• Yirsandy Rodríguez

Leyendas del béisbol cubano: José Ibar

Actualizado: 13 dic 2021




Una vez más bienvenido a Leyendas del béisbol cubano, un proyecto iniciado el pasado año y que pese a ser interrumpido nunca dejó de existir. ¿Qué puedes encontrar aquí? ¡No hay límites! Estoy pensando en traerte todas las semanas una historia impredecible para ti, pero que vas a apreciar porque será sorprendente. Desde que cubro el béisbol para BaseballdeCuba.com, había pensado en un proyecto como este. Entonces, ¿por qué no me lancé antes?: Bueno, para ser honesto, siempre pensé que merecía un espacio especial dentro de la cobertura anual del béisbol cubano. Sé que la lectura será de tu agrado y, sobre todo, seguramente te remitirá a varias de tus historias favoritas. Espero que disfrutes la lectura, tanto como lo orgulloso y complacido que me sentiré de escribirlas, mientras disfruto recordándote por qué amamos el béisbol.


 

La historia de José “Cheo” Ibar como lanzador reveló un ejemplo de perseverancia y superación a lo largo de su carrera de 18 temporadas.


Cuando debutó en 1986 a los 17 años lanzando con el equipo Habana, Ibar conoció desde el inicio el nivel de exigencia que debía asumir un pitcher para tener éxito. Perdió su primera decisión, 6-3 ante Vegueros el 23 de noviembre de 1986, viendo cómo el estelar zurdo Omar Ajete lucía desde el box por los contrarios.


Después de aquel desafío ante una de las alineaciones más implacables de la época en plena era del bate de aluminio, Ibar demoró un año y un día exactamente para ganar su primer partido en Series Nacionales. Sin embargo, después de aquella primera sonrisa sobre la colina, encabezando el camino cuando La Habana venció 10-4 a Isla de la Juventud a inicios de la 27 Serie Nacional, nacía una “Leyenda del béisbol cubano”.


Con marca de 1-1 en su carrera a los 18 años (siete meses y 22 días de nacido), el diestro natural de La Maya en Santiago de Cuba, comenzaba a hacer historia en la pelota cubana. Desde entonces, nunca perdió más de tres decisiones consecutivas, ganó 172 partidos y perdió 99. Pero esos fueron solo algunos de sus números más significativos, que simplemente podrían describirse como la etiqueta de uno de los diestros más consistentes de todos los tiempos.


Antes de terminar su carrera, Ibar confesó varias veces que deseaba alcanzar las 200 victorias, pero lamentablemente se quedó a 27 éxitos de su sueño. Las lesiones (una bursitis en su brazo de lanzar), la sanción tras su salida ilegal del país y el desgaste durante casi dos décadas, fueron parte del efecto que le impidió a “Cheo” seguir en activo.


Su última victoria, la No. 173, Ibar la consiguió el 12 de diciembre de 2003 (a los 34 años), luego de lanzarle cinco ceros con ocho strikeouts sin conceder bases por bolas en un triunfo 7-0 de La Habana sobre Camagüey en el estadio Cándido González. Sumando esa victoria, Ibar cerró con marca de 22-8 durante sus últimas 41 aperturas después del regreso del bate de madera.


Tras aquellas últimas actuaciones en la 43 Serie Nacional, su registro de juegos lanzados terminó con 366. Inició 323 de ellos, acumuló 2,371.0 innings y ponchó a 1,709 oponentes. En ninguna de esas estadísticas tradicionales Ibar terminó entre los mejores diez lanzadores de todos los tiempos en el béisbol cubano. A día de hoy, su efectividad general de 3.45 se ubica en el puesto No. 67 de lanzadores con al menos 1,000 innings lanzados y, con dos temporadas menos, se quedó a 84 juegos ganados de Pedro Luis Lazo, el líder en Series Nacionales con 257 victorias.


O sea que, si no lo viste lanzar y te guías únicamente por sus registros a lo largo de su carrera, entonces te estarías perdiendo el lado más fascinante en la historia de José Ibar Medina: Su inigualable consistencia, probada 13 series bajo el desafiante bate de aluminio. La grandeza de un lanzador que, más allá de disertar a base de inteligencia y un repertorio devastador —piensa en una slider casi imposible de alcanzar—, sentó cátedra en el “arte de lanzar”.


Ibar trascendió, y así lo muestra su legado para todas las edades, como uno de los pitchers más difíciles de vencer en el béisbol cubano. ¿Cómo lo hizo? ¿Qué mostró realmente con esas 173 victorias? La historia de superación comenzó el 15 de noviembre de 1997.


Aquel sábado, Ibar abrió venciendo 8-1 a Isla de la Juventud en el día inaugural de la 37 Serie Nacional. Con esa victoria, rompió momentáneamente su marca de .500, ya que había lanzado para 15-15 en sus últimas dos campañas: 7-7 en la 35 Serie y 8-8 en la 36. Con ese historial reciente, ¿era razonable esperar la noticia que nos conmovió 122 días después?: ¡José Ibar buscará implantar un nuevo récord en Series Nacionales en duelo contra el talentoso espirituano, Maels Rodríguez!


Esa fue la gran noticia que se robó el show aquel martes 17 de marzo de 1998, cuando “Cheo” Ibar subía al montículo en busca de su victoria número 20 de la temporada regular. Dos de ellas ya las había logrado contra Sancti Spíritus, 2-1 y 6-0 cuando extendió su marca de éxitos a 12-0 y 19-2, respectivamente.


Así que, para hacer aún más sensacional la posible ruptura del récord perteneciente a Braudilio Vinent desde 1973, cuando el “Meteoro de La Maya” arribó a 19 triunfos lanzando con Serranos. Y así sucedió: 25 años después, Ibar, también natural del municipio de La Maya en Santiago de Cuba, subió al trono de todos los tiempos con su victoria No. 20.

Venció 1-0 a Maels Rodríguez y, además de inscribir su nombre con letras mayúsculas como el pitcher más ganador en los libros de récords del béisbol cubano, terminó conquistando la Triple Corona, al liderar con 189 strikeouts y 1.51 de efectividad. En 24 aperturas, Ibar cerró la temporada de 1997-98’ con apenas dos indecisiones, 11 juegos completos, cuatro blanqueadas y dejó a sus 743 oponentes exhibiendo deslucido promedio de .185.


A diferencia del inicio de su carrera, cuando crecía como un as del equipo Habana, que contaba con una de las alineaciones más temibles del béisbol cubano a finales de los ochenta e inicio de la década del noventa, Ibar fue progresando en todos los sentidos. Pero, si tuviera que definir la época más resplandeciente de sus 18 campañas, donde fue más dominante, señalaría el lapso entre sus 25 y 30 años.


En esas temporadas de 1995 al 2000, Ibar fue sumamente exitoso, ganando el 75.7% de sus decisiones, con marca de 78-25. Aunque, para dar el merecido crédito a un “señor pitcher” en toda la extensión de la palabra, vale señalar que “Cheo” nunca sufrió regresiones decadentes: Entre sus 20 y 30 años, registró marca de 112-44 (71.7% de victorias) en Series Nacionales, pero a partir de los 30, lanzó para 23-9 (71.8%).


Esos números te dicen qué tan consistente fue, pero dentro del récord de 42 victorias entre 1997 y 1999, este registro también exalta la capacidad de Ibar: En 24 de sus victorias, el equipo Habana anotó cuatro o menos carreras. O sea que, a lo largo de esas temporadas de la 37 y 38 Serie Nacional, “Cheo” no contó con la ofensiva acostumbrada como disfrutó al inicio de su carrera. Luego del récord de 42 victorias en 47 decisiones, 38 de ellas habían llegado con diferencia de al menos tres carreras.