• Yirsandy Rodríguez

Los subvalorados del béisbol cubano: Lázaro Arturo Castro - Pinar del Río



En esta pretemporada, Yirsandy Rodríguez retomará su columna contándonos las historias de varios de los jugadores más subvalorados del béisbol cubano en este siglo XXI. Inicialmente, habrá una historia cada jueves y, luego, a medida que avance la pretemporada en este invierno, esta serie de “Los subvalorados del béisbol cubano” podría aparecer más de una vez por semana. Sí, será divertido y emocionante recordar a varios de los peloteros que quizás no llegaron a ser superestrellas, pero definitivamente aportaron grandeza y entrega a sus respectivos equipos. Esperamos que te sumes a este viaje por el tiempo y lo disfrutes.

 

Por naturaleza, crecí como amante apasionado del béisbol, pero hubo algo que ayudó mucho a que creciera esa incesante atracción por el juego: Mis dudas.


Cuando comencé a ir solo al estadio, recuerdo que escuchaba con frecuencia las tradicionales discusiones entre fanáticos, y nunca dejó de llamarme la atención cómo trascendían mitos sin fundamentos. Normalmente, el fanático común suele escuchar la polémica y, en ocasiones, sumarse a un bando aún cuando no está convencido. Otros, sin embargo, exponen sus argumentos, algunos más sólidos y coherentes que otros, dependiendo del nivel de información y sus conocimientos.


En ese sentido, la estadística es crucial, pero el ojo del aficionado y su poder de análisis ayudan a mejorar la visión con cada vivencia. ¿Por qué recuerdo todo eso ahora, particularmente aquí en esta edición de “Mis jugadores ‘subvalorados’ favoritos”? Se debe a una experiencia de hace casi 20 años que nunca olvidaré: Los playoffs entre Industriales y Pinar del Río a inicios de este siglo XXI.


Durante marzo de 2002, recuerdo que en la temporada regular de la 41 Serie Nacional, los “pativerdes” vencieron 2-1 en la serie que disputaron en el estadio Latinoamericano. Pero lo interesante para entonces no fue exactamente el resultado de un juego sin presión, sino la expectativa que se estaba generando alrededor de la serie entre “verdes” y “azules”, Industriales y Pinar.


Aquel era el año donde el novato Kendrys Morales captaba toda la atención, pero al mismo tiempo, Lázaro Vargas, Germán Mesa, Lázaro Valle, Lázaro de La Torre y Omar Linares jugaban sus últimas campañas. Debutaba Donal Duarte en Series Nacionales, Alexei Ramírez robaba titulares y su versatilidad era apreciable, Yobal Dueñas estaba encendido y el cuarto bate pinareño, Daniel Lazo, marcó récord en remolcadas (89). Con su gran paso, Pinar del Río estaba a punto de cruzar la barrera de los 60 juegos, antes de fijar la nueva marca nacional con 64 triunfos en 90 juegos.


El ambiente, como de costumbre en uno de los clásicos más disfrutados en la historia del béisbol cubano, se gozaba al máximo. Entre tantas estrellas y jugadores de gran nivel, jóvenes y veteranos —quizás omití sin querer los nombres de algunos de ellos—, sobraban los nombres para predecir posibles protagonistas en cada desafío. Sin embargo, en la misma discusión que escuché en el graderío desde el primer duelo entre Lázaro de La Torre y el zurdo pinareño Osvaldo Jiménez, no predominaba el nombre que quizás la mayoría esperábamos.


Tal polémica se desató cuando el sexto bate de los “vueltabajeros” subió al plato, moviendo sus hombros y remangándose la camisa, dejando ver el número “3” en su espalda. “Ese es el castigador de Industriales”, dijo un fanático detrás de mí, donde estaba sentado en una posición dentro de la segunda sección de gradas detrás del home. Y, para mi asombro, pues pensé que el fanático era seguidor de los pinareños, tenía una gorra de Industriales.


“Olvídate de los otros. Qué cuento es ese. Escucha, que ahora van a anunciar al castigador de nosotros. A ese es al que hay que meterle out”, gritó el fanático.


Por algunos segundos, varios seguidores del team dirigido por Jorge Fuentes se quedaron en silencio, mientras el cátcher Lázaro Arturo Castro sacudía un doble de línea entre left y center, para aumentar la ventaja de Pinar del Río, 10-6. Y entonces aquellas palabras expresadas a puro sentimiento hacía pocos segundos, comenzaron a dar un bounce en mi mente.


Siendo honesto, nunca fui de los seguidores del béisbol que creyó fácilmente en supuestos “mitos” sin tener un argumento, una estadística exacta o una vivencia que hiciera guardar la historia en mi mente. Sin embargo, ese día perseguí especialmente cada turno de Lázaro Arturo contra el pitcheo de los Leones de la capital y, poco tiempo después, cuando terminé mi octavo grado en la secundaria básica, entendí a fondo por qué aquel aficionado de Industriales habló con el corazón.


Era cierto: A pesar de que no podía considerarse con el nivel de una estrella del juego en su época, Lázaro Arturo Castro trascendió en la historia, tanto de temporada regular o postemporada, como uno de los bateadores más difíciles de dominar por los pitchers de Industriales. Años después de aquel playoff de 2002, cuando pude comenzar el sueño personal de compilar las estadísticas de todos los peloteros cubanos en Series Nacionales, aquel seguimiento que le hice a cada turno del cátcher pinareño reveló algunos resultados sorprendentes.



Pero ninguno de ellos habría sido tan especial si no lo hubiese vivido, apreciando el rendimiento de, tal vez, uno de los cátchers más subvalorados en la década de los noventa. De hecho, Lázaro Arturo, quien se retiró en 2004 luego de 17 temporadas, cerró entre los mejores 15 cátchers de todos los tiempos (con un mínimo de 1,000 PAs) en remolcadas (541/13ro.), dobles (169/14to.) y bases por bolas (408/13ro.). Y si reducimos esa muestra general al lapso de sus últimas cinco temporadas regulares, también hay resultados considerables:


Entre todos los cátchers con al menos 500 PAs, ocupó:

Lugar 6) .296 BA (Average de bateo)

Lugar 8) 13.1 VG% (Porcentaje de empujadas decisivas por cada juego jugado)

Lugar 8) .786 OPS


Ese es el rendimiento de un receptor que superó la media de su época en Series Nacionales, pero cuando ubicas a Lázaro Arturo en otro contexto aún más importante, el rendimiento durante series de playoffs, es cuando aprecias más su carrera.