Noticias/News

 

Lo que mal empieza, bien no termina


 

por Yasel Porto

 

Octubre 21, 2010

 

 

Más allá de haber logrado Cuba el objetivo de clasificarse para el Mundial y los Panamericanos, el desempeño en el certamen celebrado en Puerto Rico, no nos deja nada satisfechos.

Una vez más nos quedamos incómodos y preocupados con nuestro equipo, donde cada vez se reflejan con más fuerza los problemas de la pelota en el país.

Mi criterio muy personal, es que las cosas no se hicieron bien desde el momento en que se escogieron a los 24 integrantes de la selección.

Se demostró como era de esperar, que no fue una feliz idea llevar 11 lanzadores, solo dos zurdos, para al final recaer el peso en el mismo número de siempre, algo que perjudicó las estrategias ofensivas con regulares y suplentes.

Apenas dos receptores de corte defensivo, y ambos del mismo equipo por primera vez en la historia, también dos bateadores zurdos, solo uno natural, la ausencia de un primer bate natural y la asistencia de un buen número de hombres que en la Serie Nacional dependen de los jonrones que dan, fueron aspectos significativos que provocó polémica constante antes y durante la cita.

Frank Camilo Morejón y Yosvani Alarcón, receptores, el torpedero Alexander Guerrero, y los jardineros zurdos Ariel Sánchez, Giorvis Duvergel y Yoandry Urgellés, además de los lanzadores Odrisamer Despaigne, Arleys Sánchez y Alexander Rodríguez, fueron centro de debate entre los excluidos.

 

Para el periodista Yasel Porto, el colectivismo del equipo nacional de Cuba faltó en todo momento durante el Pre-Mundial de Béisbol que culminó este mes en Puerto Rico y donde Cuba salió con el segundo lugar.



Sánchez y Duvergel más habituados como hombres proa, y Rodríguez, único cerrador en la Nacional, además de Frank Camilo, con año muy integral dentro y fuera del país, tuvieron aún más defensa por parte de los que no estuvieron de acuerdo con la nómina, o sea, la mayoría de la afición.

Afición que pensó que era más factible aprovechar este evento para foguear a jóvenes que en un futuro tendrán que asumir la plaza que ahora ocuparon Pestano, Vera o Lazo, tres de los que no estarán en el III Clásico Mundial de 2013, la nueva Olimpiada del béisbol internacional.

La esperanza de todos para la justa boricua estaba centrada en la gran cantidad de plazas para los dos eventos futuros, así como la calidad de los adversarios, que a excepción de Estados Unidos, acudirían a Puerto Rico con jugadores cuyas potencialidades está por debajo de los nuestros.

Pero aún así, el camino contó con tramos espinosos, y en total nos vencieron tres veces, cifra que solo se tuvo en el II Clásico. Dos de los reveses fueron con un equipo de Dominicana que hizo lo que solo Japón en el 2009 logró, aunque, con una diferencia notable de calidad.

¿Qué pasó en Puerto Rico, que sin ser un evento de categoría mayor muchos dejaron un sabor un tanto decepcionante?

Independientemente de una dirección que no fue la más idónea en determinados momentos, con cambios incomprensibles en la alineación y la rotación de pitcheo, no creo que haya sido la principal causa del resultado.

Es verdad que Olivera no debió ser sentado en semifinales cuando era líder en hits para improvisar con otro primer bate (Alexei Bell), Michel Enríquez estar tanto tiempo en la banca, o Yulieski Gourriel mantenerse de regular siempre salvo la final, y estos dos últimos haber jugado en el campo corto cuando antes de esta lid se decía que eso era un disparate, pero también es cierto que en el último partido no hubo problemas marcados en la dirección y sin embargo se perdió 5x2.

Vera no estuvo nada bien y una vez más, nuestra ofensiva se acostó en la cama del contrario y se quedó completamente dormida, cuando en realidad lo tenía todo para estar despierta desde el principio.

Y no solo fue solo Lorenzo Barceló, ni el estadounidense Chris Archer, también contra el morocho Jesús Yepez de Venezuela, además del accionar contra Puerto Rico, Nicaragua, Canadá y hasta el argentino con apellido de emperador romano, Ernesto Comoglio. Unos más veloces que otros, con más o menor calidad, pero al final nos tuvieron dominados buena parte del juego.

Nuestros bateadores en sentido general, no solo apelaron infructuosamente a los grandes batazos, sino que esperaron demasiado y se afectaron con una zona de strike más amplia. Además, la velocidad ofensiva estuvo más perdida que los jonrones mismos, el corrido de las bases no fue el mejor y la defensa fue endeble para tratarse de un equipo Cuba. Hubo ansiedad, falta de concentración y colectivismo, y exceso de confianza y protagonismo.

Pero por qué culparlos cuando todo el año en Cuba están acostumbrados a jugar así en una Serie que cada vez disminuye más su nivel y pese a la maestría y experiencia de ellos, se van estancando y no avanzan, sino que se adaptan a un sistema de juego que pierde muchas de las cuestiones elementales de este deporte, en un campeonato donde además, se acostumbran a castigar un pitcheo cuya media es de cinco limpias por juego, que no supera generalmente las 90 millas, donde la recta y la slider integran el repertorio de más de la mitad, con un pensamiento poco inteligente y una carente especialización monticular.

Se pasan casi todo un año dentro de una pelota donde no hace falta combinar velocidad con ofensiva, y con una zona de strike que sigue favoreciendo al bateador.

Nuestros “sluggers” entonces ven después como varía su sistema de juego cuando salen de la isla, sea Estados Unidos, Argentina y hasta Sri Lanka el rival. Y digo Sri Lanka porque fue al que le marcamos más carreras este año, 15 en total, cuando todo indicaba un azote mucho mayor frente a un adversario bien débil que apenas debutaba en competiciones fuera de su región.

No pensemos en la derrota solo porque el rival lo hizo mejor. Analicemos que hace tiempo en nuestro béisbol, hay cosas que se están haciendo mal, las cuales repercuten a la corta o a la larga, en cada uno de los niveles. Y todo no está en poner un primer bate u otro bateador zurdo para la Copa Intercontinental.

Pero regreso a la lid puertorriqueña para profundizar en los adversarios. En el caso de los titulares quisqueyanos, asistieron con jugadores de su venidera liga invernal, que tienen oficio, pero hasta ahí, pues no califican entre los mejores 200 peloteros de ese país actualmente.

Muchos vieron pasar sus mejores momentos y casi ninguno los tuvo en la mayor escala profesional. Es cierto que vencieron a Estados Unidos, pero también estuvieron a punto de perder con Aruba y sufrieron para clasificar a la segunda ronda. Además, pasaron muchos trabajos para confeccionar su selección y acudir a la vecina isla antillana.

Oficio no es sinónimo de calidad, solo es saber el ABC del béisbol que en la pelota profesional es obligatorio, y que en el caso de nuestro equipo se ha ido perdiendo. Antes, éramos capaces, casi con los mismos jugadores, de lucir mejor frente a rivales similares y que contadas veces fuéramos vencidos. Solo equipos que combinaban con claridad el citado oficio con el talento natural nos ponían en dificultades. Ya ahora solo con lo primero es suficiente.

Y si le damos la razón a aquellos que dicen que fue Dominicana un gran equipo, qué esperamos entonces para competencias con mejores contrincantes si no trabajamos en los varios problemas que tenemos, donde haya un conjunto dominicano que pueda tener lanzadores 10 veces más complicados que Barceló, Veras o Legrán, como Ubaldo Jiménez, Ervin Santana, Johnny Cueto, Rafael Soriano, Naftalí Feliz, Francisco Cordero o Edinson Vólquez, y con un bateo donde no habrían pasados de pico, todo lo contrario, y es mejor no mencionarlos porque aquí la lista es mucho más grande.

 

Es verdad que solo debemos ver a estos grandes en el Clásico, como pudiera acontecer con escuadras bien potentes como Estados Unidos, Canadá, Venezuela, México, Puerto Rico, Japón y Corea, además de otros que pueden dar sustos como Holanda, Italia, Taipei y Panamá. Pero es muy real también que en futuros compromisos como Mundiales y Panamericanos, la calidad también superará a este certamen boricua.

 

Cuba era y es el mejor equipo de esta lid, pero no lució como tal e hicimos superior al rival por olvidarnos de nuestra esencia como equipo.

Casi perdemos en semifinales con Venezuela, a quien en 2007 casi le damos no hit no run en la Copa Mundial, y que en 2006 perdió con Metropolitanos, el peor equipo de la Serie Nacional en la disputa del título de la III Olimpiada Cubana. Sufrimos hasta el final con la misma Nicaragua mediocre que mayoreamos en los topes. Le hicimos 11 carreras a Antillas Holandesas pero se permitieron 4, y de no ser por un grand slam en las postrimerías de Malleta, solo se hubiera ganado a Argentina 5x1, mientras que Puerto Rico, que ni siquiera clasificó al Mundial, cayó apenas 4x0 con los nuestros.

 

¿Será que nuestro nivel ya no está como para ganarle o sufrir menos frente a rivales de mediana calidad?

 

¿Por qué aprender de las malas experiencias cuando se podían evitar ciertas cosas de antemano?

 

¿Podremos volver a ganar un evento internacional donde no nos enfrentemos solo a universitarios?

 

¿Dónde está la verdadera causa del por qué el equipo Cuba no convence en los últimos torneos?

 

Por lo menos, dirán algunos, se lograron cuatro cosas positivas en Puerto Rico: se clasificó al Mundial y los Panamericanos, perdimos otro evento pero discutimos el primer lugar, y Yulieski Gourriel no fue el último out del último juego, pero…

 

Se haya ganado o no el partido final, hubiera hecho el mismo comentario, pues considero que hace tiempo nuestro béisbol no atraviesa por su mejor momento. No se trata de ser campeones o no, de siempre lograr el oro o no, sino de la forma que las deficiencias internas han ido repercutiendo a nivel selección y nos hacen quedar mal ante alguien que medianamente juegue béisbol organizado.

 

Hay dificultades que deben ser analizadas y resueltas dentro de lo posible, para así ir recuperando parte del terreno perdido en cada nivel.

La situación económica hoy golpea con fuerza, e incide directamente en los terrenos e implementos deportivos, así como en nuestros campeonatos en cada categoría, y no deja de ser una cuestión que nos ha hecho perder cientos de jugadores en la última década, muchos de ellos promesas o estelares.

 

Hay soluciones que de momento no están al alcance, pero hay otras no tan económicas que nos pueden aliviar o evitar complicaciones mayores.

 

Tener un campeonato con el nivel más concentrado, con fórmulas inteligentes que no pierdan lo positivo y superen lo negativo, mejorar el trabajo con el arbitraje sobre todo con la ampliación de la zona de strike, buscar un concepto de pitcheo más factible con un repertorio e inteligencia superior, y de alguna manera balancearlo más con la ofensiva. Si hay que usar el bate de grafito por la imposibilidad de reponer una alta cifra de los implementos de madera, entonces usemos una bola menos viva sin llegar al otro extremo.

 

También estaría el confrontar más de la forma que sea posible con las principales potencias beisboleras, a escala de liga o selección, que jugadores, aficionados, y por qué no, periodistas, puedan ver con más frecuencia partidos de las principales ligas internacionales y así conjugado con un torneo interno más compacto se pueda pretender a una superación dentro del llamado ABC y el oficio de los rentados no nos pase factura cuando el talento no es mejor que el nuestro.

 

Y estaría el hecho también de propiciar una mayor masividad en la disciplina en todas las edades con mecanismos más interesantes y atractivos, así como un mejor tacto a la hora del tratamiento de nuestros atletas, y más protagonismo de la prensa a la hora de acceder a la información y a que se le escuche más y mejor.

 

El equipo Cuba es el último y más importante peldaño de una escalera que necesita una buena labor recuperativa en cada escalón, todos con su vital aporte, para evitar fuertes caídas en el ascenso individual y colectivo.

 

Y digo algo más. El hecho que tengamos dificultades no quita que sigamos siendo una potencia, pues pese a las deficiencias económicas y mentales, la pérdida creciente de jugadores o la desmotivación, todavía contamos con figuras que pueden sobresalir en cualquier rincón y darnos la posibilidad real de luchar en cada competición, a pesar de que el cielo se nuble cada vez más.

 

A lo mejor estoy total o parcialmente equivocado, pero entonces así será con la mayoría de un pueblo que casi sabe más de este deporte que de su vida misma. Decir lo contrario sería, pienso yo, contradecir a millones de personas, no sé si por desconocimiento o por conveniencia. Aquí hay cuestiones que son más claras que el agua de nuestras playas o más visibles que la belleza de nuestras mujeres.

 

El final de nuestra película beisbolera, tan rica y hermosa como casi ninguna en todo el planeta, puede volver a terminar con felicidad.

 

Tradición y talento hay para ello, pero el trabajo en el principio y desarrollo de esta película debe mejorar, porque sino, la combinación de drama con suspenso seguirán como géneros protagónicos que proseguirán haciendo valedero el refrán, de que mal termina lo que de igual forma comienza.

 

Como cubano siento cada golpe que podamos recibir en cualquier aspecto beisbolero. Pero como cubano y periodista a su vez, me veo en la obligación de decirlo y así quizás un día piensen en lo que decimos muchos que con honestidad y buen sentir, queremos avivar una pasión que no merece morir.



 

 

 

 

 

Si desea escribir a Ray Otero hágalo a: elistas@baseballdecuba.com