El Leadoff: Lección de béisbol moderno

Pecados capitales, lecciones aprendidas y una paliza histórica: Otra tarde en que el béisbol cubano se encontró con su realidad

El Leadoff: Lección de béisbol moderno

La selección cubana de béisbol llegó a Goodyear, Arizona, con la esperanza de seguir afinando detalles de cara al Clásico Mundial. Dos horas y media después, salió del estadio con una paliza histórica que debería avergonzar a unos y, sobre todo, preocupar a todos.

El 19-2 ante los Rojos de Cincinnati dejó claro lo lejos que está este equipo del béisbol que se juega en las Grandes Ligas. Porque esto no fue simplemente que los Rojos tuvieran un buen día ofensivo. Esto fue que cada lanzador cubano que subió a la loma parecía indefenso, uno tras otro, y los Rojos lo maltrataron sin piedad. Los números son brutales: 19 carreras, 19 hits, 10 extrabases —siete dobles y tres jonrones—. Los Rojos embasaron al menos dos bateadores en cada una de sus ocho entradas a la ofensiva. No hubo un solo inning de descanso, no hubo un momento para respirar.

Solo cuatro veces en 133 temporadas los Rojos habían tenido un juego con al menos 9 sencillos o menos, 10 extrabases o más y 19 carreras anotadas.

Esta fue una de ellas. Y enfrente estaba Cuba, preparándose para el Clásico Mundial.

Pero vayamos al detalle, porque ahí es donde se encendieron las alarmas.

 Los pecados capitales

Julio Robaina tuvo el primer error en el segundo inning. Dos outs, corredores en primera y segunda, cuenta de 2-2 contra TJ Friedl. El momento de matar la entrada. Robaina tiró una curva hacia afuera que se quedó en la zona, sin romper, y Friedl la reventó a 105.9 mph para un doble de dos carreras. Una curva que no rompe en Grandes Ligas es simplemente un lanzamiento lento. Y un lanzamiento lento en la zona es una invitación. Un manjar. No hubo perdón.

Luego vino Josimar Cousin, el de la recta de 95 mph—también tocó las 98—, la mayor velocidad del staff. Contra Spencer Steer insistió una y otra vez con lanzamientos pegados. Cinco pitcheos bien adentro. El sexto se le quedó en la zona y Steer lo aplastó y conectó un doble—o mejor dicho, ¡un misil! Contra Noelvi Marte decidió subir una recta alta. ¿La velocidad?: 95 mph, sí, pero plana, sin movimiento. Marte la conectó a 105.8 mph y la mandó a 397 pies por todo el left field. Jonrón de tres carreras. El juego se fue a 6-0 y la tarde ya tenía dueño.

Randy Martínez subió en el cuarto y cometió el pecado de la lentitud. Un lanzamiento a 78 mph, alto y afuera, que Stewart esperó como quien espera el autobús, lo midió y lo envió al otro lado del jardín. 78 mph. En un estadio de Grandes Ligas, eso es práctica de bateo.

Armando Dueñas Jr. cerró la cuenta en el octavo con el pecado de la ingenuidad. Había mostrado la mejor recta del staff en términos de movimiento, pero decidió abrir contra JJ Bleday con una recta de 92 mph en el medio de la zona. En Cuba, una recta de 92 mph es casi imparable. El promedio de la recta en la Serie Nacional es 83 mph. Una de 92 es un pitcheo de poder. Pero Bleday viene de un mundo donde ve rectas de 98 en el desayuno. Para él, 92 mph es un regalo. La esperó, la midió y la desapareció. Jonrón de tres carreras.

Dueñas Jr. no podía esperar algo peor. El problema es que, a este nivel, debió saberlo. 

La otra cara del box score

Miremos ahora el otro lado, porque ahí está la lección. Rhett Lowder, abridor de los Rojos, lanzó tres entradas con un cambio de velocidad que generó el 80% de swings y fallos. Ocho de cada diez veces que los cubanos hicieron swing a su cambio, fallaron. Luis Mey lanzó una entrada con un slider que generó el 100% de swings en blanco. Brock Burke tuvo un cambio con 60% de whiff.

¿Qué tienen estos muchachos que no tuvieron los lanzadores cubanos? Tienen pitcheos que rompen, que engañan, que generan swings ineficientes. Tienen out-pitch. Los lanzadores cubanos, en cambio, tenían rectas planas y rompientes que no rompían. El resultado: solo 2 ponches en nueve entradas. DOS. En un juego de Grandes Ligas, eso es casi un milagro estadístico. 

La ofensiva sigue siendo “indefensa”

Otra vez, el problema no fue solo el pitcheo. La ofensiva cubana acumuló 17 entradas consecutivas sin anotar entre los dos juegos de exhibición. Nueve entradas en blanco contra los Reales, tres más en este juego hasta el cuarto inning. Cuando finalmente anotaron, fue con un rodado de Malcom Núñez y un elevado de sacrificio de Omar Hernández. Ni un solo hit remolcador en 17 entradas.

El único extrabase de Cuba fue el doble de Leonel Moas Jr. en el octavo, un batazo duro de 103.4 mph. Para entonces, el juego estaba 19-2 y no importaba nada.

Y luego está lo que pasó en la baja del tercero. Alexander Vargas pegó sencillo. Lo cogieron robando. Yiddi Cappe, el siguiente, también pegó sencillo —y ojo, Cappe conectó el batazo más duro del juego para Cuba, 110.7 mph, un cohete—. Lo cogieron robando también. Dos outs en la misma entrada, regalados, con el equipo perdiendo 6-0.

Uno entiende la necesidad de ser agresivo, pero en ese contexto, con ese marcador, contra ese pitcheo, ¿mandar a robar dos veces seguidas? No fue agresividad. Fue desconexión con la realidad del juego. Resultó el tipo de jugada que hemos visto ordenar a Germán Mesa.

A veces me pregunto si se trata de una filosofía muy particular de él, de la desesperación al ver que nada funciona. Sí, no he olvidado el movimiento de llevar a Alexeis Ramírez al left field. ¿Esperabas un resultado positivo? “El Pirineo” cometió una pifia. Ariel Martínez lució perdido contra los Royals. Está fuera de su posición más reciente. La lista de improvisaciones es larga. Desde luego, esto podría ser cierta inspiración de Germán, sin importar el momento de juego, simplemente para intentar algo diferente. Suena tan ridículo como hemos visto los resultados precompetencia.

Lo menos perjudicial para Cuba dentro del caos es que estos juegos no cuentan para el Clásico Mundial. Sin embargo, ¿qué otras expectativas podrían quedar para el equipo y toda la fanaticada si este resultado preliminar ha sido un desastre?

Cuba fue el único equipo blanqueado en estos partidos de preparación entre los que jugarán en el Grupo A. Eso sí, a Panamá y Colombia les sucedió lo mismo: anotaron solo dos carreras en dos partidos. Panamá perdió por 11-1 ante los Yankees, y luego 2-1 enfrentando a los Tigres. Colombia cayó 7-1 contra los Piratas y 9-1 ante los Bravos.

 Lo que viene

Cuba tiene algo de talento para lucir mejor. Eso nadie lo discute. Moncada conectó una línea de 97.4 mph. Cappe tuvo ese cohete de 110.7. Moas Jr. pegó el único extrabase con 103.4 de velocidad de salida después de poncharse dos veces. Germán tendrá que replantearse los cambios y tirar una moneda al aire. Si espera a que los bateadores tomen su ritmo, no creo que el Clásico sea el laboratorio indicado. Y ese es su trabajo, buscar las mejores opciones, las piezas de un rompecabezas que no termina de armarse.

El problema es que el béisbol moderno no se juega solo con talento. Se juega con preparación, con análisis, con capacidad de ajuste. Se juega con pitcheos que rompen donde tienen que romper, con decisiones que entienden el momento del juego. Cuando escuché que este equipo tenía mejor talento en el pitcheo, sonreí. Sí, en gran medida porque es imperdonable que se obvie el gran desafío presente en un Clásico Mundial de Béisbol.

Y en esta tarde en Arizona, Cuba mostró que le falta mucho de eso. No es un problema de un juego. Es un problema de sistema, de formación, de entender que el béisbol que se juega en Cuba no es el mismo que se juega en las Mayores.

La pregunta ahora es si esta paliza servirá para algo. Si el eco de estos 19 hits resonará lo suficientemente fuerte como para que alguien se siente a pensar qué están haciendo mal. O, como tantas otras veces, pasará al olvido y en el próximo Clásico volveremos a ver las mismas carencias.

No fue un mal día. Fue una radiografía. Y la radiografía muestra que algo no funciona.

Autor

Yirsandy Rodríguez
Yirsandy Rodríguez

Escritor Senior y Editor en BaseballdeCuba.com. Escribo sobre béisbol para mi boletín de Substack, yirsandy.substack.com. Analista sabermétrico sin límites. Miembro de SABR. Comienzo tras el último out. Busco el valor invisible. ¡Hablemos de béisbol!

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