El Leadoff: Un sweeper, un swing, un juego
Cuba 3, Panamá 1: Un swing de Moncada y el dominio del pitcheo que el equipo necesitaba.
En el béisbol, a menudo hay historias que rompen el guion de las probabilidades. A veces los números nos dicen: "Esto no va a suceder". Y luego están las historias como la de Yoan Moncada, parado en la caja de bateo en la tercera entrada, haciendo exactamente lo que nadie esperaba...
Pero bien, respiremos. Empecemos por el principio, porque si no, esto no tiene sentido.
Liván Moinelo es una de esas rarezas que el béisbol cubano produce cada tanto. Treinta años, zurdo, acaba de ser MVP en Japón —el primer cubano en lograrlo, por si no lo sabían— y tiene un récord de 18 ponches en un juego de la NPB. Dieciocho. En 2025, su primera temporada como abridor completo, terminó con efectividad de 1.46. No es un número, es una advertencia.
Cuando Moinelo subió al montículo del Hiram Bithorn, parecía que estaba esperando un ómnibus. Tranquilo. Demasiado tranquilo. Y entonces, primera entrada, primera base, error en un tiro de Ariel Martínez en una jugada que debió ser out. Allen Córdoba, que corre como si estuviera en su última carrera, terminó en segunda.
¿Moinelo? Ni se inmutó.
Ponchó a Edmundo Sosa con una slider que parecía que iba a romperle la muñeca. Córdoba fue cogido robando en tercera, el cátcher Omar Hernández lo sacó con un tiro perfecto.
La defensa respondió bien a una situación inicial que ofreció probabilidades de anotar para Panamá: error, reacción, reset. Tres entradas y dos tercios después, Moinelo se fue con dos hits, cero carreras, cuatro ponches. Sabía que había hecho el trabajo inicial que se esperaba. Tenía ventaja por 3-0 en el marcador. El juego estaba en manos del bullpen.
Logan Allen tiene récord de 23-24 en Grandes Ligas, efectividad de 4.48. Pero el dato que importa hoy es otro: en 2025, su recta fue la tercera más lenta entre los abridores de la MLB, oscilando alrededor de las 92 millas.
Allen comenzó dominante. Seis de sus primeros ocho oponentes vieron dos strikes. Hasta el segundo inning. Dos outs. Cuenta de 2-0. Allen necesita un strike para resurgir. ¿Qué tira? ¿Recta de 91? ¿Cambio de velocidad? Allen eligió la bola rápida. Yoelquis Guibert se sentó a esperar y golpeó a gusto. La haló. Línea de 103 mph. Jonrón pegado al poste de right field.
Y aquí viene lo interesante: Cuba había anotado dos carreras en sus últimas 17 entradas de exhibición. Dos y en un solo inning. Contra los Royals y los Reds. Y de repente, un batazo solitario. 1-0.
Pero lo mejor —o lo más raro— estaba por venir.
Allen tenía una estadística incómoda en 2025: .739 de OPS la primera vez que enfrentaba a la alineación oponente, .665 la segunda, .864 la tercera. No llegaría a la tercera —venía limitado a unos 50 pitcheos. La segunda vuelta al orden era su momento de verdad.
Yiddi Cappe vio el primer pitcheo de la tercera entrada y lo mandó por la línea del left. Doble. Roel Santos tocó, avanzó a Cappe a tercera—un regalo permisible esta vez según la filosofía de Germán Mesa. Un out.
Y entonces, Moncada.
Esto es lo que necesitan entender sobre Yoan Moncada bateando a la derecha: no conectaba un jonrón como derecho desde septiembre de 2023. Casi dos años y medio. Ha perdido poder. Los equipos lo saben. Allen cayó en cuenta de 2-0 con dos cutters. Moncada conectó foul contra un sweeper interno. 2-1. Allen tiró otro cutter más pegado. 3-1.
Y entonces llegó la pregunta: ¿qué tiras cuando tu mejor pitcheo es el cambio, cuando tienes un arma letal en la mano? Allen fue al sweeper otra vez. Colgado. Bajo.
Y Moncada lo destrozó.
102.2 mph de salida. 369 pies. La emoción de los cubanos se apoderó del momento en el Hiram Bithorn. Cuba 3, Panamá 0.
Después de tanta inconsistencia, llegaba un breakout. Con esa ventaja, entonces el pitcheo comenzó a trazar el camino al éxito. Cuba lo estaba consiguiendo por esta vez. Pero he aquí el problema que persistió: después de ese jonrón, los últimos 13 bateadores fueron retirados consecutivamente. Trece. El 4-5-6 —Alfredo Despaigne, Erisbel Arruebarena y Omar Hernández— se fue de 12-0 con 6 ponches. Tres de Arruebarena. Dos de Hernández.
Y luego la quinta entrada. Cappe camina. El manager panameño José Mayorga trae al zurdo Miguel Cienfuegos. Santos se poncha. Moncada camina. Dos en base.
Ariel Martínez conecta una línea durísima al right. José Ramos la atrapa. Cappe sale para tercera. Moncada, pensando que Ramos tiraría a tercera, intenta llegar a segunda. ¿El problema? Ramos no tiró a tercera. Tiró a segunda y puso fuera a Moncada. Doble matanza 9-6.
El tipo de jugada que en un partido cerrado de verdad te cuesta el juego.
Cuba tuvo solo dos veces al bate con corredores en posición de anotar. Se fueron de 2-1 con corredores en posición anotadora. Ese “1” fue el jonrón de Moncada. Sin él, el juego habría sido 1-1, y quién sabe.
Yariel Rodríguez relevó a Moinelo en la cuarta con dos corredores en base. Dominó a Camargo con un elevado. Luego, siete oponentes, tres ponches. Perfecto.
Emmanuel Chapman pasó trabajo en la séptima, permitió la única carrera de Panamá. Darién Núñez entró con hombres en base y mató la amenaza con ayuda de una jugada de Moncada —otra— fildeando un bounce hacia adelante de Christian Betancourt.
Yoan López y Raidel Martínez cerraron. Cuatro ponches del bullpen en 5 ⅓ innings. Una carrera.
Panamá, por su parte, se fue de 9-1 con corredores en posición de anotar. Dejaron seis en base. Tuvieron un corredor atrapado robando tercera —Córdoba, otra vez— y otro out en tercera en la octava, cuando Sosa intentó avanzar en un rodado y Arruebarena tiró perfecto a Moncada.
La defensa cubana: Moncada haciendo jugadas —inició un doble play clave en el cuarto fildeando un rodado de Miguel Amaya—, Arruebarena con tiro preciso, Hernández detrás del plato. Pequeños momentos que no aparecen en la línea de averages.
El 8 de marzo de 2006, Cuba y Panamá debutaron en el primer Clásico Mundial. Fue en el mismo escenario del estadio Hiram Bithorn. Cuba ganó 8-6 en 11 entradas, con sencillos remolcadores del emergente Yoandi Garlobo y Frederich Cepeda.
Diecinueve años, 363 días después, Cuba volvió a enfrentar a Panamá en el Hiram Bithorn. Y volvió a ganar.
No fue tan dramático. No fueron 11 entradas. Pero tuvieron un jonrón decisivo para la victoria. En 2006 fue Yuli Gurriel, quien trajo las esperanzas cuando Cuba estaba a punto de caer. Esta vez, le tocó disfrutar el momento a Yoan Moncada. El pitcheo limitó a Panamá y la defensa hizo el trabajo en situaciones clave.
Veremos qué sucede en el Juego 2. Algo de lo que hemos aprendido con este equipo es su naturaleza impredecible: pueden pasar 17 entradas sin anotar, y luego irse delante con un jonrón de dos carreras de un bateador que no conectaba vuelacercas hace algún tiempo. Pero luego una cadena de 13 bateadores seguidos sin embasarse y, al final, ganar el partido.
Suena irracional, pero a veces el béisbol no se trata de consistencia. Se trata de momentos.
Y el momento de Moncada —ese sweeper colgado, ese swing que golpeó a 102.2 mph, esa pelota viajando 369 pies— fue suficiente.
A veces, suficiente es todo lo que necesitas.
Autor
Escritor Senior y Editor en BaseballdeCuba.com. Escribo sobre béisbol para mi boletín de Substack, yirsandy.substack.com. Analista sabermétrico sin límites. Miembro de SABR. Comienzo tras el último out. Busco el valor invisible. ¡Hablemos de béisbol!