Sí, está de vuelta: La Élite “sin Élite”… ¿No es como debería llamarse realmente? Les pregunté a los números, que hablan por sí solos. En comparación con la pasada edición, que fue la peor en muchos aspectos, esto dicen:
—El promedio de carreras por juego ascendió de 11.5 a 12.2.
—Los lanzadores están más descontrolados que nunca: 4.03 en la edición anterior, ¡este año comenzó en 4.27!
—La efectividad no existe: 2025: 5.12, había sido la peor hasta que… 2026: 6.11. Casi una carrera permitida más.
—El WHIP es tan sincero: boletos+hits permitidos por cada inning lanzado, así va:
2022: 1.44
2023: 1.59
2025: 1.63
Historial antes de 2026: 1.54
¿2026?: ¡1.82!
—Explosión meteórica de abridores y bullpen. Vamos por parte: Abridores, 2025: 5.35 ERA… 2026: ¡6.80! Bullpens, 2025: 4.86 ERA… 2026: 5.53.
Esa es la antesala. De más está decir la falta de ritmo y entrenamiento que se hace notar en la mayoría de los jugadores, y la pésima calidad de los estadios. Nada cambia para bien en el béisbol cubano, que anda tan mal como la situación decadente del país. Como de costumbre, hice un análisis preliminar de algunos de los puntos inquietantes que nos dejaron las primeras series de la Liga Élite “sin Élite”. Te traigo una historia a seguir y lo que no debería sorprenderte de cada equipo. Pero esto da para más. Es solo el inicio. ¿Preparado para lo que viene?
Hubo un equipo que regaló 34 boletos en cuatro juegos. Hubo un bateador que empujó diez carreras en quince turnos. Solo uno. Produjo más que equipos enteros sin un solo jonrón espectacular.
Hubo un lanzador que en cinco entradas ponchó a siete y ganó. Y otro que en un tercio de entrada permitió cinco carreras y está lanzando para 135.00. En la misma “élite”.
Y el número que asusta: un equipo bateó .384 y perdió todos sus juegos. Anotaba seis por juego, pero permitía nueve. Así de sencillo, así de cruel.
Bienvenidos a la liga.
¡Ahí vamos!
ARTEMISA
La historia a seguir: Hay detalles que podemos tomar como conclusiones alternativas de primer impacto: Artemisa tiene el mejor pitcheo de la liga. Los números nos conducen a ese punto después de los primeros cuatro partidos. Incluso con las salidas inconsistentes de Erly Casanova y Raidel Alfonso, el pitcheo abridor de Artemisa tiene potencial para dominar. Su efectividad colectiva de 2.79 es la más baja del torneo, su average permitido de .241 es el mejor entre los seis equipos y su WHIP de 1.21 solo es superado ligeramente por Las Tunas.
Ahora, la gran pregunta aquí es qué versión vimos de la ofensiva de Industriales… Los Azules conectaron cuatro jonrones solitarios, y detrás de ese destello de poder, vimos algo peor: remolcaron solo el 14% de los corredores encontrados en posición anotadora, arrojando una tasa de ponches superior con 15%. De los siete extra bases que conectó Industriales, solo uno fue con corredores en circulación, un doble del refuerzo de los Elefantes de Cienfuegos, Félix Rodríguez. El resto llegó con bases limpias. El clutch no existió. Promediaron apenas .196 de slugging en esa situación, con más rodados para doble matanza (5) y ponches (8) combinados que hits (9). Los turnos de calidad no existieron.
En una liga donde el promedio de carreras por juego se disparó por encima de las dos cifras en varios encuentros, los lanzadores artemiseños mantuvieron a sus rivales bajo control. Su cuerpo de abridores, liderado por Brander Guevara (6 innings, 0 carreras, 7 ponches) y el zurdo Geonel Gutiérrez (5 innings, 0 carreras), demostró que se puede ganar con pitcheo si la ofensiva no explota. Y ese es justamente el punto: Artemisa no necesita que su bateo sea espectacular para competir. Necesita que sea funcional.
Lo que no debería sorprender: La ofensiva de Artemisa es apenas promedio. Su average de .309 la ubica en el tercer puesto, su OBP de .383 también es tercero y su slugging de .488 es segundo, impulsado por los dos jonrones de Dayan García en solo doce turnos al bate. Pero hay un problema estructural: el equipo dependió demasiado de tres o cuatro hombres. Dayan, Osbel Pacheco (.400 de average) y Raydel Sánchez (.357) cargan con el peso ofensivo, mientras que José Antonio Jiménez batea para .154 y Juan Manuel Pérez cerró este inicio en .188.
En el béisbol cubano, a diferencia de cualquier liga del mundo, el promedio de bateo toma una dimensión de dos vías: nos sirve para determinar quién puede superar la liga astronómicamente o no. Si promedias alrededor de .300, eres como un bateador de .240-.250 en cualquier liga invernal. Los .300 en Cuba no son la media. Ahora mismo, en la Liga “sin élite”, el bateador promedio tiene que sobrepasar los .328. Brutal. Sí, ya sabes, los averages están completamente inflados, pero son justos cuando los leemos de la manera correcta, porque nos sitúan rápidamente en el contexto de la liga.
La ofensiva de los Cazadores pudo haber logrado más, pero no pasó de un primer nocaut y varios momentos de inconsistencia: anotaron solo 8 carreras en los últimos tres partidos. Con suerte o, mejor dicho, pitcheo y defensa, para ser justos, los dirigidos por Yulieski González ganaron dos.
El número escandaloso que recuerda la Élite “sin Élite”: Artemisa cometió solo dos errores en cuatro juegos. Su defensa tuvo un porcentaje de .983, el más alto del torneo hasta ahora junto con Holguín. En los primeros 12 partidos de la liga se fildeó para .971. Desastroso. Ahora viene la pregunta que deja dudas: ¿qué hubiera pasado si esa defensa de Artemisa no hubiese estado tan exacta? Artemisa apenas pudo dividir la serie 2-2 contra unos Industriales que tuvieron la peor ofensiva del torneo por amplio margen. Aun así, los Azules les ganaron con un promedio de 3.0 carreras por juego en los últimos tres partidos.
Eso significa que cuando el pitcheo no se presente dominando al nivel esperado, Artemisa podría pasar trabajo para responder. La élite “sin élite” se recuerda cuando los equipos con buenos brazos no pueden ganar series porque sus bates se quedan dormidos. Ese es el riesgo real de Artemisa: ser el mejor equipo sobre el papel en cuanto a pitcheo y quedarse fuera de los playoffs por falta de carreras. De cualquier modo, no sé qué piensas, pero creo que pueden resolver…
HOLGUÍN
La historia a seguir: No hay forma de decirlo suavemente: Holguín tiene el peor pitcheo de la liga, y no parece ser discutible. Su in-efectividad de 8.82 es un desastre en proceso. Su WHIP de 2.02 significa que, en promedio, permiten más de dos corredores por entrada. Su average oponente de .361 es el peor del torneo. Permiten demasiado contacto. No ponchan. No consiguen ni siquiera conteos de dos strikes con frecuencia. Y lo más alarmante es que esto no es producto de un solo lanzador que tuvo una salida horrible. Es un colapso colectivo que abarcó a casi todos los que subieron a la loma. Frank Navarro permitió siete carreras limpias en dos entradas y dos tercios. José Miguel Rodríguez permitió cinco en dos entradas. Ruben Rodríguez, en apenas un tercio de entrada, permitió cinco carreras. Si Holguín no encuentra una solución inmediata en su rotación, esta temporada será un calvario.
Lo que no debería sorprender: Lo paradójico es que la ofensiva de Holguín es todo lo contrario. Batearon para .271 de average, liderados por Luis Vicente Mateo, quien conectó cinco dobles y un triple en 17 turnos al bate para un impresionante slugging de .882. Carlos Barrabí bateó .462 con un OBP de .533. Yasiel Andy González desató su poder: conectó dos jonrones y remolcó cinco carreras. El problema no es que Holguín no pueda anotar: anotaron 20 carreras en cuatro juegos, una cifra casi idéntica a la de Artemisa. El problema es que su pitcheo permite 34. Fueron bombardeados por los bateadores de los Leñadores de Las Tunas. La mejor noticia para el manager Lugdis Pineda es que no volverán a enfrentar a los Leñadores hasta el próximo 16 de junio, cuando comiencen la última serie de la temporada regular.
Necesitan duplicar las carreras que permiten como promedio. Algo así como producir al menos ocho o nueve carreras por partido para aspirar a ganar, pero sin garantías. El desbalance entre lo que produce el bateo y lo que regala el pitcheo es tan enorme que ningún equipo podría competir. Si Holguín tuviera un pitcheo promedio, con esa ofensiva estarían proyectando su camino a los playoffs. Este no parece ser el momento. No lo tienen.
El número escandaloso que recuerda la Élite “sin Élite”: Holguín utilizó once lanzadores en cuatro juegos. Once. Solo cuatro de ellos terminaron con efectividad por debajo de 4.50. El resto fueron un desfile de números que parecen errores de cálculo: 17.18, 23.63, 22.50, 135.00. Las muestras pequeñas a veces son crueles, pero cuando nos exhiben un desastre a esta magnitud colectiva, deberíamos prestarle atención. Ese último no es un error: Ruben Rodríguez lanzó un tercio de entrada, permitió cinco carreras y terminó con una efectividad de 135.00. En una liga que se supone es de élite, esos números pertenecen a un equipo que no está listo para competir… La élite “sin élite” se recuerda cuando los juegos se deciden por el ineficiente pitcheo, lo cual también suele “inflar” la producción del bateo rival. Eso es exactamente lo que pasó con Holguín: su rival, los Leñadores, no tuvieron que esforzarse para anotar. Solo tuvieron que subir al plato a golpear la pelota.
INDUSTRIALES
La historia a seguir: La historia de Industriales es corta y dolorosa: no pudieron batear. Fueron últimos en average (.241), OBP (.303), slugging (.380) y en carreras anotadas con solo nueve en cuatro juegos. Para poner eso en perspectiva, Matanzas anotó 36. Las Tunas anotó 34. Artemisa y Mayabeque anotaron 22 y 25, respectivamente. Industriales anotó nueve. En una serie donde enfrentaron a Artemisa, que tiene una de las mejores rotaciones de pitcheo de la liga, es cierto que el rival era difícil. Pero nueve carreras en cuatro juegos es un número tan bajo que trasciende al rival. Es un problema del bateo. Realmente, los Azules no dejaron señales de que vaya a mejorar pronto. ¿La mejor noticia? Aun así, ganaron dos partidos.
Lo que no debería sorprender: El pitcheo de Industriales fue apenas regular, con una efectividad de 5.81 que los colocó en la mitad de la tabla. ¿Regular con 5.81 de efectividad? Sí, el promedio de la liga fue 6.11… Pero ese número es engañoso porque, a pesar de ser el cuarto mejor del torneo (en un grupo donde dos equipos tienen efectividad de 8.82), el pitcheo azul permitió cinco jonrones en 31 entradas, la tasa más alta de la liga. Por cierto, los abridores lanzaron para 8.10 de inefectividad, y Carlos Manuel Cuesta fue el único que logró avanzar más allá del quinto inning.
Eso significa que, contra los Leñadores, podrían tener grandes problemas. Y con una ofensiva que anota poco más de dos carreras por juego, cualquier error del lanzador es sentencia de muerte. El récord de Industriales fue de 2-2, pero ese balance es profundamente engañoso. Con esa ofensiva, ninguna serie está asegurada, incluso cuando el pitcheo tiene un buen día.
El número escandaloso que recuerda la Élite “sin Élite”: Industriales tuvo un solo bateador con promedio por encima de .350 en la serie: Yoangel La O, con .444 en nueve turnos al bate, un volumen demasiado pequeño para sostener a un equipo. El resto del lineup fue un desierto. El refuerzo Jonathan Bridón bateó .357, pero solo encontró a un corredor en posición anotadora en 14 apariciones al plato. En cambio, Yaser Julio González entró a la caja de bateo con seis y remolcó solo uno. Luego vienen Ariel Hechavarría (.143), Tailon Sánchez (.231) y Yasiel Santoya (.091.), quienes fueron eliminados con frecuencia.
Pero el número más estridente es otro: Industriales tuvo a 73 corredores en bases: los bateadores remolcaron solo 5. Con una ofensiva tan pobre, las dudas comienzan a sonar desde los primeros swings de esta Liga Élite “sin Élite”.
LAS TUNAS
La historia a seguir: Las Tunas demostró que se puede ganar sin jonrones, aunque estoy seguro de que pronto van a comenzar a golpearlos con más frecuencia. En una liga donde los lanzadores ponchan a proporción de 0.94 oponentes por encima de sus boletos, los Leñadores siguen teniendo la alineación con más swings competitivos. Solo conectaron cuatro en toda la serie, la misma cantidad que Industriales y menos que Artemisa y Matanzas, pero anotaron 34 carreras, solo dos menos que los líderes. ¿Cómo lo hicieron? Con promedio. Con bateo oportuno. Con la capacidad de mover corredores y no desperdiciar turnos. Ningún equipo registró la eficiencia que exhibieron los Leñadores: todos los bateadores que acumularon al menos una aparición al plato consiguieron remolcar por lo menos una carrera.
Yordanis Alarcón fue el principal productor tras remolcar 10 carreras, cifra con la cual llegó a 102 en Ligas Élite, entrando a la historia de los bateadores con más empujadas. El promedio de bateo colectivo de los Leñadores (.361) fue el segundo mejor del torneo, su OBP de .424 cerró segundo y su slugging de .500 fue tercero. Pero lo más impresionante fue su producción con hombres en posición anotadora, situación en la que remolcaron el 32% de los corredores.
Lo que no debería sorprender: El pitcheo de Las Tunas fue apenas efectivo, con una efectividad de 4.50 que los colocó en el tercer puesto. Pero lo hicieron con un WHIP bajo de 1.28, el mejor del torneo junto con Artemisa, y permitieron solo 39 hits en 36 entradas. Eso significa que, aunque permitieron carreras, no regalaron bases por bolas (solo siete en toda la serie) ni permitieron que los rivales acumularan corredores. Eliander Bravo y Yosmel Garcés se combinaron para nueve entradas y dos tercios sin permitir carreras limpias. El problema de Las Tunas no es el pitcheo: es que su defensa cometió cinco errores, la segunda cifra más alta del torneo, y que su bullpen, aunque efectivo en general, tuvo momentos de vulnerabilidad. Pero si mantienen esta fórmula —bateo de contacto más pitcheo que no regala bases— pueden ser el equipo más incómodo de la liga. La mezcla de experiencia, tiempo de juego juntos y una base de equipo sólida también podrían marcar la diferencia.
El número escandaloso que recuerda la Élite “sin Élite”: Yordanys Alarcón remolcó diez en quince turnos al bate. Diez. Para poner eso en perspectiva, todo el equipo de Industriales impulsó nueve carreras en toda la serie. Luego, el número fuera de lo común que recuerda la élite “sin élite” es otro: Las Tunas anotó 34 carreras con solo cuatro jonrones. El proceso fue simple: combinaron agresividad y paciencia para embasar corredores. Lo siguiente, turnos de calidad. Con corredores en bases, los Leñadores promediaron para .390. No perdonaron errores. Algo a favor de Holguín es que casi siempre trae lanzadores con pitcheos capaces de inducir rodados con frecuencia. Las Tunas no depende del “fly ball”. Se adaptan. Mueven corredores, trabajan los conteos. Golpean hacia el lado opuesto si necesitan ampliar el plan de ataque y así llegan los rallys interminables.
MAYABEQUE
La historia a seguir: Mayabeque tiene una de las ofensivas más potentes del torneo. Batearon para .384 de average, el mejor promedio de todos. Su OBP de .447 fue segundo, solo superado por Matanzas. ¿.447 OBP? Sí, suena absurdo, pero es real. Frederich Cepeda está ahí: ocho boletos y un OBP de .667 en 21 apariciones al plato. El slugging colectivo del equipo fue segundo con .509. Anotaron 25 carreras, una cifra más que respetable, y perdieron dos juegos después de conectar 18 hits. Se dice fácil. Esculpieron esos números de videojuegos con un lineup profundo que incluye además a Yordanis Samon (.500 de average, tres dobles), Alexander Pozo (.438), Frank Alfonso (.350 con un jonrón) y Denis Laza. Pero hay un problema: todo ese poder ofensivo fue completamente inútil porque el pitcheo y la defensa de Mayabeque fueron un desastre. Perdieron los cuatro juegos de la serie contra Matanzas, y aunque anotaron 25 carreras, permitieron 36. No se puede ganar cuando se anotan 6.25 carreras por juego, pero se permiten 9. Devastador. Así de simple.
Lo que no debería sorprender: El pitcheo de Mayabeque tuvo una efectividad de 8.82, exactamente la misma que Holguín. Pero a diferencia de Holguín, el problema de Mayabeque no fue solo el pitcheo: fue también la defensa. Los Huracanes cometieron seis errores, la mayor cantidad del torneo, y su porcentaje defensivo de .961 fue el peor entre los seis equipos. El 50% de los errores les costó carreras al pitcheo. Eso significa que no solo los lanzadores regalaban hits y boletos, sino que los fildeadores tampoco ayudaban cuando la pelota estaba en juego.
La combinación de pitcheo inefectivo y defensa crítica es letal en cualquier liga, pero en la Liga Élite es sencillamente insostenible. Mayabeque permitió 36 carreras limpias en 33 entradas y dos tercios, lo que significa que, en promedio, entregaron más de una carrera por entrada. Matanzas tuvo algo claro en cada partido: si llegaban por debajo en el marcador contra el bullpen, podían remontar. Lo hicieron.
A los relevistas de Mayabeque les batearon para promedio de .421. Lanzaron para 11.12 de inefectividad, y el 57% de las carreras permitidas llegaron precisamente en la primera entrada donde los relevistas entraron a intentar apagar el fuego.
El número escandaloso que recuerda la Élite “sin Élite”: Mayabeque regaló 34 bases por bolas. No, no es un chiste de mal gusto: sus lanzadores regalaron 34 boletos con solo 9 ponches en cuatro juegos. Eso es un promedio de 8.5 bases por bolas por juego. Es como comenzar el juego en modo tie break durante las primeras tres entradas. Para ponerlo en perspectiva, el segundo equipo que más boletos regaló fue Holguín con 16, menos de la mitad. Artemisa regaló nueve. Las Tunas, solo siete. Mayabeque regaló 34. Un carrusel. Adelante, ¡camine! De 10 bateadores que debutaron en la serie por Matanzas, siete consiguieron al menos dos caminatas.
Incluso cuando los bateadores rivales no conectaban hits, los lanzadores de Mayabeque los ponían en base gratis. Y cuando a eso se le suma una defensa que cometió seis errores, el resultado es una serie perdida 0-4 a pesar de tener una de las mejores ofensivas del torneo. La élite “sin élite” viene a relucir una vez más cuando un equipo no puede ganar porque se sabotea a sí mismo. Mayabeque fue el mayor ejemplo de eso en la primera serie.
MATANZAS
La historia a seguir: Matanzas es, por ahora, el mejor equipo de la liga. No hay debate posible. Lideraron en average (.372), OBP (.500), slugging (.538), carreras anotadas (36), bases por bolas recibidas (34) y jonrones (empatados con cuatro). Pero lo que realmente los diferencia no es solo el poder: es la paciencia. Me pregunto cuántas de las 136 bolas que recibieron los bateadores habrían sido atacadas por otros bateadores de la liga. El OBP de .500 de los Cocodrilos significa que la mitad de las veces que un bateador se paró en el plato, terminó en base. Eso es una locura estadística, un sabotaje al reglamento que se puso en marcha para agilizar el tiempo de juego. Y Matanzas martilló a los lanzadores de Mayabeque con un lineup que no tiene un solo bateador débil. Hanyelo Videt bateó .688 con un OBP de .750, una mezcla de Ohtani+Ruth+Judge+Bonds reencarnados en el béisbol cubano. Yulieski Remón bateó .538 con un OBP de .714. Andrys Pérez bateó .385 con un OBP de .619. No hubo respiro para los lanzadores rivales.
Lo que no debería sorprender: El pitcheo de Matanzas fue apenas promedio en términos de efectividad (5.59, el cuarto mejor), pero con una diferencia clave: su defensa fue sólida en comparación con los niveles de la liga (.971, empatada con Industriales) y su bullpen mostró profundidad. Sammi Enrique Benítez lanzó cinco entradas, permitió dos carreras y se llevó una victoria. Yadier Garay, en dos entradas y dos tercios, no permitió carreras limpias.
El problema de Matanzas no es el pitcheo: es que su rotación abridora fue inconsistente. El refuerzo pinareño Jenier Álvarez permitió cinco carreras en cinco entradas y dos tercios. José Carlos Quesada soportó seis en cuatro entradas. Si los abridores de Matanzas no mejoran, el equipo será vulnerable ante un oponente que pueda controlar la ofensiva y evitar el caos de los boletos. Pero con una ofensiva que anota casi diez carreras por juego, como sucedió, los abridores pueden permitirse tener malos días.
El número escandaloso que recuerda la Élite “sin Élite”: Matanzas recibió 34 bases por bolas como equipo. Ya sabes, descontrol total de los lanzadores de Mayabeque. No las regalaron, las recibieron. Esa es la diferencia entre Matanzas y el resto: mientras Mayabeque regalaba 34 boletos, Matanzas los tomaba. La paciencia en el plato de los Cocodrilos fue tan impresionante como el descontrol de sus rivales. Pero aquí viene el peor factor de rebote para los yumurinos: a pesar de tener la mejor ofensiva, su pitcheo registró un WHIP de 2.16, el peor del torneo junto con Mayabeque.
El desastre también los rozó: Matanzas produjo, pero de igual manera cedió corredores. Si ese WHIP se repite contra un equipo que muestre pitcheo más competitivo, la historia no creo que termine en barrida 4-0. En esta primera serie, la ofensiva fue tan dominante que ocultó las calamidades del pitcheo. La élite “sin élite” se recuerda nuevamente cuando un equipo gana no porque sea perfecto, sino porque su fortaleza es tan abrumadora que nadie puede explotar sus debilidades. Eso fue Matanzas contra Mayabeque.
La pregunta es por cuánto tiempo.
Autor
Escritor Senior y Editor en BaseballdeCuba.com. Escribo sobre béisbol para mi boletín de Substack, yirsandy.substack.com. Analista sabermétrico sin límites. Miembro de SABR. Comienzo tras el último out. Busco el valor invisible. ¡Hablemos de béisbol!