Gran Final | 64 SNB: Jonrón walk-off de Yurisbel Gracial sepultó a los Leñadores: Matanzas, a un paso de la gloria
- BaseballdeCuba

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Cuando la recta de Keniel Ferráz cruzó el plato a las 4:05 de la tarde de este viernes, Yurisbel Gracial ya había decidido que no la dejaría pasar. El bate del veterano encontró la bola en el momento preciso y la envió hacia las profundidades del jardín izquierdo. Delante de él, Yoandry Jiménez trotó desde primera mientras Gracial levantaba el puño y los fanáticos yumurinos saltaban de alegría en el Latinoamericano.
Cocodrilos 7, Leñadores 5. Serie final: Matanzas 3, Las Tunas 0.
La historia, esa señora implacable, ya no mira hacia otro lado.
Antes del desenlace, este Juego 3 tuvo un protagonista silencioso. Un hombre que vio pasar 11 corredores por las bases sin poder empujar a ninguno. Un torpedero que dejó a ocho en circulación. Un jugador al que su manager, Abeisy Pantoja, le regaló una confianza infinita mientras la oportunidad de sentenciar la serie se escurría entre sus dedos. Norge Torres terminó la tarde de 4-0. En la segunda, con las bases llenas, elevado. En la tercera, con dos en base, rodado. En la quinta, con dos en base, rodado. En la séptima, con las bases otra vez llenas, elevado de foul a tercera. Once corredores. Cero impulsadas. Cero.
Después del juego, Pantoja explicó que no usó emergente porque no tenía un segunda base sustituto. La explicación no resiste escrutinio: Yudier Rondón, que esta tarde jugó en el left y conectó un jonrón de tres carreras en la segunda entrada, fue segunda base toda la semifinal.
Había opciones. Lo que no había era tiempo para dudar. Y en el séptimo, con las bases llenas, Las Tunas perdió su última oportunidad de ampliar una ventaja de 5-4 que se convertiría en 5-5 tres outs después, cuando Eduardo Blanco conectó el jonrón que cambió la historia.
Porque antes del dolor hubo euforia, y fue toda de Las Tunas. En la segunda entrada, después de que Brian Reyes saliera debido al descontrol de sus pitcheos y Noelvis Entenza entrara a apagar el fuego, Yudier Rondón desapareció una recta baja y puso el juego 5-0.
Los fanáticos de los Cocodrilos enmudecieron en el estadio Latinoamericano, mientras los parciales de Las Tunas dieron riendas sueltas a su alegría. 5-0. Por primera vez disfrutaban de una ventaja contundente en esta final. Matanzas, que había abierto los dos primeros juegos con ventajas de 8-0 y 7-0, ahora estaba contra las cuerdas. Pero algo tiene este equipo de Armando Ferrer. Algo que no se mide en estadísticas.
En la tercera, después de dos outs, Estéban Terry —que terminó el juego mareado, indispuesto, pero aún en pie— conectó un jonrón que puso el 5-3. La amenaza continuó: Gracial sencillo, Ariel Martínez sencillo, Gracial a tercera. Eduardo Blanco rodó al short. Torres tiró a segunda. Pero Luis Pérez no había llegado a la almohadilla. Ariel Martínez, que no corrió con suficiente intensidad, fue out tras un deslizamiento tardío. Gracial corrió al plato, pero el inning había terminado. Una carrera menos. Una carrera que después haría falta.
Aun así, los Cocodrilos volvieron al ataque tras los ceros continuos y las oportunidades que Las Tunas no materializó. Séptimo inning. Dos outs. Rodolfo Díaz en la lomita. Eduardo Blanco con cuenta de 2-2. Díaz dejó un pitcheo demasiado alto. Y Blanco, que en toda la temporada apenas había conectado seis jonrones, no lo perdonó. 5-5.
Fue su impulsada número 24 que le da a Matanzas el empate o la ventaja. Nadie en la liga ha superado esos números.
En la novena, Terry abrió con sencillo. Salió, entró Jiménez. Gracial al plato. Ferráz, que había sorprendido a un corredor en segunda en el octavo y parecía tener el control, enfrentó a Gracial. En cuenta de 1-1, recta al centro. Foul. 1-2. Recta alta. Foul atrás. Tercer lanzamiento. El cátcher Yosvani Alarcón pidió bajo y pegado. Ferráz volvió a fallar: recta alta y al centro. Gracial la aplastó.
Mientras Gracial tocaba el plato y sus compañeros lo esperaban, los Leñadores caminaban al clubhouse con la mirada perdida. Habían dejado a 15 corredores en las bases. Tres veces llenaron las almohadillas sin anotar. Torres había visto a 11 corredores y no pudo remolcar a ninguno.
Hay 10 finales que comenzaron 3-0 en la historia de las Series Nacionales. En siete, la serie terminó por barrida. Ningún equipo ha remontado un 0-3. Solo una llegó más allá del quinto juego: Pinar del Río vs. Ciego de Ávila en 2016. Los Vegueros empataron 3-3 y perdieron el Juego 7. Ese espejismo es la única esperanza de Las Tunas.
Pero los hechos son tozudos. Matanzas no solo ha ganado tres juegos. Ha dominado de maneras distintas: dos inicios apabullantes, y en este Juego 3 una remontada con el dramático walk-off. Su lineup produce en los momentos clave: 22 carreras, 37 hits, 12 extrabases. Las Tunas batea .237 en esta Final y .133 con corredores en posición de anotar. Sus lanzadores han repartido 23 boletos en tres juegos. Tres de sus cinco carreras hoy llegaron por base por bolas.
La oportunidad se le fue en esos turnos de Torres. Pero también en esas 15 oportunidades desperdiciadas. En esas bases llenas que no pudieron aprovechar—dos veces Norge Torres, y el ponche sin tirarle de Izaguirre ante Armando Dueñas Jr. en el inicio del octavo con dos outs. En esa confianza mal depositada de su manager.
El béisbol de postemporada es cruel: te perdona una, dos, tres veces. Pero a la cuarta, cuando Blanco conecta con dos outs en la séptima o Gracial encuentra una recta alta en la novena, ya no hay perdón.
Solo historia. Solo un 3-0 que huele a barrida. Y mientras Matanzas celebra, Las Tunas se pregunta qué hubiera pasado si aquel emergente hubiese entrado en el séptimo—o quizás antes. O si hubiesen llegado a la Final con todos sus jugadores disponibles, sin tener fuera a los hermanos Baldoquín, Roberto Súlivan y Jeans Lucas. Pero los “hubieras” no valen. Valen los hechos. Y el hecho es que Matanzas está a un juego de la historia. El hecho es que Eduardo Blanco volvió a aparecer.
El hecho es que Gracial, con un swing perfecto a las 4:05 de la tarde, sepultó a Las Tunas en el Latinoamericano. Y ahora, mientras los Cocodrilos se preparan para el Juego 4, una certeza los acompaña: la historia está de su lado.
Solo falta escribirla.






















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