• Yirsandy Rodríguez

Los subvalorados del béisbol cubano: Enrique Díaz — Industriales

Actualizado: 28 dic 2021



En esta pretemporada, Yirsandy Rodríguez retomará su columna contándonos las historias de varios de los jugadores más subvalorados del béisbol cubano en este siglo XXI. Inicialmente, habrá una historia cada semana y, luego, a medida que avance la pretemporada en este invierno, esta serie de “Los subvalorados del béisbol cubano” podría aparecer más de una vez por semana. Sí, será divertido y emocionante recordar a varios de los peloteros que quizás no llegaron a ser superestrellas, pero definitivamente aportaron grandeza y entrega a sus respectivos equipos. Esperamos que te sumes a este viaje por el tiempo y lo disfrutes.

 

Si se trata de ir en busca del primer bate ideal en el béisbol cubano, Enrique Díaz es uno de los hombres imprescindibles en la conversación.


Habilidad para poner la bola en juego, velocidad corriendo las bases y suspicacia para robar, exprimir a los lanzadores en el conteo y embasarse con frecuencia buscando anotar, son varias de las cualidades que esperamos de un primer bate ideal. Y de todas esas herramientas difíciles de unir en un bateador, Enrique Díaz no sólo cumplía cada una de ellas, sino que también fue capaz de extender sus virtudes a través de 26 Series Nacionales.


En su carrera entre los 19 y 43 años, “Enriquito” fue básicamente el mismo bateador que se destacó por un consistente swing de contacto, la dedicada disciplina en el plato y su impresionante velocidad. De hecho, fue tan estable en diferentes épocas de su carrera que, más allá de sus récords, la explosión de su talento le permitió una longeva y estable carrera.


Si prefieres ver la evolución de cómo fue dando un salto de nivel y luego se mantuvo sobresaliendo como pieza clave en los equipos que jugó a lo largo de sus 26 series, aquí hay una muestra reveladora: A los 20 años en la 27 Serie Nacional, Enrique Díaz registró 23 bases por bolas, 20 strikeouts y se robó 15 bases. ¿Diez años más tarde? Con 30, acumuló 51 bases por bolas, 48 strikeouts y 38 bases robadas en la 37 Serie Nacional. Y, una década después, a los 40, acumuló 41 bases por bolas, apenas 23 ponches y 11 bases robadas.


En 2012, cuando jugó a los 43 años su última temporada con Metropolitanos, tomó 69 bases por bolas —30 más que sus ponches—, se robó ocho bases en nueve intentos y produjo .384 OBP.


Así puedes resumirlo todo: “Enriquito” registró .366 OBP a los 20 años… Pero, a través de los años seguía conservando su tenacidad y suspicacia en el plato: Marcó .403 OBP a los 30, y .384 a los 43. ¡Eso fue impresionante! De hecho, no todos los jugadores que jugaron más de 20 series han podido retirarse con el admirable estado de forma de “La Bala de Centro Habana”, quien como primer bate, a los 43 años (jugó 91 partidos) seguía acumulando turnos con eficacia, embasándose y anotando carreras.

El valor: Más allá de los números

Quienes apreciaron la carrera de Enrique Díaz, probablemente estén de acuerdo en que su principal grandeza como atleta no está reflejada en ninguno de sus récords. Ni en los 2,378 hits, que dejaron atrás la marca de Antonio Pacheco (2,356), ni sus 100 anotadas en 2002-2003 (el récord aún vigente para una temporada), sus 99 triples, los 55 robos en 65 juegos durante la 32 Serie Nacional o las 726 bases robadas que parecen inalcanzables.

¡Ninguno de esos!, porque la contribución de Enrique Díaz a cada equipo donde jugó, fue incuantificable en números. Su legado como figura impulsora, los consejos que les brindó a los atletas más jóvenes y su entrega en pos de unir al equipo, trascenderán aún más que todos sus honorables récords.


Ese papel que jugó “Enriquito” como un puente entre sus compañeros y la dirección del equipo, buscando el importante enfoque del team work, fue clave para las victorias. “El aporte de Enrique fue vital en todos nuestro campeonatos, pero no sólo lo que logró en el terreno, porque su capacidad para ser un líder fue decisiva dentro del grupo”, me dijo Rey Vicente Anglada cuando le pregunté sobre la influencia de “Enriquito” más allá de su calidad como jugador.


Cuando aprecias ese extra que Enrique Díaz fue capaz de entregar a lo largo de su carrera, pensando más en victorias que números, no cabe duda que haberlo visto en acción derrochando su energía sobre cualquier almohadilla fue emocionante. Sí, era una combinación de expectativas y estrés que, cuando “La Bala de Centro Habana” entraba en circulación, se robaba el show captando miradas fijas en espera de un robo de bases.

A veces, no importaba quién fuera el bateador de turno porque, preferiblemente en los primeros dos lanzamientos del pitcher, eran altas las probabilidades de que “Enriquito” saliera en busca de la siguiente base. Lo hacía ante la custodia de cualquier batería de cátcher y pitcher.


No le interesaba el constante esfuerzo, y si debía regresar una, dos, tres, cinco o seis veces a causa de varios fouls, porque Enrique volvía con la misma agresividad a ponerle alma y corazón a la carrera con una sola meta: Entrar al plato. Pisar el home. Anotar una carrera más para su equipo y, como ocurrió a lo largo de sus años en activo, concederle una remolcada a cualquiera de sus compañeros, alcanzando una base adicional inalcanzable para otro corredor.


“No podías dejar de cuidarlo”, dijo Lázaro Valle sobre Enrique Díaz en una ocasión mientras analizaba un juego junto al estelarísimo zurdo lamentablemente desaparecido, José Modesto “El Chiqui” Darcourt. “Tanto pitcher o cátcher, si no muestra control de la situación, en un abrir y cerrar de ojos Enrique te robaba la base”, recuerda el supersónico que inmortalizó el número “21” con los Industriales y el equipo Cuba.


“Él (‘Enriquito’) va a salir una y otra vez, por eso hay que cuidarlo”, agregó Darcourt. “Esa habilidad natural que tiene Enrique, un don especial como corredor para robar, le permite a veces lograr su propósito incluso sin coger tanto espacio en primera, por eso hay que incomodarlo, no dejar que haga el trabajo tan fácil”. Sin embargo, a través de su carrera de 26 temporadas con 1987 juegos jugados, Enrique Díaz desbordó su perseverancia de forma admirable hasta los 43 años, evadiendo lesiones y duros momentos al ser constantemente un jugador subvalorado.

Legado: El leadoff ideal

Nunca fue poseedor de un portento físico como para estar al nivel de varios intermedistas sluggers de su época, y sus habilidades defensivas no eran extra clases, pero “Enriquito” supo explotar la grandiosa virtud que fue consagrando con el paso de los años en el béisbol: La sensacional velocidad que desplegaba corriendo las bases. Pero, además, la típica postura que esculpió —con las piernas bien abiertas y los brazos listos para un golpe en diagonal—, antes de desatar un swing de contacto capaz de rociar pelotas de béisbol preferiblemente hacia territorio del right-center.


Con esas herramientas, Enrique demostró que, cuando compites a un alto nivel —recordando el gran reto de sobresalir en su época—, los bateadores deberían buscar y explotar sus potencialidades a veces ocultas. A partir de saber cómo y qué podrían desarrollar, es muy importante conocer sus funciones dentro de un lineup. Y así lo hizo a través de su carrera de 26 años, donde produjo constantes OBPs por encima de .400 (18 veces en 26 campañas), en 19 de sus series robó al menos 20 bases y en 14 anotó más de 50 carreras.