Playoffs 64 SNB | ¡Matanzas clasificó a la Final!: Grand Slam walk-off de José Amaury Noroña protagoniza remontada épica contra Industriales
- BaseballdeCuba

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Casi dieciséis años de espera para Industriales. Seis años de sequía finalista para Matanzas. Todo se comprimió en una sola recta lanzada a las 5:34 de la tarde en el Estadio Latinoamericano.
Con las bases llenas, dos outs, el juego empatado en la décima entrada y el fantasma de un error propio todavía fresco, José Amaury Noroña conectó el batazo que define una era. Un grand slam walk-off monumental que selló la victoria 15-11, la serie 4-2 y el regreso de Matanzas a la final de la Serie Nacional por primera vez desde 2020.
La secuencia que llevó al cañonazo fue una montaña rusa de errores, resiliencia y puro caos ofensivo. Industriales, buscando forzar un séptimo juego, había construido una ventaja de 9-3 al comenzar la novena entrada. El colapso del bullpen azul que siguió —seis carreras, siete hits— fue solo el preludio del drama humano.
En el clímax de esa remontada, con el juego ya empatado 9-9, Noroña cometió el error que pudo haberlo condenado al infierno beisbolero. Con dos outs y él en segunda, Estéban Terry conectó un elevado al derecho que el jardinero Ángel Alfredo Hechavarría no pudo atrapar. Noroña, en un lapsus inexplicable, repisó la almohadilla antes de correr hacia tercera. El retraso por repisar la base le robó a Matanzas la victoria en ese mismo instante y convirtió a Noroña en el villano potencial de la serie.
Industriales aprovechó el respiro en la décima. Un doble de dos carreras de Roberto Álvarez puso el marcador 11-9. La ventaja parecía, por tercera vez en la tarde, definitiva.
Pero Matanzas había entrado en un estado de furia ofensiva irreversible. Cargaron las bases otra vez. Ariel Martínez, el hombre clave de la tarde, conectó un sencillo al izquierdo que empató el juego 11-11 tras una revisión de video que revocó un out en el plato. Las bases seguían llenas. Dos outs.
Y allí estaba Noroña otra vez. Del on deck al plato, cargando no solo el bate, sino el peso de haber extendido la agonía de su equipo. Frank Ernesto Herrera, el relevista azul, llegó a una cuenta de 2-1. Lanzó una recta que se quedó en el centro del plato. Noroña no dudó. El swing fue completo, el sonido seco y autoritario. La pelota se elevó en un arco perfecto hacia el jardín izquierdo, un proyectil que nunca dudó de su destino más allá de la cerca.
La fanaticada matancera, que había vivido cuatro horas de tensión insoportable, explotó en una celebración colectiva. Noroña, mientras recorría las bases, levantó los brazos no en triunfo, sino en absoluta catarsis. El grand slam no era solo un hit ganador: era la redención de un error, el golpe que devolvía a su equipo a la final y reescribía su tarde en letras de leyenda.
Para Matanzas, el batazo significa el fin de una espera de cuatro años y la confirmación de una identidad: un equipo que nunca se rinde, capaz de generar 15 carreras y 16 hits en un juego de eliminación, con un bullpen rival desmoronándose ante su embestida.
Para Industriales, es la caída definitiva. Dieciséis años sin título se prolongan después de desperdiciar una ventaja de seis carreras en la novena entrada de un juego que podía llevarlos al séptimo partido. Un colapso que quedará grabado en la memoria institucional.
Pero esta tarde pertenece a Matanzas y a Noroña. Al hombre que erró cuando tenía la victoria en sus pies y que, una entrada después, la conquistó con el swing más importante de su vida. El grand slam walk-off no ganó solo un juego: abrió las puertas de la final y enterró, de un solo golpe, cualquier fantasma que pudiera haber en segunda base.






















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