El 7-4 luce bien en la pizarra. Una victoria, dos puntos, segundo lugar del grupo. Para el aficionado casual, todo está bien.
Pero el béisbol no se juega en las líneas del box score. Se juega en los momentos donde el juego quiere inclinarse y alguien lo endereza. Se juega con los errores que no cuestan carreras... hasta que cambia la historia. Se juega en esos lanzamientos que, de entrar una pulgada más al centro, cambian la historia de un país.
Cuba ganó. Pero entre la explosión del primer inning y el último out de Raidel Martínez, hay un territorio gris que este equipo debe cruzar si quiere sobrevivir contra Puerto Rico.
Esto no es un resumen. Son las señales detrás de una victoria que nos dejó algunas dudas.
LECCIÓN 1: La necesidad de una ofensiva más consistente.
Lo más brillante del ataque cubano fue también lo más engañoso.
Dos swings. Nada más.
En el primer inning hubo una reacción contundente: Colombia acababa de anotar, el partido amenazaba con volverse incómodo, y entonces apareció Ariel Martínez para recordar por qué es el hombre de confianza del manager Germán Mesa. Su jonrón de 102.5 mph no solo estremeció el marcador: cambió la probabilidad del juego en +19%, el movimiento más grande de toda la tarde.
Un lanzamiento después, Erisbel Arruebarrena hizo lo mismo. Dos swings consecutivos. Cuatro carreras. Partido volteado.
Pero después de ese vendaval inicial, la ofensiva cubana entró en un estado curioso: produjo lo justo para no perder, pero no lo suficiente para sentenciar.
El resto del camino, Cuba bateó apenas de 7-1 (.143) con corredores en posición de anotar. Doce corredores dejados en base por Colombia hablan de la inconsistencia del rival, no de la efectividad cubana. En la quinta entrada, con hombres en primera y segunda sin outs, una doble matanza mató cualquier posibilidad de rally. En la séptima, con las bases llenas y un out, el emergente Daniel Vellojin conectó un rodado al pitcher.
La pregunta incómoda es esta: ¿Qué pasa si esos dos swings del primer inning no aparecen contra Puerto Rico?
Porque Puerto Rico no será Colombia. No regalará 10 bases por bolas. No dejará 12 hombres en circulación. No permitirá que un error defensivo—como la costosa pifia del center fielder Tito Polo—pase desapercibido.
Cuba necesita demostrar que puede construir carreras, avanzar entradas y no solo esperar el batazo que resuelva un rally.
LECCIÓN 2: El bullpen, “antes” y “después”…
Por segundo juego consecutivo, Yariel Rodríguez fue consistente en el montículo. Tras el inicio tambaleante de Denny Larrondo, quien entregó cuatro boletos y tiró un wild pitch en dos entradas, el manager Germán Mesa no tuvo otra opción que enviar a Yariel a relevar. Fue un movimiento osado, pero probablemente la mejor opción que tuvo en toda la tarde antes de generar múltiples críticas con el manejo de su bullpen. Yariel entró en el tercer capítulo y rápidamente frenó a la ofensiva de Colombia: un sencillo, seis outs, tres ponches, no hubo libertades. Entregó el juego en el quinto capítulo con la ventaja por 4-1 intacta. Fue el “antes”, pero luego llegó el “después”.
En cada juego en que Yariel Rodríguez esté disponible, Cuba tiene tres entradas de bullpen con alta probabilidad de contener a sus oponentes. Dos de Yariel y una entrada reservada para el cerrador, Raidel Martínez. Si el lanzador abridor avanza solo dos innings, como ocurrió con Larrondo, Cuba tendrá que conseguir alrededor de 12 outs sin Yariel o Raidel en el montículo.
Así pues, tras el relevo impecable de Yariel, Pedro Santos, Darién Núñez, Emmanuel Chapman, Miguel Romero y Yoán López se combinaron para cuatro entradas, siete hits permitidos, tres carreras limpias, cinco boletos y tres ponches. En todas las entradas entre el quinto y el octavo, Colombia embasó al menos a dos corredores. Pero el bateo de los “cafeteros” fue deficiente con corredores en posición anotadora, aunque en la sexta y séptima entradas lograron anotar tres carreras combinadas.
Pedro Santos resolvió, aunque permitió tres embasados en el quinto, tras lanzar par de boletos y admitir un sencillo. Sin embargo, una doble matanza salvadora evitó males mayores y Colombia no permitió carreras. Tras el vendaval del quinto, era razonable comenzar la entrada con otro relevista. Germán no lo analizó así. Santos subió al box y caminó al primer bateador del inning, lo cual comenzó algunas complicaciones. Entonces entró el zurdo Darien Núñez.
Gustavo Campero, bateador ambidextro—no sé si Germán y la dirección del equipo lo tuvieron en cuenta—, se paró a la derecha y conectó un largo doble al right, golpeando una tercera bola rápida de Darién Núñez en la esquina exterior de la zona. Tito Polo bateó un elevado de sacrificio y remolcó la segunda carrera de Colombia. 4-2. Núñez dominó a octavo y noveno bates, Carlos Martínez con rodado al short, y luego ponchó a Dayán Frías para salir de aprietos.
Cuba anotó tres carreras en la parte baja del sexto, lo cual evitó una debacle. Y luego llegó el séptimo. Emmanuel Chapman subió al box por Cuba. Lanzó los pitcheos más veloces de todo el juego. Tocó las 97 mph. Pero estaba fuera de control nuevamente. Sencillo, wild pitch y boleto abrieron paso para enfrentar a Gio Urshela con dos outs.
Urshela entró al partido de 32-3 (.094) con nueve ponches y una sola remolcada en su historia durante nueve juegos con Colombia en los Clásicos Mundiales. Sin embargo, resurgió tras caer abajo en la cuenta 0-2 y golpeó el slider de Chapman para un sencillo remolcador. La presencia de Chapman era suficiente, pero Germán lo dejó enfrentar un bateador más. Boleto a Campero. Y otro bateador: dead ball a Tito Polo con bases llenas. ¿Y otro? No me habría sorprendido el supuesto “exceso” de confianza. Cuba corrió con suerte con tanta mala y conservadora gestión de Germán. Finalmente, Miguel Romero dominó a Carlos Martínez con rodado al box y Colombia dejó las bases llenas.
En el octavo, muchos pensamos que Romero abriría. Nada de eso. Germán mantuvo su plan, llevando al montículo a Yoán López. Está bien. Solo que López permitió dos imparables. Corredores en las esquinas, y otra vez una doble matanza resolvió. Donovan Solano roleteó por segunda, al guante de Yiddi Cappe. El resto fue fácil. Solano ya no es un corredor veloz.
La pregunta del “antes” y el “después” se impone: ¿Cuba siempre correrá la misma suerte?
LECCIÓN 3: El error de Tito Polo le dio un giro total al juego
Hablemos del momento que pudo cambiar el partido y que, de hecho, debería haberlo cambiado.
Sexta entrada. Dos outs. Cuba gana 4-2. Un elevado corto de Leonel Moas Jr. hacia el center field. Jugada de rutina. Out automático. Inning terminado.
Tito Polo perdió la bola.
Error. Carrera. 5-2. Hombres en segunda y tercera.
Acto seguido, Yiddi Cappe conectó un triple—aunque el left fielder Harold Ramírez no pareció leer bien la conexión—que limpió las bases y puso el 7-2.
El error de Tito Polo costó tres carreras en el inning, y la posibilidad de que Colombia pudiera mantenerse con esperanzas de avanzar en el Clásico Mundial de Béisbol. Si no hubiera cometido esa pifia, la pizarra hubiera quedado 4-4 tras el rally de dos carreras de Colombia en el inicio del séptimo.
Aprovechar los errores del contrario para anotar es parte del juego, pero no define realmente la victoria de un equipo. Contra rivales como Puerto Rico, es probable que esa historia hubiese sido diferente.
LECCIÓN 4: El primer bateador, la obsesión que falta
Hay un número que debería perseguir a los lanzadores cubanos tras el juego contra Colombia: 6 de 9.
Esa es la cantidad de veces que el primer bateador de Colombia se embasó en el juego. Seis de nueve entradas. Tres por boletos e igual número de veces por hit.
Es decir, en dos tercios del partido, Cuba comenzó cada entrada defendiendo desde atrás. Regalando la ventaja. Invitando al peligro.
Contra Colombia, eso se tradujo en 12 corredores dejados en base. Contra Puerto Rico, es muy probable que esos deslices se traduzcan en carreras.
El béisbol tiene una regla no escrita: el out más importante es el primero. Porque cuando el primer bateador se embasa, las probabilidades de anotar se disparan.
Cuba regaló demasiadas ventajas. Germán fue muy conservador. Después del explosivo primer inning de cuatro carreras, la ofensiva realmente no presionó. Las carreras del sexto no debieron haber llegado contra una defensa de élite. Luego, el bullpen tendrá que enfocarse en realizar pitcheos de calidad. Seis boletos fueron demasiados al nivel que esperamos ver a un contendiente en este Clásico Mundial. Y contra un equipo como Puerto Rico, esas ventajas no se perdonan.
Hoy sabremos si esta versión de Cuba está lista para competir... o si solo está sobreviviendo. Esperemos las próximas señales…
Autor
Escritor Senior y Editor en BaseballdeCuba.com. Escribo sobre béisbol para mi boletín de Substack, yirsandy.substack.com. Analista sabermétrico sin límites. Miembro de SABR. Comienzo tras el último out. Busco el valor invisible. ¡Hablemos de béisbol!