• Yirsandy Rodríguez

I Liga Élite: El renacimiento de José Ramón Rodríguez



Por: Yirsandy Rodríguez

Cuando José Ramón Rodríguez y Yariel Rodríguez protagonizaron su primer momento de auge en Series Nacionales, en la temporada de 2016, un fanático de los Toros me hizo una pregunta bien interesante cuando cubrí la serie Camagüey vs Granma en el estadio Cándido González: ¿Quién cree usted que es más pitcher? ¿Quién se ve más hecho entre “Pepe” (José Ramón Rodríguez) y Yariel (Rodríguez)?


Para entonces, la respuesta parecía obvia: Pepe Rodríguez había ascendido a la élite de la rotación de los Toros de Camagüey. Sin embargo, mi respuesta no fue conclusiva, por supuesto. En cierto sentido, estaba claro de que Yariel Rodríguez era poseedor de mayor potencialidad en cuanto a la velocidad aplicada en todos los sentidos. Y, probablemente en corto tiempo, a medida que desarrollara sus lanzamientos secundarios, se convertiría en un contendiente imbatible al nivel de la Serie Nacional.


Entonces, cuando comparábamos a José Ramón con Yariel en aquel contexto de la 56 Serie Nacional, teníamos dos perspectivas bien interesantes: Pepe, era el modelo más cercano a la estirpe del típico lanzador joven cuya personalidad sobre los montículos, desde sus movimientos hasta las reacciones a cada ejecución en el juego, invocaba la presencia de un veterano establecido. Yariel, era el torbellino personificado: voraz y retador, convencido de que podía desafiar y vencer a sus oponentes con un solo lanzamiento, su recta humeante, incluso aunque el rival de turno estuviese sobre aviso.


En general, los números no pueden detallarte la fórmula de supervivencia de un lanzador, pero como estadísticas al fin, suelen ser el atajo más fiable para exponernos cada tendencia con las cuáles desafía y sobrevive un lanzador sobre la lomita:


56 Serie Nacional (temporada 2015-2016)


José Ramón Rodríguez: 2.77 PCL, 4.3 K/9, 4.2 BB/9, 47.2 GB%, .985 FAVG, 3.3 DP%

Yariel Rodríguez: 3.61 PCL, 6.1 K/9, 5.1 BB/9, 61.1 GB%, .979 FAVG, 2.3 DP%


Leyenda: PCL: promedio de carreras limpias. K/9: tasa de ponches por cada nueve innings. BB/9: tasa de bases por bolas por cada nueve innings. GB%: tasa de rodados permitidos por cada nueve innings. FAVG: promedio defensivo del equipo. DP%: tasa de dobles jugadas realizadas por el equipo.


He aquí algunas señales interesantes de la dupla Pepe-Yariel en aquella temporada que marcó el breakout para ambos: Pepe fue menos ponchador, también ligeramente más controlado, y sobrevivió admitiendo elevados que no pasaron de generar un deficiente .315 slugging de sus oponentes. O sea que, en gran medida, su mezcla de curveball y cambio de velocidad se presentaban como las armas de exterminio en el repertorio de Pepe, aunque su bola rápida también hacía estragos.


Yariel, por su parte, azotó a los bateadores imponiendo su velocidad y, la mayoría de las veces que no sentenció a sus presas por la vía de los strikes, generó rodados a un ritmo significativo. Cuando Pepe lanzó, la defensa fue más exacta por lo obvio: los elevados caen sin esperanza con mayor efectividad en los guantes que, en el caso de Yariel, los rodados. Y esa tendencia sin dudas delineó el diferencial de cómo los Toros defendieron mejor con Pepe trepado en la colina.


Eso sí, al final de esta retrospectiva, algo era clarísimo: José Ramón Rodríguez ocupaba el lugar cimero en la rotación de los Toros y, lejos de ser comparado con Yariel, lo interesante era ver cómo el dúo de prospectos diestros marcaba el sendero en el regreso de los Toros a la élite de la Serie Nacional.


Dentro de las tempestades de aquella temporada 2015-2016, Camagüey buscaba su primera clasificación a una Segunda Fase desde que comenzó la “Era de los Refuerzos” en la 52 Serie Nacional. El manager Orlando González necesitaba un abridor para el Juego 1 de la Serie de Comodines ante los Leñadores de Las Tunas, Pepe no dio tregua a elecciones: asumió la responsabilidad y lanzó una joya de pitcheo que aventó banderas de esperanzas.


En 15 aperturas ese año, promedió 5 ⅔ innings de durabilidad, limitando a sus 456 oponentes a una pobre línea de .225/.324/.315. Para Pepe, las 15 aperturas no solo marcaron una oportunidad de dar muestras de consagración: también significaban dos más que las 13 acumuladas en sus cinco años anteriores con los Toros. Era, en el mejor momento de su carrera, el reto esperado para exhibir un adelanto de todas las batallas que podría dominar con una dosis de experiencia y talento.


Hace casi siete años, esa era la historia más interesante que comenzaba a protagonizar Pepe cuando emergió entre los lanzadores más seguros y talentosos de Serie Nacional. Sin embargo, lamentablemente, un suceso inesperado, ese tipo de pesadillas que suele ser más fatídica que el peor de los innings para un lanzador, frenó las expectativas y sueños de José Ramón Rodríguez: una lesión que le impedía lanzar.


El 19 noviembre de 2018, Pepe sólo tenía una esperanza: confiar en que la cirugía de Tommy John y su enfoque total en la siguiente etapa a vencer, lo ayudarían a recuperarse de su lesión en el codo de su brazo derecho. Durante todo el proceso de fortalecimiento y preparación, Pepe contó con el apoyo del avezado entrenador de pitcheo, José Manuel Cortina, todo un especialista en la exigente tarea de rehabilitar brazos. Pepe Rodríguez, sin temor a equivocarme, contaba con el gurú de la materia, así que debía trabajar duro para lograr su regreso.


Oficialmente, volvió al montículo con los Toros de Camagüey en la pasada 60 Serie Nacional, y su impacto fue inmediato: admitió sólo 96 OPS+ de sus rivales, un alto indicador de nivel de dominio en situaciones de juego que hacía casi dos años no enfrentaba. Su mezcla de pitcheos poco a poco comenzaba a reivindicarse, al igual que su comando. Pepe registró 3.9 K/9, 2.9 BB/9 y admitió un jonrón cada 24.8 elevados bateados por sus 253 oponentes.


Después de un largo proceso donde su preparación física también requirió un alto nivel de fortalecimiento psicológico, José Ramón Rodríguez sólo quería lanzar. Regresar. Subir a la lomita y esforzarse por contribuir a cada éxito de los Toros. Y entonces llegó la 61 Serie Nacional, una temporada que, tras su esperado regreso, ha marcado el renacimiento en su carrera. Aunque los Toros de Camagüey no clasificaron a la postemporada, Pepe entregó alma y vida en el montículo: ganó 11 de sus 14 decisiones, con tres juegos completos, par de blanqueadas y salvó uno de sus dos relevos.


Tras el desgastante recorrido de 101 ⅓ innings—lo equivalente a buscar la exquisitez extrema bajo los imponentes rayos de sol día tras día—, rubricó una heroica efectividad de 3.64 y, algo realmente absurdo: su fino comando derivó en una respetable tasa de 2.1 bases por bolas por cada nueve innings.


Sí, esa tasa de BB/9 ante 436 rivales marcó una hazaña en este siglo para lanzadores camagüeyanos, escuche usted, sobresaliendo como la más baja durante los últimos 17 años entre pitchers con al menos 100 entradas lanzadas. De 3.9 K/9 en la primera versión de su regreso, Pepe elevó su tasa de ponches a 6.8 y, como ya sabes, redujo la tasa de boletos de 2.9 a 2.1.


Esa excelencia, si de pitcheo se trata, es aún más admirable cuando recordamos que José Ramón Rodríguez no ha dejado de batallar ante los desafíos de regresar al montículo