• Yirsandy Rodríguez

Escenario de postemporada: Yuli Gurriel, artista del swing en una tarde embriagada de ponches



Por: Yirsandy Rodríguez

Bien, llegué al noveno inning del Juego 3 Astros vs Marineros en la ALDS, convencido de algunos pensamientos:


A) Casi nadie podía golpear la pelota—y eso fue equivalente a decir: “de Yuli Gurriel en fuera”—, ofreciendo al menos una probabilidad de conseguir éxito.

B) ¿Será cierto que estos juegos aún se deciden por un jonrón o un error?

C) Casi nadie podía golpear la pelota… (ya sabes lo demás).

D) ¿Yordan puede terminar este enjambre de “ceros”?

E) Eso: ¡nos iremos a extra innings!


Luego, solo quedaba la esperanza de esperar algún héroe sorprendente o un jonrón de… ¿quién otro? ¡Yordan!* Sí, todos, absolutamente, comenzando por Cal Raleigh, quien actuó como receptor en las 18 entradas, estábamos embriagados de béisbol.


*Sin embargo, aunque registró tres conexiones contundentes, Yordan terminó de 7-0 con dos ponches.


Bueno, de alguna manera fue divertido. Pero cuando los juegos de béisbol sobrepasan incluso los niveles de extra inning, y luego los de “mega extra inning”, simplemente deseamos ver a un héroe o villano emerger. En Progressive Field, los Yankees lideraban la pizarra 5-3 en la octava entrada cuando, finalmente, el sensacional novato de Houston, Jeremy Peña, quemó una bola rápida de 88 mph lanzada por Penn Murfee: la explosión decisiva se sintió a 415-ft del plato en T-Mobile Park.



¡Los Astros se iban delante, 1-0, en la parte alta de la 18va entrada!


¿¡Que juego!? Luego de 475 pitcheos, 6 horas y 22 minutos, había un potencial ganador, logrando con un swing lo que ningún bateador consiguió después de que ambos lineups arrastraran una racha de 19-0 con corredores en posición anotadora.


Por supuesto, los Marineros aún no habían perdido con diferencia de una carrera por segunda ocasión en esta ALDS ante los Astros, como ocurrió 8-7 en el Juego 1, cuando Yordan Álvarez aplastó la bola rápida de Robbie Ray para detonar el walk-off jonrón en el final del noveno. Sin embargo, se podía percibir el pulso del match y, cierto, sonaba a que, vaya: “quien anote una carrera aquí, gana”.


Al final, así sucedió: Seattle no tuvo más fuerzas, de hecho, desde que anotaron dos carreras en el cuarto inning del Juego 2. Así que, desgraciadamente para su leal fanaticada, estaban destinados a ver las luces apagadas en casa sin poder cambiar la historia de sus anteriores 22 entradas recibiendo ceros.



De cualquier manera, el guion volvió a conducirnos como reza en los refranes beisboleros de la “vieja escuela”: un jonrón nos sorprendió para decidir, después de tantos swings ineficientes. Los Astros se poncharon 20 veces y recibieron un solo boleto. Los Marineros se poncharon 22 veces y caminaron cuatro.


Totales combinados: 42 K, 4 BB y sólo 18 hits, cuatro de ellos extra bases, tres dobles y un jonrón. Pero hay más del embriague colectivo: Los lanzadores de los Astros hicieron fallar 45 de 131 swings (34.4%) a los Marineros… Y los Marineros, 46 de 140 (32.9%) a los Astros. Otras notas de la ofensiva:


—Astros: dejaron a 14 corredores en bases, se fueron de 11-0 con corredores en posición anotadora, y siete bateadores recibieron al menos dos ponches.

—Marineros: dejaron a 10 corredores en bases, se fueron de 8-0 con corredores en posición anotadora, y ocho bateadores recibieron al menos dos ponches.

—Cifras combinadas: dejaron a