• Yirsandy Rodríguez

Serie Mundial 2021: El enfoque de Jorge Soler — caminando junto a Sandy Amorós

Para gran parte de los bateadores de esta época en Grandes Ligas, obtener un boleto se ha convertido prácticamente en una pérdida ofensiva.



En las últimas diez temporadas de MLB, por citar un ejemplo, la cantidad de ponches sobre boletos luce cada año más excesiva, y nos demuestra cómo y hacia dónde se está moviendo el ritmo ofensivo del juego.



Con más frecuencia, los bateadores están buscando elevar la pelota, aumentar sus ángulos de lanzamiento, producir barriles—batazos a altas velocidades de salida, más difíciles de convertir en out—, y esas son varias de las razones por las que “caminar” se está alejando de toda opción.


Definitivamente no estamos exagerando, y en este sentido los números hablan por sí solos:


Conteos de 3-0 que terminaron siendo bases por bolas (2017-2021):


2021: 3,250 de 3,608

*2020: 1,124 de 1,249

2019: 3,205 de 3,594

2018: 3,365 de 3,712

2017: 3,441 de 3,789


*Temporada de sólo 60 juegos.


El 90.0% de efectividad este año ha superado el 89.9% de 2020 y el 89.1% de 2019, pero es que en 2018 el tope llegó a 90.6% y a 90.8% en 2017. Como puedes apreciar en las muestras anteriores entre las temporadas de 2017 y 2021, la tendencia de romper ese conteo de 3-0 con un swing, extender el turno y evitar la base por bolas sigue creciendo silenciosamente.



A ese mismo ritmo, también es justo señalar que, a día de hoy, los lanzadores han alcanzado un nivel de pitcheo a altas velocidades y rotaciones, siendo capaces de devorar la zona de strike. Así que nunca ha sido más difícil ver cuatro bolas consecutivas en MLB, debido tanto al fino control de los pitchers como a la agresividad de los bateadores. Sí, esperar cuatro lanzamientos sin hacer swing podría categorizarse como una renuncia ofensiva para los bateadores en esta era de la analítica.



Aun así, esa realidad no quiere decir que los bateadores desestiman la importancia de caminar, sobre todo cuando sus oponentes se cuidan de su agresividad, como sucedió anoche contra el cubano Jorge Soler. A lo largo de su carrera, Soler ha sido uno de esos típicos sluggers altamente agresivos en el plato, aunque en ocasiones logra controlar el acelerado ritmo de su swing.


Y eso fue todo lo que intentó hacer Soler durante la noche de este viernes en el Juego 3 contra los lanzadores de los Astros: Agregar un poco más de disciplina en el plato.


Cuando Soler llegó a Atlanta, había fijado el peor OPS+ de su carrera (+68) con los Royals de Kansas City en la primera mitad de la temporada regular. Los Bravos sabían la necesidad de agregar a un jardinero de élite tras la lesión que sacó de la temporada a su jugador superestrella, Ronald Acuña Jr. Y entonces comenzó el momento de Soler.


El manager de los Bravos, Brian Snitker, encontró un lugar perfecto para el cubano en el lineup, alternándolo como primero y segundo bate, movimiento que resultó clave. A diferencia de sus responsabilidades con los Royals, Soler debía cambiar su enfoque, y lo logró. En 46 juegos como segundo bate, terminó promediando .340 OBP y bateó 10 jonrones, sus mejores registros en cualquier turno durante la temporada regular.


Parte de esa filosofía, Soler la llevó al emocionante Juego 3 de este viernes—el primer partido de Serie Mundial en Atlanta desde 1999—, donde fue colocado en el quinto turno. Al final, vio 16 pitcheos en cuatro visitas al plato, y buscó el primer lanzamiento sólo en su primera vez al bate, cuando terminó ponchándose ante un cutter afuera del abridor de los Astros, el novato Luis García.


Luego, en su siguiente visita a la caja de bateo, cuando los Bravos anotaron la primera de dos decisivas carreras y tenían par de corredores en posición anotadora durante el final del tercer inning en Truist Park, Soler manejó la cuenta con más paciencia.



Al final, dibujó par de boletos, uno en esa tercera entrada y otro en el quinto, alejándose de las tendencias que lo arrastraron hasta el ranking de bateadores con más swings sin contacto contra lanzamientos fuera de la zona de strike en 2021:


1) Joey Gallo, 64.0%

2) Miguel Sano, 63.7%

3) Hunter Dozier, 61.6%

4) Fernando Tatis Jr., 57.9%

5) Jorge Soler, 57.4%


Pero ahora viene otra historia bien emocionante aquí: Luego de sólo 11 pitcheos, Soler superó su registro anterior de un boleto cuando jugó para los Cubs en la Serie Mundial de 2016. ¡Y hay más!, porque al mismo tiempo, entró en la historia como apenas el segundo bateador cubano en MLB, que logra obtener al menos dos bases por bolas en un Juego 3 de la Serie Mundial.


Sí, de alguna manera, 66 años después, Soler caminó junto a Edmundo “Sandy” Amorós anoche, quien se apuntó el hito contra los Yankees el 30 de septiembre de 1955.




Aquel año, Amorós fue uno de los protagonistas para que los Brooklyn Dodgers vencieran en siete juegos a los New York Yankees. Durante la temporada regular de 1955, Sandy bateó 10 jonrones, remolcó 51 carreras y, como ocurrió en seis de sus siete temporadas en MLB, su registro de boletos (55) superó el de ponches (45). Finalmente, en la Serie Mundial, trazó una línea de .333/.529/.583, luego de 17 visitas al plato, con un jonrón y tres empujadas.


Y eso nos recordó Soler anoche, tras dibujar ese par de boletos: La genialidad de Sandy Amorós para trabajar la cuenta en su época, a tal nivel que terminó su carrera de Grandes Ligas con 211 boletos y 189 ponches.


El gran momento de Sandy Amorós llegó el 4 de octubre de 1955, en el Juego 7 de aquella memorable Serie Mundial entre los Brooklyn Dodgers y los New York Yankees. Sandy realizó una joya defensiva de leyenda, atrapando en carrera un elevado frente a Yogi Berra, cerca de la línea del jardín izquierdo en el Yankee Stadium.


La colosal atrapada salvó la ventaja de 2-0 de los “Bums”, asegurando mantener el score intacto hasta el out final. El lanzador de los Brooklyn Dodgers, Johnny Podres, aguantó durante las tres entradas restantes para darle a Brooklyn su único título y ganarse el Premio de MVP de la Serie Mundial.


Desde entonces, la atrapada de Sandy Amorós sigue siendo uno de los más memorables fildeos en la historia de la Serie Mundial, y fue el momento decisivo de la carrera del cubano. Hasta el quinto inning de este viernes en Truist Park, Amorós había sido el único cubano en MLB que había registrado dos “caminatas” durante un Juego 3 de la Serie Mundial, pero 66 años después, Jorge Soler igualó su legendaria marca.


Así pues, fue realmente bueno que Soler obtuviera ese par de boletos anoche en el Juego 3. Caminar sin hacer swing o dejar de meterse en conteo para crujir algún pitcheo cómodo, quizás no sea la gran perspectiva de Soler. Pero de alguna manera, también fue positivo verlo más paciente, asumiendo el enfoque reflexivo que lo ayudó a progresar desde la fecha límite de cambios cuando fue canjeado a los Bravos de Atlanta.


Entonces, definitivamente, esa es la gran lectura aquí: Que Soler también puede mostrarse paciente, analístico, y si logra producir con cañonazos o boletos, estaría contribuyendo con positividad, como esperan los Bravos en esta Serie Mundial.


(Foto: Jorge Soler/Getty Images)