• Yirsandy Rodríguez

Con el éxito más improbable de todo el año: Industriales aún respira ante los Alazanes


(Fotos: Jit.cu)

LA HABANA — Si no hubiese estado pendiente durante las 2 horas y 32 minutos del juego este lunes en el estadio Latinoamericano, me habría costado creer que Industriales derrotó 1-0 a los Alazanes de Granma, para evitar la barrida en el playoff de Cuartos de Final de la 61 Serie Nacional del béisbol cubano.


Por supuesto, es béisbol de postemporada, un escenario aún más impredecible para todos, donde el nivel de juego podría cambiar de un inning a otro como cuando los fanáticos desatan sus emociones de alegría o frustración. Mis razones para no creer que sería posible una victoria de los Azules por 1-0 en el Juego 4, eran obvias:

1. De la manera en que Granma remontó el marcador en el Juego 3, se veía bastante difícil que, Industriales, iniciando el desafío con Yandi Molina, obtuviera la fórmula clave para transitar por dos tercios del duelo sin permitir carreras. No estoy dudando del temple y el talento de Molina, quien fue un prospecto a seguir desde la categoría Sub-15 y Sub-18 hace alrededor de cinco años, pero había estado bastante lejos de inspirar respeto contra los bateadores oponentes durante la temporada regular. En 22 innings, Molina ponchó a 12 bateadores, le concedió el boleto a 15, admitió 18 carreras y 7.36 PCL. Sus 107 rivales se banquetearon con su mezcla de bola rápida (85-87 mph, a veces una máxima de 88), y a ratos la curveball y el slider. Las tasas admitidas por Yandi fueron terriblemente altas, con 4.9 K/9, 6.1 BB/9, 11.8 H/9 y 2.0 HR/9.


Ese porcentaje de jonrones soportados por cada nueve innings, fue el resultado en una pequeña muestra, pero la inconsistencia de Molina era palpable: admitió línea ofensiva de .330/.423/.568 frente a sus oponentes, con .991 OPS (un alto 124 OPS+). Usualmente, Yandi dejaba los picheos en la zona alta, una tendencia que los bateadores zurdos aprovecharon para construir un irrespetuoso 1.447 OPS luego de 32 enfrentamientos. Antes de que Carmona se decidiera por darle la pelota en el Juego 4 a Molina, el staff de los Leones había permitido 18 carreras en tres partidos, cuatro dobles, cinco jonrones, 6.48 PCL, 1.92 WHIP y .914 OPS.


Por si fuera poco, el picheo de los Leones había regalado 19 bases por bolas en 25 entradas durante los primeros tres partidos, la segunda cifra más alta en la historia del equipo en playoffs*.


*El récord negativo en postemporada para Industriales, lo tiene el staff de 2008, que concedió 25 boletos en 23 entradas contra los Vegueros de Pinar del Río en el playoff de Cuartos de Final donde fueron derrotados por barrida de 3-0.


2. La ofensiva de los Azules abrió el Juego 4 con el 11no peor promedio (.240) y 10mo OBP (.309) entre equipos que habían acumulado al menos cuatro juegos de playoffs, apenas nueve carreras anotadas y 110 apariciones en home. De hecho, el peor team de toda la lista, fue el de Industriales dirigido por Rey Vicente Anglada ante Pinar del Río en la serie de Cuartos de Final de 2002, cuando batearon para deficiente línea de .128/.221/.214.


3. Indudablemente, caer debajo 0-3, ventaja que ha sido irrevocable en la historia de los playoffs resultó, sin dudas, un golpe psicológico del cual no todos los equipos pueden levantarse aunque sea para luchar en una misión ‘imposible’. Y, luego, para completar el mazazo en otra angustiosa experiencia de postemporada, se desató una falsa alarma de explosivos en el Hotel Tulipán, donde se hospedaban los Leones y otros huéspedes. Debido a esa situación, el inicio del Juego 4 pactado con hora de comienzo a las 10:00 am (hora local), cambió para las 2:00 de la tarde.


Entonces, ¿era razonable un éxito por 1-0? Quiero decir, está claro que ganar un partido de béisbol no es imposible para ningún equipo en cualquier contexto. Pero, entre las expectativas del marcador final, la victoria por 1-0 ha sido una rareza en la historia de la postemporada.


En 867 juegos de playoffs durante los últimos 36 años, el triunfo 1-0 de Industriales sobre Granma este lunes, fue apenas el 14to con ese marcador por la mínima en todos los tiempos. Los Leones de la Capital se habían visto involucrados en solo dos duelos que cerraron 1-0, y lograron división de honores:


1) Un éxito del diestro Jorge Luis Machado, “El Dibujante de Guanajay”, dominando a Isla de la Juventud durante el Juego 6 de la Semifinal de 1999 en el estadio Latinoamericano.

2) Luego, 11 días después, fue el propio Machado quien salió con el revés en otro Juego 6, el clásico partido del jonrón decisivo de Rolando Meriño en el primer inning, y luego la joya de picheo del astro santiaguero Norge Luis Vera Peralta, para silenciar el estadio Latinoamericano y forzar el Juego 7.


De manera general, hacía siete años, tres meses y tres días—¡2,619 días!—, que un desafío de postemporada no terminaba 1-0. Los dos anteriores se jugaron en la misma fecha, el domingo 29 de marzo de 2014, cuando Matanzas venció 13-0 a la Isla en el Juego 5 de la Semifinal en el estadio Cristóbal Labra, y los Tigres de Ciego de Ávila, colgados del brazo del refuerzo Ismel Jiménez, exterminaron 6-0 a los Alazanes de Granma en el Juego 3, con el regreso del playoff al estadio José Ramón Cepero.


Si de probabilidades se trata, los juegos de 1-0 han representado el 1.6% del total hasta este martes (867 partidos oficiales) en la historia de la postemporada del béisbol cubano. Esa proporción, ofrece un promedio de un duelo de 1-0 cada 62 partidos, mientras la media de juegos en estos últimos años, ha bajado a 24 por playoff.


Con ese fuerte argumento, no hay dudas de que el éxito 1-0 de Industriales sobre Granma este lunes en el Juego 4 de la serie de Cuartos de Final, fue totalmente inesperado. Sin embargo, sucedió. Después de estar recibiendo un “no-hitter” del zurdo de los Alazanes, Yunier Castillo—quien cubrió toda la ruta—, hasta el final del quinto inning con dos outs, los Leones encontraron esperanzas “azules” en el sencillo productor de Yamil Rivalta, que envió al plato a Andrés Hernández desde la intermedia*.


*Andrés había recibido un boleto y avanzó a segunda por wild pitch.


En cambio, los Alazanes no pudieron descifrar los lanzamientos del diestro Yandi Molina, y dejaron a 17 corredores esperando remolque en posición anotadora. ¡Sí, 17! Pero hubo varias acciones negativas que desembocaron en un deficiente e improductivo rendimiento ofensivo, a pesar de que los Alazanes embasaron a 13 corredores—ocho de ellos por boletos—. Así terminó cada secuencia en la que Molina y, luego, Andy Vargas, con un apoyo defensivo de excelencia, lograron atravesar el lineup de los actuales campeones nacionales para mantener a los Azules con vida:


1er inning): Después de un boleto a Osvaldo Abreu y hit al center de Carlos Benítez con dos outs, Alexquemer Sánchez fue sentenciado por la vía de los strikes.


2do inning): Lázaro Cedeño le ganó el boleto a Molina y, acto seguido, sucedió algo que no quisiera recordar: el experimentado manager Carlos Martí, mandó a Iván Prieto a tocar la pelota para adelantar a Cedeño hasta segunda. Mira, en primer lugar, Cedeño no es un corredor ni siquiera de la media, complemento que agregaba inminente peligro a esa estrategia de intentar avanzar al corredor.


Segundo: Prieto ha sido una especie de bateador como el William Saavedra que destruyó el picheo de Industriales en la década de 2010. Y, bueno, es imposible olvidar par de cosas más: hacía menos de 24 horas, Prieto había golpeado el hit de oro y luego se robó una base de mil quilates, para asegurar el empate y la ventaja de los Alazanes, 5-4, a un out de perder el Juego 3. Además: Prieto traía historial de 11 carreras remolcadas en sus ocho juegos de playoffs contra Industriales.