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EL SITIO WEB DEL DEPORTE NACIONAL DE CUBA
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27 de diciembre de 1874: Primer juego oficial de béisbol en Cuba
por Ray Otero
Diciembre 27, 2009
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El estadio Palmar de Junco, sede del primer partido oficial de béisbol en la pelota cubana un 27 de diciembre de 1874. |
Un día como hoy pero hace 135 años, el béisbol cubano oficialmente quedó inscrito en la página de los libros, con la celebración del ahora conocido como primer partido oficial de este deporte en la más grande isla antillana. Fue un 27 de diciembre de 1874, donde en la llamada Atenas de Cuba, Matanzas, específicamente en un lugar que resulta sagrado para los amantes del deporte de las bolas y los strikes en Cuba, el estadio Palmar de Junco, donde las novenas de La Habana Base Ball Club y el Matanzas Base Ball Club celebraron el llamado primer juego de aquel casi desconocido deporte, y en donde los primeros se impusieron con marcador de 51 corridas por 9, para así dejar una huella que penetró en la vida de los residentes de la isla a tal punto que hoy continúa siendo parte de su idiosincracia.
El béisbol, se conoce no llegó a Cuba ese día, también se sabe este no fue el primero de los juegos en tierras cubanas, pero sin embargo, este partido si resultó el que dejó marcada una época en el quehacer de todos en el país. El mismo no solo constituyó parte de la diversión de un grupo de hombres con ganas de imponer un nuevo pasatiempo a los espectadores allí presentes o, como muchos mencionan, sino también de brindar a todos el “juego” que ya se había robado el corazón de otros. Pero lo cierto es que a partir de ese momento no solo este juego formó parte de todo un país, sino que se adentró como algo más y pasó por todas las esferas de la vida de la isla en los años por venir, resultando tanto parte de la política cubana de más de un siglo, así como de disputas familiares en diferentes épocas y hasta nuestros días. En fin, desde esa remota época y hasta el día de hoy, el cubano no ha dejado de exhibir su pasión de multitudes por un pasatiempo que resulta mucho más que eso y llega a convertirse en parte de la cultura de todo un pueblo.
Para nadie constituye un asombro el ver como dos de los conjuntos que dieron inicio un día como hoy a este pasatiempo en toda la isla fueran de los territorios de La Habana y Matanzas. Los primeros, porque jóvenes que estudiaban en el país vecino, Estados Unidos, comenzaron primero aprendiendo el deporte en aquella tierra, y luego viajaron a Cuba transmitiendo su práctica a cubanos en la isla, los segundos, pues simplemente estaban influenciados por el también país del norte, al llegar a la conocida bahía matancera muchos buques norteamericanos.
Aquel 27 de diciembre pues ambos conjuntos ofrecieron un esfuerzo inusitado en aras del triunfo. Varios nombres, sin embargo, e independientemente del resultado final, dejarían también una huella. De este modo encontraríamos a Esteban Bellán – conocido como el primer latinoamericano en jugar en el béisbol organizado de Estados Unidos -, Emilio Sauborín – fundador del Club Habana, patriota y mártir de nuestra guerra independentista -, Nemesio Guillot – mencionado más de una vez como la persona que introdujo el béisbol en Cuba -, y otros como Dulzaides, Paine, Sánchez, como son récordados estos últimos en el único periódico de la época que dio cobertura al hecho, el diario La Aurora del Yumurí, el cual el 28 de diciembre recogía el incidente por vez primera de manera oficial en el país.
Es digno récordar que aunque la paternidad del deporte que hoy conocemos y adoramos quizás no estaba ni en la mente de estos que aquel 27 de diciembre salían al terreno, pues si es cierto que aquel juego, que se mencionaba provenía o estaba influenciado del criquet, rounders o townball, lograría algo, y era el terminar captando a todo un país con una magia inusitada que todavía hoy, 135 años después, está vigente.
Apenas cuatro años después de aquel partido se decidió la celebración del primer campeonato de Cuba. Tres conjuntos serían los contendientes, Habana, Almendares y Matanzas, y la diferencia entre este y el surgimiento oficial del primer campeonato en territorio norteamericano, en 1876 con la creación de la Liga Nacional de Béisbol, era tan solo de dos años.
Aquel primer campeonato sería inaugurado en un terreno de La Habana, equipo del mismo nombre que sería el campeón, y entre las reglas que se imponían con el inicio del torneo estaba aquella que decía que los partidos serían celebrados en días festivos o domingos y que los mismos comenzarían a partir del día 29 de diciembre.
Corría el año de 1878 y estos torneos durarían hasta 1895, en donde la innegable participación de jugadores como libertadores en una guerra que daba inicio contra el régimen colonial de España, provocaría la suspensión de los mismos y además provocaría que muchos cubanos se convirtieran en inmigrantes del territorio norteamericano, principalmente en cercanos lugares como Cayo Hueso, y celebraran, entre otras cosas, partidos de béisbol a manera de exhibición para recaudar fondos para la Guerra que se gestaba en Cuba.
Concluída la llamada Guerra del 95, Cuba cayó en una etapa de república mediatizada, lo cual provocó el surgimiento posteriormente de La Liga Cubana de Béisbol Profesional, reemplazando esta a la ya conocida Liga Nacional Cubana.
A partir de este momento varios hechos, imposibles de describir todos por cuestión de espacio, surgen en Cuba y todos estarían ligados a la práctica del deporte de las bolas y los strikes. En esos mismos inicios de siglo en Cuba se crea un equipo plenamente de jugadores blancos, los llamados All Cubans, quienes realizan un viaje a New York, Estados Unidos y reciben ovaciones por su forma de jugar, causando una grata impresión.
El conjunto All Cubans, estando en territorio norteamericano, conoce de la creación de equipos con jugadores de color, raza negra, y que de manera coincidente o curiosa para ellos, uno de ellos se denominaba Cuban X Giants, selección que termina siendo invitada a celebrar varios partidos en La Habana, allá por 1903.
Otro gran acontecimiento es celebrado en el año 1907 cuando el primer parque techado para la práctica del deporte es construído en La Habana. Resulta el llamado, Almendares Park, que originalmente se encontraba ubicado en la Avenida de Carlos III, y que posteriormente fue trasladado a donde se erige la actual Terminal de Omnibus Interprovincial en la actual capital de Cuba.
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Anotación del primer partido celebrado el 27 de diciembre de 1874 en el estadio Palmar de Junco en Matanzas.
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Con todos estos hechos sucediéndose desde inicios de siglo, pues era de esperar que los llamados Scouts de Grandes Ligas comenzaran a realizar sus conocidos viajes de reclutamiento por terrenos de Cuba. Como dijimos, desde mucho antes, ya Cuba en representación de además latinoamérica, había colocado el primer hombre en aquel circuito norteamericano con la presencia del ahora célebre Esteban Bellán, quien estudiando en Estados Unidos desde 1863 se registra 8 años después, en 1871, como integrante de la primera liga profesional de este deporte en el mundo, la Asociación Nacional, como parte del elenco Troy Haymakers.
A partir de momentos como este y con el comienzo de la llegada de los ahora conocidos como agentes norteamericanos a Cuba, se comienzan a inscribir nombres de beisbolistas cubanos en tierras norteamericanas y el deporte comienza a crecer dentro de la isla. De ese modo nombres como los del jardinero Armando Marsans o del tercera base Rafael Almeida, no tardarían en verse en los listados del béisbol norteño. A ellos le seguirían posteriormente otros como Adolfo Luque y Miguel Angel González.
Por supuesto, Cuba estaba llena de jugadores de calidad que bien pudieron hacer el grado en aquel béisbol, y entre ellos se encontraban jugadores de color, a los cuales, como a tantos otros, se les negó su entrada por la segregación racial que existía en la época. Entre ellos está el nombre más récordado y conocido, pero sin ser el único, y era el de José de la Caridad Méndez, apodado como el “El Diamante Negro” quien entre los hechos que protagonizó y que dan fe de su grandeza, está aquel en donde eslabonó una cadena de 45 escones consecutivos en el año 1908 y que incluyó tres juegos contra el famoso equipo de Ligas Mayores Cincinnati Reds, otro contra La Habana y un quinto contra el Key West norteamericano.
Otra memorable figura, Eustaquio “Bombín” Pedroso, alternando con los conjuntos de Fé y Almendares, en un partido de exibición, dejó al Detroit Tigers, campeón de la Liga Americana en el año 1908, sin hits.
Otras dos grandes leyendas harían época también, se trataba de Adolfo Luque con su récord de 27 victorias en 1923, en donde terminó siendo el mejor pitcher del año jugando con el Cincinnati, además de desarrollar una carrera de 20 años en las Mayores en la cual compiló un total de 194 victorias con 179 derrotas, 3.24 de PCL y un total de 1130 ponches propinados. Luque fue una de las primeras leyendas latinas en el béisbol de la Gran Carpa y se ubicó, entre otras cosas, como el primer jugador latinoamericano en realizar varias hazañas, entre la que se incluye ser el primero en participar en un Juego de Serie Mundial, en la tristemente célebre edición de 1919. En 1967 Adolfo Luque fue electo para el Salón de la Fama del equipo Cincinatti Reds, en donde militó por un total de 12 temporadas, de 1918 a 1929.
Un segundo jugador, quien no tuvo la suerte de participar en la Liga Mayor norteamericana, resultó la figura del immortal Martín Dihígo, quien sería uno de los principales valuartes de la Ligas Negras de Estados Unidos, que según argumentan los historiadores, en muchas ocasiones reunía igual o mayor calidad que las mismísimas Grandes Ligas. Dihígo fue una sensación fuera y dentro de Cuba, jugando en países como México, Estados Unidos y Venezuela, y desarrollando una carrera de 20 años en su país. Posteriormente Dihígo haría historia con su llegada en 1977 al Salón de la Fama de Estados Unidos, primer cubano en lograrlo y sin siquiera tocar un terreno de las Mayores.
Sin duda que por todos estos años no se pueden pasar otras figuras legendarias pero que harían nuestra lista interminable, hay que señalar que tampoco podemos olvidar la celebración de otros torneos o ligas cubanas como la Liga Obrera Nacional, La Liga de Pedro Betancourt, la Unión Libre Amateur de Oriente, las Ligas Semiprofesionales Libres, las Ligas Azucareras y la Unión Atlética Amateur de Cuba. Esta última se consideró como la que más figuras aportó a la pelota profesional de la época a cualquier nivel. La Unión Atlética Amateur de Cuba realizó su primer campeonato en 1914 y durante 47 años consecutivos nunca fue interrumpida. La misma, como habíamos dicho, fue cantera de peloteros que posteriormente pasaron al béisbol profesional y dentro de los que podemos destacar entre muchos a: Roberto Ortíz, Pedro "Natilla" Jiménez, Evelio Hernández, los hermanos Andrés y Angel Fleitas, Julio Moreno, Pedro Pagés, Juan Decall, Wito Alomá, Napoleón Reyes, Limonar Martínez, Mike Fornieles, Roberto Estalella, Conrado Marrero, Tata Solís, Agapito Mayor, Adrián Zabala, Daniel Parra, Willie Miranda, Francisco Quicutis, Virgilio Arteaga, Catayo González entre otros. La Liga Nacional Amateur fue fundada por José Sixto de Sola. El primer torneo, celebrado en 1914, fue ganado por el Vedado Tennis Club con récord de 13-3, en los siguientes lugares quedaron ubicados el Instituto de La Habana (10-6), Sociedad de Marianao (7-10) y Atlético de Cuba (3-14).
Otra etapa ha récordar en estos 135 años de historia es el surgimiento de las Series Mundiales Amateurs en donde La Habana y Cuba, como ciudad y país respectivamente, jugaron un papel primordial, la ciudad lo hizo sirviendo de sede a estos eventos de 1939 a 1943 en el famoso estadio La Tropical, y Cuba, por su parte, ganando la mayoría de los torneos en una prueba de su calidad beisbolera.
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Monumento erigido en Cuba en homenaje al patriota y participante del primer juego oficial de béisbol en la isla, Emilio Saubourin. |
Tampoco podemos olvidar el hecho que dió paso a lo que hoy conocemos como el béisbol cubano actual, el surgimiento de las llamadas Series Nacionales, el 14 de enero de 1962, provocado por la abolición de la práctica del deporte profesional en Cuba, y que vió como un 8 de febrero de 1961 los conjuntos de Cienfuegos y Almendares celebraban el último partido de la Liga Profesional Cubana. Esa temporada, la de 1960-1961, se jugó por primera vez en décadas, solo con jugadores cubanos. Algunos se mostraron pesimistas y se pronunciaron por un rotundo fracaso. Los peloteros sufrieron rebaja en los salarios, las pelotas comenzaron a devolverse al terreno, por el hecho de que la compañía norteamericana que las comerciaba se negó a venderlas y las que estaban en los almacenes no alcanzaban.
A pesar de todo, el torneo resultó uno de los mejores hasta la fecha. Entre los cuatro clásicos equipos que tomaban parte, Almendares, Cienfuegos, La Habana y Marianao, Los Elefantes de Cienfuegos, campeones de la edición anterior, eran los favoritos. Tony Castaño se mantuvo como el director de los Elefantes; mientras Regino Otero condujo a los Alacranes de Almendares, José María Fernández a los Tigres de Marianao y Fermín Guerra a los Rojos del Habana. Desde su posición de dueño, Miguel Ángel González observó cómo sus Leones terminaban en la tercera posición. El campeonato llegó al último día, el 8 de febrero de 1961, con un empate entre el Cienfuegos y el Almendares. En esa situación, Castaño colocó a su estrella del pitcheo, Pedro Ramos, quien dominó sin problemas a los Alacranes y Cienfuegos se alzó, por última ocasión, como campeón de Cuba.
Como señalamos, posterior a esto un 14 de enero de 1962 surgió la I Serie Nacional de Béisbol de Cuba, de categoría amateur y que se nutrió con jugadores de, fundamentalmente, La Liga de Pedro Betancourt, la cual completó en gran medida la nómina de aquellos primeros cuatro conjuntos, Occidentales, el campeón, Orientales, Azucareros y Habana.
A estos torneos se unirían otros como las llamadas Series Selectivas, las Superselectivas y la Copa Revolución, así como un torneo especial llamado de los Diez Millones en 1970, y una Serie Especial en 1974-1975, unido a los Juegos de Estrellas y los constantes cambios de estructuras que vinieron acompañando a cada una de ellas. También estarían la entrada de equipos como el tradicional Industriales, que se convertiría en un emblema para muchos en toda Cuba con sus cuatro campeonatos consecutivos de 1963-1966 y posteriormente la conquista de 11 títulos en el país, y la adición posterior de otros como los Azucareros o Villa Clara ahora, Santiago de Cuba y Vegueros o Pinar del Río actualmente, quienes hoy por hoy constituyen aún los cuatro grandes conjuntos de la pelota nacional.
Pero también las épocas cambiarían política y económicamente como mismo sucedió a finales del siglo XIX. De este modo, crisis económicas en los 90 provocarían, entre otras cosas, pérdidas de interés general en nuestro torneo mayor durante una etapa, decisiones irreversibles e incomprensibles de retiros de peloteros, asi como salidas del país de muchas figuras de cierto o más bajo nivel en nuestro béisbol en busca de jugar extrafronteras con o sin el consentimiento de las máximas autoridades beisboleras de Cuba.
Así, hoy 27 de diciembre y 135 años después de aquel acontecimiento histórico, Cuba continúa su carrera dentro del deporte de la bolas y los strikes con la mira puesta en el futuro. Muchos retos sigue enfrentando tanto dentro como fuera el país antillano en la esfera beisbolera, para los más pesimistas, la pérdida de títulos en la arena internacional al igual que las más recientes salidas de peloteros para triunfar en otras ligas, significan el fin de la hegemonía beisbolera cubana en tiérras foráneas y en general la pérdida del interés del béisbol en el mismo país. Sin embargo, aquellos que de verdad aman y conocen la historia de este simple pero apasionante deporte dentro de Cuba, se niegan a creer que escaramuzas como estas puedan matar un deporte en un país que por 135 años ha sido, en miles de ocasiones, la verdadera vida y pasión de sus ciudadanos.
Ray Otero es columnista en Español y director del sitio www.baseballdecuba.com, y ejerce su labor junto al reconocido escritor norteamericano y columnista en Inglés, Peter C. Bjarkman.
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