillo con su trabajo en la jornada inaugural.
Poco después el zurdo Maikel Folch – no precisamente un debutante - extendería la cadena de ceros de los abridores cubanos con otras nueve argollas ante los universitarios de Japón, 8-0. La cuenta llegaría a 22 ceros consecutivos cuando el jovencito – también debutante - de 19 años Freddy Asiel le colgaba cuatro innings intactos a Taiwán, hasta permitir la primera carrera del pitcheo antillano a la altura del quinto episodio del tercer juego. Sin duda, solo una carrera limpia en 27 entradas de labor hacían feliz el inicio del torneo para Machado y para Cuba, pero todo no sería tan fácil. El cuarto juego contra nuevamente los naranjas de casa vería a un hombre como Yaumier Sánchez – debutante este y quien que no esperaba trabajar de abridor en el torneo - completar cinco entradas con solo dos limpias permitidas mientras ponchaba a 7 bateadores para mostrar otra buena labor de los abridores cubanos.
Pero una suspensión por lluvia en la quinta jornada para los antillanos cuando se suponía Cuba enfrentaría a Taiwán por segunda ocasión, provocó nuevos cambios para el elenco y por ende para el mentor nacional. La rotación no varió pero una doble jornada dos días después obligaba a trabajar a un hombre extra de manera inesperada. La tercera blanqueada cubana se produciría en el quinto partido – debió haber sido el sexto - a costa del elenco de Japón y en solo 7 innings de juego por concluir este por la vía del nocao beisbolero. Nuevamente Miguel Alfredo González sería el hombre grande con cinco entradas sin la sombra de una carrera a su cuenta. El día 9 de julio Cuba enfrentó dos veces a Taiwán y así a primera hora el zurdo Maikel Folch lograba impresionantes siete innings de labor con solo una carrera sucia a su cuenta sin decisión alguna en el empate a 1 entre ambos elencos, mientras, a segunda hora Freddy Asiel lanzaba 6.1 de entradas y resultaba el primer lanzador abridor en permitir más de dos carreras en su labor. Pese a un empate y un triunfo en la jornada doble los cubanos habían asegurado la clasificación a la final con seis triunfos, un empate y el uso de una rotación abridora invariable a costa de Miguel A. González, Maikel Folch, Freddy Asiel Alvarez y Yaumier Sánchez. Se puede con entera certeza decir que a partir de este momento Róger Machado comienza a dar juego a su conjunto tan solo para mantener a todos sus hombres listos para una final que todavía no conocía rival. El día 10 de julio Cuba enfrenta a Holanda por tercera vez y logra la victoria 8-2 con otro gran trabajo de Yaumier Sánchez y este es el momento cuando el joven pero talentoso director cubano determina que no es la hora de iniciar de nuevo con su rotación abridora para un partido clasificatorio final contra Japón que no exigía nada de Cuba, preservando así a todos sus lanzadores que le habían hecho una gran labor en el torneo pero sobre todo por el hecho de no conocer a qué rival enfrentaría en la final a la cual Cuba había avanzado con anterioridad. El derecho Miguel A. González y el zurdo Maikel Folch estaban listos para actuar en dependencia del rival por decidirse en el último partido clasificatorio entre las selecciones de Holanda y Taiwán. Si pasaba Holanda MAG sería el hombre, si lo hacía Taiwán, MF sería el encargado de darle el título a Cuba. Sin duda ambos habían sido los mejores abridores de los nacionales en el torneo y ambos serían puestos a prueba si hacía falta.
A la palestra entonces sale el quinto abridor que al parecer también ha creado revuelo en Cuba – o al menos según lo emitido en Radiococo - el derecho Noelvis Entenza - quien en ningún momento fue considerado para ese rol y quien de seguro no hubiera visto acción como abridor si las condiciones de clasificación de Cuba hubieran sido diferentes o comprometedoras. Entenza lo hace bien en siete entradas y Miguel Lahera completa la octava, sin embargo, ¿quién podía asegurar el rival de la final o que pasaría en la misma con los hombres reservados para la ocasión? Es aquí cuando Machado decide no usar más a Lahera y este se une al otro cerrador del conjunto, el también derecho Vladimir García, para ambos mantenerse aptos en la búsqueda del octavo título cubano. Machado entonces hace lo que hasta ahora no había hecho ningún manager cubano en la arena internacional – que nosotros récordemos -, colocando al jardinero pinareño Jorge Padrón, en un partido de puro trámite, a completar la novena entrada preservando a todos sus hombres disponibles para el siguiente día.
Si nunca antes Cuba en eventos internacionales había dado uso a un jugador de posición como lanzador en un partido, tampoco en los últimos años dos abridores de primera línea habían arribado a la final del torneo en completo descanso, eso sucedió ahora pero además hasta los relevistas estaban listos para trabajar ante cualquier necesidad extrema y ante cualquier rival, algo realmente digno de admirar.
La frase: “El colmo fue que Jorge Padrón lanzó una entrada; totalmente innecesario y ridículo” por la que comencé este artículo, realmente no rinde ningún honor a una magistral e inesperada decisión de dirección que no puso en compromiso al elenco cubano en su camino a la discusión del título, que innecesariamente no “gastó” armas en una batalla sin importancia y que entregó a los récords cubanos algo realmente innovador, al menos fuera de Cuba.
Tampoco creo el criterio de “El juego por el oro lo ganó Folch, que salió de relevo y cabe preguntarse: ¿los que fungieron como apagafuegos y tenían esta responsabilidad, no eran lo suficientemente buenos para hacer su tarea y nos vimos en la necesidad de traer un ABRIDOR a controlar las acciones? Definitivamente el concepto abridor-relevista-cerrador sigue sin estar en castellano, pues acá en Cuba no lo entendemos...” dice nada aleccionador para nuestro béisbol cuando lo hecho por Machado constituye una práctica muy normal en discusiones de campeonatos incluso en la mismísimas llamadas “Grandes Ligas” de EEUU que al parecer ahora son más seguidas en Cuba por algunos sitios que el mismo béisbol nacional, un ejemplo tan récordado como el del lanzador Curt Schilling y Randy Johnson en el Juego # 7 de la Serie Mundial del 2001 jugando por el Arizona Diamonbacks y trabajando ambos en el mismo partido como abridor y relevista respectivamente, terminó con una cadena de cuatro años de títulos de los afamados New York Yankees. Por demás hay que mencionar que el relevista en ese juego, Johnson, había menos de 24 horas antes obtenido un triunfo como abridor para empatar la serie a tres triunfos por bando y obligar al séptimo juego, Machado ni siquiera hizo algo parecido con Folch.
Otro detalle, el criterio de que el concepto abridor-relevista-cerrador está olvidado en Cuba resulta solo pura ficción. Esta frase quizás hubiera tenido validez años atrás en nuestro béisbol pero no en el presente donde el concepto se ha ido generalizando y donde hoy en día encontramos verdaderos cerradores en muchos conjuntos, algo que hubiera sido un sueño en un reciente pasado. Pero además, el caso del director Róger Machado constituye el de uno de los más emblemáticos en la aplicación de la “nueva” fórmula de pitcheo para los torneos cubanos y el ejemplo más claro está dado en el actual récordista cubano en juegos salvados, Vladimir García, galardón obtenido en la pasada temporada, bajo la égida del mismo Machado con los Tigres de Ciego de Avila. Otro desacierto resulta el mencionar que la presencia de dos cerradores en la escuadra cubana resultó algo increíble, lean: “Primero quiero una ronda de aplausos para los integrantes del equipo por traernos el triunfo y por quienes los seleccionaron, pues increíblemente dos relevistas naturales se las agenciaron para incluirse entre los 24.” La única realidad es que nuestros elencos nacionales hace rato presentan cerradores naturales. En el mismo Torneo de Puertos del 2007 la presencia de tres hombres como Vladimir Pérez de Camagüey, Alberto Bicet de Santiago de Cuba y Yolexis Ulacia de Villa Clara, garantizaban cerradores de categoría para ese nivel. Un año después en el Torneo de Haarlem en Holanda otros dos hombres, Miguel Lahera de La Habana y Pedro L. lazo de Pinar del Río garantizaban esta labor. De estos dos Lahera resulta un establecido en esa función en nuestros campeonatos y Lazo aunque no lo hace con frecuencia en esa labor en nuestros torneos, internacionalmente resulta el único y verdadero cerrador con resultados que ha tenido la selección nacional en más de una década. Esta misma dupla repetiría en los pasados Juegos Olímpicos y un poco más reciente, en el II Clásico Mundial la “enormidad” de cuatro cerradores tuvo la escuadra nacional con los nombres de Yolexis Ulacia, Vladimir García, Miguel Lahera y el conocido Lazo. ¿Cuál resultó el único torneo donde Cuba no llevó más cerrador que el propio Lazo? La Copa del Mundo del 2007 ya que el resto de los torneos – y solo apelo a los dos últimos años - han visto emerger más de uno de nuestros hombres en la ahora renombrada y necesaria función de cerrador o matador.
Pero ahora volviendo a la utilización del jardinero Padrón en el montículo cubano también es valedero mencionar que esta no es una práctica ajena tampoco al béisbol de las Mayores – si vamos a tomar patrones extranjeros - sobre todo en partidos que no indican nada para al menos uno de los conjuntos envueltos. Acorde a la fuente norteamericana Baseball Reference, desde 1871 y hasta la fecha de hoy en día, con ya la adición de la Liga Nacional en 1876 y la más jóvenes de las ligas norteñas, la Americana en 1901, un total de 468 jugadores de posición han visto acción como lanzadores en sus respectivos conjuntos durante algún partido de las campañas regulares. Pero aún más, la presente temporada norteameriana que se encuentra en pleno desarrollo, está resultando una de las que más veces ha visto la práctica en horas tan tempranas como la primera mitad del torneo, práctica tan al parecer “endemoniada” para algunos en la llamada Perla del Caribe. El primero que puso de moda esta peculiar acción este año resultó el manager de nada más y nada menos que los New York Yankees, casualmente un ex-receptor también como Machado, Joe Girardi, quien envió el 13 de abril ante el equipo Tampa Bays Rays al jardinero Nick Swisher para completar una entrada permitiendo este un hit, concediendo un boleto y retirando a tres hombres – por coincidencia el mismo resultado que obtuvo Padrón – en un juego que su equipo perdió 15-5. A partir del uso de Swisher otros mentores se han animado para darle alguna responsabilidad en el montículo a sus jugadores de posición, sobre todo teniendo en cuenta lo innecesario de desgastar un bullpen cuando el partido pierde importancia para sus elencos. De este modo otras nuevas cuatro adiciones se han producido recientemente con las actuaciones de Cody Ross, Jonathan Van Every, Paul Janish y Josh Wilson y como dije todavía estamos a media temporada.
De 1979 para acá un total de 107 jugadores de posición han visto acción en el montículo entre los dos circuitos de las Grandes Ligas, luego con cinco hombres en la lista en este 2009 no parece que la idea de Machado haya sido tan desacertada o acaso me pregunto ¿el equipo Cuba B en Rotterdam poseía un bullpen más profundo que el que pueda tener por ejemplo los mutimillonarios New York Yankees? Tampoco nuestro país y nuestras Series Nacionales han sido ajenos a la práctica. He mencionado otras veces que otroras hombres de primera clase como Lázaro Vargas, Orestes Kindelán y Luis Ulacia vieron en algún momento de sus carreras lo que significa enfrentar a un bateador durante un partido de las campañas cubanas y creánme que ha sido algo bien llamativo que incluso robó titulares en su momento.
Lo hecho por Machado en Rotterdam bien pudiera pasar a los récords – si se comprueba oficialmente – como un hecho único en el béisbol internacional para nuestra selección, pero un hecho que a su vez enriquece la ya rica historia de nuestro deporte nacional con estadísticas y curiosidades que forman parte de la misma estructura de este deporte. Con esto para nada sugiero que la “moda” en nuestros torneos sea el uso a partir de ahora de jugadores de posición en cada partido de los campeonatos cubanos o en cualquiera de nuestros eventos internacionales, pero en este caso la innovación tuvo un específico objetivo, surtió efecto y Róger Machado puede argumentar a los cuatro vientos que tuvo el valor y que ha sido el único que ha logrado algo así sin siquiera poner en riesgo el triunfo de Cuba en un torneo internacional, creo esto vale más reconocerlo que criticarlo.
Para terminar les coloco la lista de jugadores de posición en Grandes Ligas que en los últimos 3 años han visto acción en la “lomita de los lamentos” por sus respectivos conjuntos.
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